– Oh, estoy de acuerdo. Y creeme, pienso tirar el manto de Senorita Aburrida y convertirme en una soltera despreocupada. Voy a dejar que la Riley que ha estado enterrada estos ultimos cinco anos despliegue las alas y vuele. Estoy aburrida de tener veintiocho anos y comportarme como si tuviera ciento ocho. ?Y que mejor momento para ello que hoy? Los viernes siempre son dias estupendos para empezar de cero…
– Y este fin de semana es perfecto -convino Gloria-. Esta noche vamos al partido de beisbol y manana nos divertiremos mucho trabajando en la Gala de la Feria Infantil para recaudar fondos… las dos son oportunidades perfectas para estudiar los talentos masculinos disponibles. Y luego esta la cena que va a celebrar Marcus Thornton el domingo en su casa del lago… aunque ahi no hay potencial alguno, ya que todos seran companeros de trabajo, pero nos divertiremos.
Riley bebio un sorbo de cafe y asintio. El partido de los Braves esa noche. Como gran aficionada al beisbol, tenia ganas de verlo, y tambien le apetecia ir a la casa del presidente el domingo por la noche. Aparte de que al dia siguiente estaba la feria anual que organizaba Prestige para recaudar fondos para los ninos necesitados, un acontecimiento importante que ya llevaba veintitres anos celebrandose por iniciativa del fundador de Prestige, Marcus Thornton, y en el que muchos de los empleados de la empresa trabajaban como voluntarios. El del ano anterior habia recaudado cuatrocientos mil dolares.
– Tengo ganas de que llegue la feria -Riley sonrio-. Hay todo tipo de oportunidades de conocer a hombres solteros, y mas este ano, que voy a ocupar la tienda de la adivina. Nunca se sabe quien puede presentarse para que le lea el porvenir.
– Eres afortunada. A mi me ha tocado el puesto de algodon de azucar, asi que solo vere a ninos. A la primera oportunidad que me surja, me presentare en tu tienda. Quiero saber si debo esperar al Principe Encantado… o la manzana envenenada.
Riley se llevo los dedos a las sienes y cerro los ojos.
– Solo veo cosas buenas en tu futuro. Tartas de queso que no forman celulitis. Helados y brownies sin calorias. Zapatos nuevos fabulosos.
– Mmm. Todo bueno. Pero, ?que me dices del sexo? -pregunto Gloria sin poder contener un tono de esperanza-. ?Ves algo de sexo en el horizonte?
Riley abrio los ojos y adopto una voz seria.
– Madame Que Todo Lo Ve visualiza mucho para usted. Pero para averiguarlo tendra que esperar y visitar manana mi tienda -le guino un ojo-. Y pagar los cinco pavos como todos los demas.
– Hablo la voz de la contable. ?Y que predice para si misma Madame Que Todo Lo Ve?
Riley volvio a llevarse los dedos a las sienes.
– Mmm, veo un… renacimiento. Veo que la cautela y el conservadurismo son desterrados. La llegada del atrevimiento y la audacia. Veo… sexo. Si, mucho sexo ardiente y sudoroso con un hombre guapo que no empleara las palabras «aburrida y sosa».
– ?Eh… esa es la lectura que queria yo! Exijo una devolucion del importe pagada.
– Aun no has pagado.
– Oh, bueno, cuando lo haga, quiero una lectura como la tuya. No he tenido una cita en casi un mes.
Riley no senalo su estadistica todavia mas deprimente… hacia tres meses que no habia tenido una cita. Alzo el menton con aire de determinacion.
– He esperado mucho tiempo para recuperar mi vida, y estoy dispuesta a asumir mi espiritu divertido y aventurero. De hecho, me siento como una carga de dinamita a punto de estallar. Lo unico que necesito es encontrar al hombre adecuado que encienda la mecha -alzo la taza de cafe en gesto de saludo-. Por un comienzo nuevo. Por nosotras dos… las solteras. Llenas de aventura, osadia y diversion. Fuera el aburrimiento.
– Y el abatimiento -convino Gloria, alzando su propia taza.
Sintiendose mas libre que en mucho tiempo, Riley sonrio.
Capitulo 1
Jackson atraveso despacio el Piedmont Park de Atlanta, disfrutando de las vistas y los sonidos de la feria Infantil organizaba por Prestige. Globos de colores, los chillidos entusiasmados de los ninos que arrastraban a sus padres hacia los puestos de los juegos, el giro del tiovivo, la montana rusa, la noria, los aromas tentadores que flotaban en el aire procedentes de los puestos de comida… era una operacion enorme, y a juzgar por la multitud asistente, de mucho exito. Experimento cierto orgullo por trabajar en una empresa tan comprometida con la comunidad y con la idea de ayudar a los ninos, y le alegro haber aceptado la invitacion de Marcus Thornton de pasar unos dias en Atlanta. En cualquier caso, no habria rechazado nunca una invitacion del presidente de la compania… pero ese fin de semana parecia el momento perfecto.
