RAMPIN.- ?Mas ramo quereis que Trigo, que lo dira por cuantas casas de senores hay en Roma?
LOZANA.- Pues veis ahi, a vos quiero yo que seais mi celosia, que yo no tengo de ponerme a la ventana, sino cuando mucho asomare las manos. ?Oh, que lindas son aquellas dos mujeres! Por mi vida, que son como matronas; no he visto en mi vida cosa mas honrada ni mas honesta.
RAMPIN.- Son romanas principales.
LOZANA.- Pues ?como van tan solas?
RAMPIN.- Porque asi lo usan. Cuando van ellas fuera, unas a otras se acompanan, salvo cuando va una sola, que lleva una sierva, mas no hombres, ni mas mujeres, aunque sea la mejor de Roma. Y mira que van sesgas; y aunque vean a uno que conozcan, no le hablan en la calle, sino que se apartan de ellos y callan, y ellas no abajan cabeza ni hacen mudanza, aunque sea su padre ni su marido.
LOZANA.- ?Oh, que lindas son! Pasan a cuantas naciones yo he visto, y aun a Violante la hermosa, en Cordoba.
RAMPIN.- Por eso dicen: «Vulto romano y cuerpo senes andar florentin y parlar bolones».
LOZANA.- ?Por mi vida, que en esto tienen razon! Eso otro mirare despues. Verdad es que las senesas son gentiles de cuerpo, porque las he visto que sus cuerpos parecen torres iguales. Mira alla cual viene aquella vieja cargada de cuentas y mas barbas que el Cid Ruy Diaz.
VIEJA.- ?Ay, mi alma, parece que os he visto y no se donde! ?Por que habeis mudado vestidos? No me recordaba. ?Ya, ya! Decime, ?y os habeis hecho puta? ?Amarga de vos, que no lo podeis sufrir, que es gran trabajo!
LOZANA.- ?Mira que vieja raposa! ?Por vuestro mal sacais el ajeno: puta vieja, cimitarra, piltrofera, soislo vos desde que naciste, y pesaos porque no podeis! ?Nunca yo medre si vos decis todas esas cuentas!
VIEJA.- No lo digais, hija, que cada dia las paso siete y siete, con su gloria al cabo.
LOZANA.- Asi lo creo yo, que vos bebedardos sois. ?Por que no estais a servir a cualque hombre de bien, y no andareis de casa en casa?
VIEJA.- Hija, yo no querria servir donde hay mujer, que son terribles de comportar; quieren que hileis para ellas y que las acompaneis. Y «haz: aqui y toma alli, y esto no esta bueno». Y «?que haceis con los mozos?» «?Come presto y veni aca!» «?Enjabona y mira no gasteis mucho jabon!» «?Jabona estos perricos!» Y aunque jaboneis como una perla, mal agradecido, y nada no esta bien, y no miran si el hombre se vio en honra y tuvo quien la sirviese, sino que bien dijo quien dijo que «no hay cosa tan incomportable ni tan fuerte como la mujer rica». Ya cuando servis en casa de un hombre de bien, contento el y el canavario, contento todo el mundo. Y todos os dicen: «Ama, hilais para vos». Podeis ir a estaciones y a ver vuestros conocientes, que nadie no os dira nada, y si tornais tarde, los mozos mismos os encubren, y tal casa de senor hay que os quedais vos dona y senora. Y por eso me voy ahora a buscar si hallase alguno, que le tendria limpio como un oro, y miraria por su casa, y no querria sino que me tomase a salario, porque a discrecion no hay quien la tenga, por mis pecados. Y mira, aunque soy vieja, so para revolver una casa.
LOZANA.- Yo lo creo, y aun una ciudad, aunque fuese el Caire o Millan.
VIEJA.- ?Esta casa habeis tomado? Sea en buen punto con salud. Mal ojo tiene: moza para Roma y vieja a Benavente. Alla la espero.
TRIGO.- Subi, senora, en casa vuestra. Veisla aderezada y pagada por seis meses.
