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Susan Mallery

Rozados por el Peligro

Rozados por el Peligro

Titulo Original: To Love and Protect (2004)

Serie Multiautor: 1? El Legado de los Logan

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El Legado de Los Logan

Porque el derecho de nacimiento tiene sus privilegios, y los lazos de familia son muy fuertes.

David Logan: aunque no podian estar juntos, David nunca olvido a Elizabeth y las intensas emociones que le habia provocado hacia tanto tiempo. Cinco anos despues, mientras cumplia su mision en Rusia, volvio a verla, y su corazon se detuvo. En aquella ocasion, Elizabeth necesitaba su ayuda, ?y el no estaba dispuesto a permitir que desapareciera de nuevo!

Elizabeth Duncan: haria cualquier cosa por proteger a su hija, incluso conseguir la ayuda de un antiguo amante, un agente especial que le ha-bia roto el corazon anos atras. Aunque no queria admitir todo lo que David habia significado para ella, le estaba agradecida… y se sentia mas atraida que nunca hacia el. ?Debia permitirse albergar la esperanza de que los tres formaran una familia?

En Portland se avecinan tiempos dificiles. Entre bastidores, una persona turbulenta mueve los hilos y crea situaciones de peligro que nadie se habria imaginado…

Capitulo 1

– Necesito un hombre con unas buenas manos -murmuro Liz Duncan y despues, miro a la preciosa modelo rubia que habia contratado aquella tarde.

– Eso es lo que necesitamos todas -dijo Marguerite, mientras se acomodaba con cuidado al bebe en los brazos. Despues se echo hacia atras la melena, por encima del hombro-. Por eso han escrito una cancion sobre eso.

Liz ladeo la cabeza. Habia algo en aquella escena que no concordaba. La proporcion, quiza. Si fuera un hombre quien sostuviera al bebe, la imagen seria mucho mas poderosa y evocadora. Los dedos de Marguerite eran demasiado delicados y las palmas de sus manos, demasiado estrechas.

– ?Una cancion sobre que? -le pregunto Liz, distraidamente.

– Sobre unas buenas manos. Si vas a buscarte un hombre, consiguete uno bueno. Asegurate de que sabe lo que hace.

Liz miro a la adolescente. Era una muchacha alta y delgada.

– Estoy hablando de trabajo.

– Yo no.

– Tu nunca lo haces -dijo Liz, mientras continuaba observando el boceto. Despues, sacudio la cabeza-.Ya puedes dejarla en el cochecito. Hemos terminado.

– Claro, jefa -respondio la muchacha. Con cuidado, poso al bebe dormido en el cochecito y le acaricio delicadamente la mejilla-. Gracias por el buen rato, pequenina -dijo. Despues, miro a Liz-. ?De verdad has terminado conmigo?

– Si. No te preocupes, le explicare a la persona de contacto de la agencia que he cambiado de opinion con respecto al encargo y que no ha sido porque tu no funcionaras.

– Te lo agradezco.

Marguerite recogio el bolso y salio de la habitacion. Liz se acerco al cochecito y se quedo mirando fijamente a la nina. Los diminutos rasgos del bebe la conmovieron.

– No me importaria llevarte a casa conmigo, preciosa -murmuro-. Que pena que esto solo sea trabajo.

Despues de llevar al bebe a la guarderia, Liz se paseo por los pasillos de Children's Connection, la organizacion sin animo de lucro de fertilidad y adopcion que la habia contratado para que les hiciera un nuevo folleto. Ella habia ido a la caza de hombres mas veces, pero nunca en relacion a su trabajo.

– Deberian pagarme un extra por peligrosidad laboral -murmuro mientras doblaba una esquina y comenzaba a mirar por las oficinas.

Habia nueve mujeres, tres hombres de mas de cincuenta anos y un chico fornido que no tenia mas de treinta. Pero no habia ningun individuo fuerte y masculino con unas manos maravillosas. La vision de Liz para el folleto estaba clara: la imagen de alguien sosteniendo a un bebe. Al principio, habia pensado que aquel alguien fuera una mujer, pero habia cambiado de opinion.

Se dirigio hacia la salida. Quiza el Hospital General de Portland, que era el edificio contiguo, pudiera ser una fuente mejor. Si tenia suerte, encontraria a un medico o algun residente que se apiadara de ella y el bebe siguiera durmiendo apaciblemente. Si pudiera…

Un hombre llego a la puerta principal al mismo tiempo que ella. El abrio la puerta y espero cortesmente a que Liz pasara primero. Liz se detuvo en seco al ver sus manos. Tenia los dedos fuertes y las palmas anchas. Aquellas manos tenian aspecto de ser algo mas que habiles: transmitian confianza. Ella las veia acunando al bebe, dandole refugio y seguridad. Eran el lugar de descanso perfecto para un nino cansado y confiado.

– ?Has cambiado de opinion? -pregunto el hombre.

– ?Eh? -Liz lo miro, parpadeando y entonces se dio cuenta de que el hombre continuaba sujetando la puerta para que ella pasara. ?Se estaba marchando?

– ?Espera! No puedes irte -sin pensarlo, lo agarro por la manga de la chaqueta-. ?Te marchas? ?No podrias esperar unos minutos? Bueno, en realidad seria casi una hora, pero no mas. El bebe se despertara despues. Pero tengo una hora, si tu puedes.

Mientras hablaba, alzo la mirada desde las manos del hombre hasta su rostro. Era joven; tendria unos veinticinco anos. Guapo. Seguro de si mismo. Interesante. La estaba mirando fijamente. Tenia los ojos marrones y sus labios, sensuales y firmes, estaban ligeramente curvados en las comisuras.

– ?Que? -le pregunto Liz, consciente de que era posible que lo que habia dicho no tuviera mucho sentido.

– Me estoy debatiendo entre trastornada y encantadora -respondio el.

Ella le solto la manga.

– Te sugiero encantadora. Es mas halagador y exacto. De vez en cuando soy muy temperamental, pero casi nunca loca. Deberias hacerme caso.

– Esta bien -respondio el. Solto la puerta y dio un paso atras.

Mientras el se metia las manos en los bolsillos delanteros del pantalon vaquero, Liz se dio cuenta de que entre ellos estaba chisporroteando una sutil tension. Sin embargo, aquello no le sorprendio. Los hombres morenos con los hombros anchos eran su tipo.

– Elizabeth Duncan -dijo ella y le tendio la mano-. Liz. Soy ilustradora comercial. Children's Connection me ha contratado para que haga el trabajo artistico de su nuevo folleto. Si mi diseno les gusta, lo usaran tambien para el membrete de las cartas y el material publicitario.

– David Logan -respondio el y su mano envolvio la de Liz-. Hago unos garabatos que te pondrian verde de envidia.

Ella se rio, pero supo que no podia permitir que la distrajeran su sonrisa ligeramente picara y la manera en que el calor de sus dedos hacia que quisiera ronronear. Tenia un horario y no solo por los plazos de entrega de su trabajo, sino porque el otro modelo, la pequena, no iba a estar dormida para siempre.

– Bueno, pues el asunto es el siguiente -dijo-: Han aprobado mi idea para el folleto, que es la imagen de una mujer con un bebe dormido en brazos. El dibujo se centra en el bebe, asi que solo se veran las manos y los antebrazos. Sin embargo, cuando comence a hacer el bosquejo… algo no encajaba -le explico, intentando parecer

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