Despues de terminarse el ultimo bocado de una deliciosa tarta, se limpio, el azucar de los dedos y continuo su paseo por el lugar. Habia muchas familias con ninos. Muchas parejas de la mano, riendo, jugando. Poso la vista en una que le recordo vagamente a Shelley y a Dave. Su hermana y su cunado llevaban cinco anos de matrimonio increiblemente feliz, algo que habia podido corroborar la noche anterior en la fiesta de cumpleanos dada por Shelley. Verlos juntos lo habia llenado de una extrana y melancolica sensacion que no habia podido definir. Era feliz por ellos, pero, al mismo tiempo, envidiaba esa felicidad que a el le gustaria experimentar.
Y era obvio que Shelley tambien queria que experimentara esa felicidad, porque habia invitado no una ni a dos, sino a tres companeras de trabajo solteras, por no mencionar a la hija de su vecina. Las cuatro mujeres eran atractivas y agradables. Pero ninguna le habia interesado lo suficiente como para querer volver a verla.
Maldijo para sus adentros. Necesitaba salir de esa situacion. Ya habia superado la ruptura del ano anterior con Kimberly, pero, a pesar de ello, ninguna de las mujeres que habia conocido desde entonces, lo habia entusiasmado. Con las que se habia acostado, solo lo habian satisfecho fisicamente. ?Y por que demonios eso no era suficiente? Antes solia serlo… pero ya no. Ninguna de las mujeres habia inspirado esa chispa que compartian Shelley y Dave. Que compartian sus padres. Y era eso lo que queria.
Pero estaba harto de ser el tipo al que todos querian arreglarle la vida sentimental. Era un soltero joven y bien situado y ya era hora de empezar a divertirse otra vez. Si, su profesion recibia la maxima prioridad en su vida, pero no significaba que debiera ser la unica prioridad. Desde luego, no iba a encontrara una mujer que provocaba chispas si vivia como un monje.
Despues de que Kimberly rompiera su compromiso, por una cuestion de orgullo, se habia obligado a volver al mundo de las citas, pero no lo disfrutaba. Demasiados juegos y decepciones. La entrega a su trabajo no le dejaba mucho tiempo para la vida social, pero ya empezaba a hartarse de estar… bueno, solo. Sin embargo, conocer a alguien que despertara su interes, empezaba a resultar un desafio intimidador.
Y como no empezara a salir en serio en breve tiempo, su madre y Shelley cumplirian la amenaza de recurrir a la guia telefonica de Manhattan para conseguirle a alguien.
Desde luego, parte del motivo que habia detras de los esfuerzos de todo el mundo era la boda inminente de su hermano Mark. No sabia por que una boda siempre tenia que engendrar otra. En cuanto su hermano anuncio que iba a casarse, Shelley y su madre habian lanzado las redes sobre el. Brian, su otro hermano de veintitres anos, ya le habia ofrecido un mes de sueldo para que permaneciera soltero con el fin de «quitarme a mama y a Shelley de encima».
Ya se preocuparia de eso al llegar a Nueva York. Habia planeado quedarse en Atlanta hasta el lunes con el fin de conocer a parte del personal de Atlanta… entre ellos a Riley Addison.
Contuvo el grunido que quiso escapar de su garganta. Esa mujer ni siquiera se habia molestado en responder al correo que le habia mandado acerca del incremento de presupuesto, lo cual lo irritaba, aunque tampoco representaba una sorpresa, Era bien consciente de que los departamentos de marketing y de contabilidad siempre mantenian enfrentamientos en todas las corporaciones… marketing queria gastar y contabilidad ahorrar. Sin embargo, jamas habia conocido a una mujer tan tacana, por no decir irritante, brusca o autoritaria como Riley Addison.
Al ser el «nuevo» ejecutivo contratado de fuera, habia esperado enfrentarse con cierto resentimiento y hostilidad, y el primer correo seco de la senorita Addison le habia dejado bien claro que su relacion no seria un camino de rosas. Perfecto. En su implacable ascension hasta la cima, estaba acostumbrado a eso. Pero en el primer correo que habia recibido de ella, le habia pedido una explicacion escrita de una cena de 743,82 dolares
