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Bertrice Small

Philippa

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3° de la Serie Friarsgate

Rosamund (2004)

PROLOGO

Primavera de 1519.

– No puedo casarme contigo -le dijo Giles FitzHugh sin rodeos a Philippa Meredith, que se quedo boquiabierta.

Corria el mes de mayo y la corte se habia trasladado a Greenwich. Los arboles estaban cubiertos de hojas y el perfume de las primeras flores era embriagador. Mas alla de los jardines reales, el rio Tamesis fluia suavemente hacia el mar como una cinta de seda que ondeaba bajo el sol primaveral. Era un lugar para el romance, no para el desprecio.

Philippa penso que su corazon se habia detenido. Pero no, todavia seguia latiendo. Cerro la boca y trato de entender lo que el acababa de decirle.

– ?Te has enamorado de otra mujer?

– No.

– ??Entonces por que me dices esto?! Nuestras familias han planeado la boda durante anos, Giles. Acabo de cumplir los quince, ya estoy lista para ser tu esposa.

– Philippa, nunca existio un compromiso formal entre nosotros -respondio con calma-. Tu propia madre lo prefirio asi, querida mia. -A los diecinueve anos, Giles FitzHugh era alto y corpulento. Al igual que su hermano mayor, habia heredado el cabello color arena de su padre y los ojos azules de su madre.

– Pero todos estaban seguros de que algun dia nos casariamos -insistio, desconcertada ante el comportamiento poco gentil de Giles. ?Debia enojarse con el? Por supuesto, y mucho-. Entonces, si no hay otra mujer, ?que es lo que te aleja de mi?

– Dios -respondio con devocion mientras se persignaba.

– ?Que? -creyo haber escuchado mal, ahora si estaba absolutamente confundida. ?Era el mismo Giles FitzHugh que se escapaba de misa cada vez que podia cuando era el paje del rey, que casi siempre lograba evitar los castigos ofreciendo las mas inverosimiles excusas para justificar sus ausencias? La muchacha solto una risotada y dijo:

– Bromeas, no hay duda.

Giles sacudio la cabeza.

– Quiero tomar los habitos, Philippa. Voy a ser sacerdote. Estudie en Roma con el primo del rey, Reginald Pole. Cuando llegue, no era esa mi intencion, pero de pronto senti el llamado divino. No tengo mas explicaciones que dar. Es lo que deseo, querida mia, mucho mas que casarme con cualquier mujer.

– ?Cuanto tiempo hace que lo sabes? -inquirio Philippa, aun incredula. Era ridiculo. Completamente absurdo. ?Giles? ?Su Giles, convertido en sacerdote? ?Imposible!

– Mi dulce Philippa, fui a estudiar a Europa; primero a Paris y luego a Roma. Queria dedicarme a la literatura y a la historia. Queria estudiar, beber y frecuentar burdeles como todos los jovenes. Y eso hice en Paris -confeso riendo con picardia. Philippa recordo al viejo Giles, a aquel muchacho de quien se habia enamorado hacia ya tanto tiempo, y sintio un fuerte dolor en el pecho-. Pero luego fui a Roma y algo me ocurrio en la antigua ciudad.

– ?Que sucedio, Giles? Dime que te paso en Roma.

– Todo comenzo con la ciudad misma, tan vieja, tan sagrada. Las voces de los coros de las iglesias flotan en el aire. La luz es dorada y el aire que respiras te purifica. Roma es tan bella que hiere el corazon, Philippa. No se como me di cuenta, pero de pronto comprendi que estaba destinado a permanecer alli para servir a Dios con todo mi ser. Entonces, abandone la vida frivola y me dedique por completo a mi nueva vocacion. Dios elige a sus servidores, querida. Solo regrese para comunicarte en persona mi decision y para recibir la bendicion de mis padres. Se sorprendieron tanto como tu, pero me entendieron. De hecho, al comprobar mi genuina devocion por la Santa Madre Iglesia, se sintieron felices.

