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Susan Mallery

Simplemente perfecto

Amor en Fool's Gold,3 – Las hermanas Keyes, 4

Titulo original: Finding perfect

Traducido por: Esther Mendia Picazo

A Jenel;

igual que Pia, eres organizada, entregada y encantadora.

Fool’s Gold estaria perdido sin ella

y yo estaria perdida sin ti.

Mil gracias por todo lo que haces

Capitulo 1

– ?Como que me ha dejado los embriones? Se supone que yo me quedo con el gato -Pia O’Brian se detuvo lo suficiente como para llevarse la mano al pecho. El impacto de oir los detalles del testamento de Crystal habia sido suficiente como para detener el mas fuerte de los corazones y el de Pia estaba danado por la perdida de su amiga.

Se sintio aliviada al ver que su corazon aun latia, aunque la velocidad a la que bombeaba era de lo mas desconcertante.

– Es el gato -repitio, hablando lo mas claramente posible para que la bien vestida abogada que tenia sentada en frente la comprendiera-. Se llama Jake. No soy una persona que le gusten los animales, pero hemos hecho las paces. Creo que le caigo bien, aunque cuesta saberlo porque es muy reservado. Supongo que igual que la mayoria de los gatos.

Pia penso en llevar al gato para que la abogada lo viera con sus propios ojos, pero no estaba segura de que eso fuera a servir de algo.

– Crystal jamas me dejaria a sus bebes -anadio con un susurro, principalmente porque era verdad. Ella no habia tenido instinto maternal en toda su vida. Ocuparse del gato ya habia sido un gran paso para ella.

– Senorita O’Brian -dijo la abogada con una breve sonrisa-, Crystal fue muy clara en su testamento. Ella y yo hablamos en varias ocasiones durante el avance de su enfermedad. Queria que usted se quedara con sus embriones. Solo usted.

– Pero yo… -Pia trago saliva.

Embriones. En alguna parte de un laboratorio habria tubos de ensayo congelados u otros contenedores y dentro de ellos se encontrarian esos potenciales bebes que su amiga tanto habia anhelado.

– Se que es un impacto -dijo la abogada, una elegante mujer de unos cuarenta anos ataviada con un traje de chaqueta-. Crystal dudaba si decirle o no lo que habia hecho. Al parecer, decidio no decirselo antes de tiempo.

– Probablemente porque sabia que intentaria convencerla de lo contrario -murmuro Pia.

– Por ahora, no tiene que hacer nada. Las tarifas de conservacion estan pagadas durante los proximos tres anos. Hay algunos documentos que rellenar, pero podemos ocupamos de ello mas adelante.

Pia asintio.

– Gracias -dijo y se levanto. Una breve mirada a su reloj le dijo que iba a tener que darse prisa o llegaria tarde a su cita de las diez y media en la oficina.

– Crystal la eligio por una razon -dijo la abogada mientras Pia caminaba hacia la puerta.

Pia le lanzo a la mujer una tensa sonrisa y fue hacia las escaleras. Unos segundos despues, ya estaba fuera, respirando hondo y preguntandose cuando dejaria de girar el mundo.

Eso no podia estar pasando, se dijo cuando echo a andar. No podia ser. ?En que habia estado pensando Crystal? Habia docenas de otras mujeres a las que podia haberles dejado los embriones. Cientos, probablemente. Mujeres a las que se les daban bien los ninos, que sabian cocinar, reconfortarlos y tomarles la temperatura con el dorso de la mano.

Ella ni siquiera podia mantener viva una planta y se le daba fatal dar abrazos, tanto que su ultimo novio se habia quejado de que ella siempre era la que se separaba primero. Probablemente porque el hecho de que la abrazaran demasiado rato hacia que se sintiera atrapada, y esa no era exactamente una buena cualidad para una madre potencial.

Su estomago estaba cada vez mas agitado. ?En que habia estado pensando Crystal y por que? ?Por que ella? Eso era lo que no podia entender. ?Como habia podido su amiga tomar una decision asi sin ni siquiera mencionarselo!

Fool’s Gold era la clase de lugar donde todo el mundo conocia a todo el mundo y era dificil guardar secretos, pero al parecer, Crystal habia logrado romper con las convenciones y guardarse una gran cantidad de informacion.

Pia llego a su oficina. La primera planta del edificio albergaba varios negocios de ventas al por menor: una tienda de tarjetas, una tienda de regalos y pasteleria donde vendian los mejores dulces y Libros Morgan. Su oficina estaba arriba.

Al llegar al segundo piso, vio a un hombre alto de pie junto a la puerta de su despacho.

– Hola -dijo ella-. Siento llegar tarde.

El hombre se giro.

Habia una ventana detras de el, asi que no pudo verle la cara, pero sabia las citas que tenia por la manana y el nombre del hombre al que tenia que ver. Raul Moreno era alto y tenia unos hombros enormes. A pesar del inusual frio dia de septiembre, no se habia molestado en ponerse una chaqueta. Por el contrario, llevaba unicamente una camiseta con el cuello en V y unos vaqueros oscuros.

«Menudo hombre», penso sin darse cuenta. Y tenia sentido. Raul Moreno era un exjugador de futbol americano, habia jugado con los Cowboys de Dallas. Despues de diez anos, se habia retirado cuando estaba en lo mas alto y habia desaparecido de la vida publica. El ano anterior, habia aparecido en Fool’s Gold para participar en un torneo de golf benefico. Por razones que no lograba entender, el se habia quedado alli.

Segun se acercaba, pudo ver esos grandes ojos oscuros y ese hermoso rostro. Tenia una cicatriz en la mejilla, probablemente por haber protegido a una anciana durante un asalto callejero. Tenia reputacion de ser un tipo simpatico y ella tenia la regla de no confiar jamas en la gente simpatica.

– Senorita O’Brian -comenzo a decir el-. Gracias por recibirme.

Ella abrio la puerta del despacho y le indico que entrara.

– Pia, por favor. Ya me van acechando mis anos de «senorita O’Brian», pero aun no estoy preparada para que se dirijan a mi de ese modo.

El era tan guapo que bien podia haberla distraido. Bajo otras circunstancias, probablemente habria sucedido, pero en ese momento estaba demasiado ocupada preguntandose si los tratamientos de quimio le habrian danado el cerebro a Crystal. Su amiga siempre habia parecido muy racional, pero estaba claro que eso no habia sido mas que una fachada.

Pia le indico a Raul que se sentara frente a su escritorio y colgo su chaqueta en el perchero.

Su despacho era pequeno, pero funcional. Tenia una habitacion principal de buen tamano con un calendario de los ultimos tres anos que cubria la mayor parte de una pared.

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