LOZANA.- Eso no quisiera yo, que ya no me puede ir bien en esta casa, que aquella puta vieja, santiguadera, se desperezo a la puerta y dijo «afan, mal afan venga por ella». Y yo, por dar una coz a un perro que estaba alli, no mire y meti el pie izquierdo delante, y mira que nublo torno en entrando.
JODIO.- No cureis, que Aben-Ruiz y Aben-Rey seran en Israel. Y por vuestra vida y de quien bien os quiere, porque soy yo el uno, que ire y enviare quien pague la casa y la cena. Y vos, pariente, aparejame esos dientes. No os desnudeis, sino estaos asi, salvo el pano listado, que no lo rompais; y si alguno viniere, hace vos como la de Castaneda, que «el molino andando gana».
Mamotreto XIX
Como, despues de ido Trigo, vino un maestresala a estar la siesta con ella, y despues un macero, y el valijero de Su Senoria
LOZANA.- Por mi vida que me meo toda, antes que venga nadie.
RAMPIN.- Hace presto que ?veis? alli uno viene que yo lo conozco.
LOZANA.- ?Y quien es?
RAMPIN.- Un maestresala de secreto, hombre de bien. Vuestros cinco julios no os pueden faltar.
MAESTRESALA.- Deci, mancebo, ?esta aqui una senora que es venida ahora poco ha?
RAMPIN.- Senor, si, mas esta ocupada.
MAESTRESALA.- Decidla que Trigo me mando que viniese a hablarla.
RAMPIN.- Senor, esta en el lecho, que viene cansada; si quereis esperar, ella le hablara desde aqui.
MAESTRESALA.- ?Anda! ?Veola yo la mano y esta en el lecho? ?Pues ahi la querria yo! Deci que no la quite, que de oro es, y aun mas preciosa. ?Oh, pese a tal con la puta, y que linda debe de ser! Si me ha entendido aquel harbadanzas, ducado le dare. ?Que dice esa senora? ?Quiere que muera aqui?
RAMPIN.- Luego, senor.
MAESTRESALA.- Pues veni vos abajo, mira que os digo.
RAMPIN.- ?Que es lo que manda vuestra merced?
MAESTRESALA.- Toma, veis ahi para vos, y solicita que me abra.
RAMPIN.- Senor, si. ?Tiri, tiritana: mira para mi! ?Abrirele?, que se enfria.
LOZANA.- Asomaos alli primero, mira que dice.
MAESTRESALA.- ?Hola! ?Es hora?
RAMPIN.- Senor, si; que espere vuestra merced, que quiere ir fuera, y ahi la hablara.
MAESTRESALA.- ?No, pese a tal, que me echais a perder! Si no ahi, en casa, que luego me salgo.
RAMPIN.- Pues venga vuestra excelencia.
MAESTRESALA.- Beso las manos de vuestra merced, mi senora.
LOZANA.- Yo las de vuestra merced, que deseome quita de un mi hermano.
MAESTRESALA.- Senora, para serviros, mas que hermano. ?Que le parece a vuestra merced de aquesta tierra?
LOZANA.- Senor, dire como forastera: «la tierra que me se, por madre me la he». Cierto es que hasta que vea, ?por que no le tomare amor?
MAESTRESALA.- Senora, vos sois tal y hareis tales obras, que no por hija, mas por madre quedareis de esta tierra. Veni aca, mancebo, por vuestra vida, que me vais a saber que hora es.
LOZANA.- Senor, ha de ir conmigo a comprar ciertas cosas para casa.
MAESTRESALA.- Pues sea de esta manera. Toma, hermano; veis ahi un ducado. Id vos solo, que hombre sois para todo, que esta senora no es razon que vaya fuera a estas horas. Y veni presto, que quiero que vais conmigo para que traigais a esta senora cierta cosa que le placera.
RAMPIN.- Senor, si.
MAESTRESALA.- Senora, por mi fe, que tengo que ser vuestro, y vos mia.