– Bueno, yo no lo entiendo -dijo bruscamente Philippa, exteriorizando toda su furia-. ?Como puedes preferir una vida de celibato, de arduo trabajo en una iglesia miserable o rodeado de libros en un lugar polvoriento, a casarte conmigo? ?Como se te ocurre rechazar a una heredera como yo? ?Tu ni siquiera eres primogenito, Giles! Nuestro matrimonio tambien era muy ventajoso para nuestras familias. Tu hubieses poseido Friarsgate y yo, a cambio, hubiese sido condesa. Te he amado desde los diez anos, ?y ahora me dices que no me amas? -Las lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

– No comprendes, Philippa, si te aprecio. Eras la nina mas encantadora del mundo y te has convertido en una bellisima joven. Pero no te amo como un marido debe amar a su esposa. Amo mas a Dios. Cuando viniste por primera vez a la corte, no tuvimos oportunidad de conocernos bien. Al poco tiempo, partiste a Friarsgate y cuando regresaste a palacio para servir a la reina, yo ya me habia ido hacia el extranjero. Tu no me amas en realidad. Estas enamorada de un sueno, de una fantasia que inventaste. Lo superaras muy pronto, te lo aseguro.

– Te amare hasta la muerte. No puedo creer que no me ames. Que elijas la vida clerical en lugar de una esposa y tierras propias. ?Es absurdo!

– Philippa, no quiero tus tierras. Estan situadas demasiado al norte para mi. Antes de venir a la corte creci en el sur, en la frontera entre Gales e Inglaterra. No hubiese soportado el inhospito clima de tu region ni vivir tan alejado de mi familia.

– ?Acaso no te sentiras triste en Roma? Estaras mucho mas alejado de tu familia que en Cumbria. No podras ver a los tuyos a menos que vuelvas a Inglaterra. -La joven se seco las lagrimas de su bonito rostro.

Giles sonrio con gentileza.

– Me ordenare sacerdote en cuanto regrese a Roma. Me prometieron un puesto en el Vaticano al servicio del mismisimo Santo Padre. Al parecer mi talento para las finanzas sera de utilidad para la Iglesia. Pero, dondequiera que me envien, siempre me sentire en casa y contento mientras este al servicio de Dios. -Tomo la mano de la joven y la beso-. ?No me deseas buena suerte, Philippa? -Sus ojos azules la observaban con calma. No expresaban ningun sentimiento hacia ella; quizas, un poco de lastima.

Ofendida, Philippa retiro la mano y lo abofeteo con todas sus fuerzas.

– No, Giles, no te deseare suerte. Has arruinado mi vida. ?Te odio! Nunca te perdonare.

– Te ruego que trates de comprender -insistio el, frotandose la delicada mejilla.

– ?No! ?No entiendes lo que me has hecho? Vine a la corte a servir a la reina con la idea de que algun dia nos casariamos. Ahora te rehusas. ?Como te atreves a hacerme esto? Tengo quince anos y estoy lista para casarme. ?Que clase de esposo conseguire, despues de haber sido repudiada por un hombre que prefiere a Dios antes que a una mujer de carne y hueso? Sere el hazmerreir de la corte. Todas las bromas maliciosas recaeran en mi hasta que otro tonto caiga en desgracia y sea el nuevo objeto de las burlas palaciegas, y solo Dios sabe cuando ocurrira eso. Si supiste que tu vocacion era servir a Dios ya en Roma, ?por que entonces no le escribiste a tu padre de inmediato? Asi, mi madre habria salido a buscar otro buen partido. ?Tienes idea de cuan dificil es encontrar la pareja apropiada entre familias como las nuestras? Ni tu ni yo portamos un gran apellido, Giles. Has actuado de una manera horriblemente egoista. No, no lo entiendo, ni te deseare buena suerte en tu nueva vida. No soy una santa, Giles FitzHugh, aunque es obvio que tu si aspiras a serlo.

Giles hincho el pecho con orgullo y repitio con firmeza;

– Siento mucho ser el causante de tu infelicidad, Philippa. Sin embargo, te perdono por la inmadurez de tus

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