pero no habia sido suficiente. Perdieron por cinco a tres. Los periodistas deportivos de Phoenix interrogaron a los jugadores en busca de declaraciones altisonantes, pero nadie hablo demasiado.
El padre de Jane habia sufrido un ataque cardiaco y todos sentian la ausencia de esta. Luc no habia creido la historia del ataque, y le habia sorprendido que saliese corriendo. Eso no era propio de la Jane que conocia. No constituia sino otra prueba de que no la conocia en absoluto. La autentica Jane habia mentido y le habia humillado. Sabia cosas de el que a Luc no le apetecia leer en los periodicos. Sabia que se ponia hielo en las rodillas y que no estaba al cien por cien.
Era un idiota. ?Como demonios habia permitido que una pequena periodista de pelo rizado y lengua afilada se colase en su vida? Ni siquiera le habia gustado al principio. ?Como se habia enamorado de aquella manera de ella? Habia puesto patas arriba su vida, y el tenia que descubrir el modo de quitarsela de la cabeza. De volver a concentrarse. Podia hacerlo. Habia luchado contra cosas similares antes, habia combatido demonios peores que Jane Alcott. Se dijo que todo lo que necesitaba era determinacion y un poco de tiempo. Darby les habia dicho que no volveria al trabajo hasta la semana siguiente.
Una semana. Una vez que habia salido de su vida fisicamente, no le costaria demasiado tiempo hacerla salir de su cabeza y volver a centrarse en la competicion.
Una semana despues, supo que estaba en lo cierto. O al menos en parte. De nuevo estaba concentrado. Volvia a jugar a tope en lugar de dejarse llevar por las emociones, pero no habia conseguido apartar completamente a Jane de sus pensamientos.
El dia que regresaron a Seattle, se sentia magullado por dentro y por fuera. Como siempre ocurria con su hermana, cuando las cosas parecia que iban bien, al minuto siguiente comenzaban a ir mal. Ella le explico como le habia ido en la escuela y a continuacion se quito su ancho jersey… Luc quedo boquiabierto tras ver la cenida camiseta que llevaba marcandole los pechos. Eran mucho mas grandes que una semana antes de que se marchara. No es que se hubiese fijado en exceso, pero no pudo evitar apreciar la diferencia.
– ?Que llevas puesto?
– Mi camiseta BEBE.
– Tus tetas son mucho mas grandes que la semana pasada. ?Llevas un sujetador con relleno?
Marie se cruzo de brazos como si estuviese ante un pervertido.
– Es un wonderbra.
– No puedes ponerte eso cuando salgas de casa.
No podia dejarla salir con aquellos pechos que parecian torpedos.
– Lo he llevado al colegio toda la semana.
Mierda. Habria apostado lo que fuese a que los chicos de la escuela se habian fijado tambien. Toda la semana. Mientras el habia estado de viaje. Cristo bendito, su vida era un desastre.
– Me apuesto lo que quieras a que los chicos de tu colegio habran pasado un buen rato mirandote las peras, y seguro que no habran pensado cosas bonitas sobre ti.
– Peras -gruno ella-. Que desagradable. ?Por que siempre me dices cosas desagradables?
«Peras» no era una palabra desagradable. ?O si?
– Te estoy diciendo como piensan los chicos. Si usas esos enormes sujetadores pensaran que eres una cualquiera.
Ella le miro como si fuese un pederasta en lugar de su propio hermano que intentaba protegerla de los pervertidos del colegio.
– Eres un enfermo.
?Enfermo?
– No, no lo soy. Solo intento decirte la verdad.
– Tu no eres mi madre ni mi padre. No puedes decirme lo que tengo que hacer.
– Tienes razon. No soy tu padre ni tu madre. Y quiza tampoco sea el mejor hermano del mundo, pero soy lo unico que tienes.
Las lagrimas comenzaron a resbalar por el rostro de Marie y echaron a perder su maquillaje.
– Te odio, Luc.
– No, no me odias. Solo estas molesta porque no quiero que vayas por ahi con un sujetador con relleno.
– Me apuesto algo a que te gustan las mujeres que llevan sujetadores con relleno.
En esos momentos, a decir verdad, Luc tenia una creciente aficion, o mas bien una obsesion, por los pechos pequenos.
– Eres un hipocrita, Luc -anadio ella-. Estoy segura de que tus novias llevan sujetadores con relleno.
Entre todas las mujeres que habia conocido, la que mas le habia fascinado ni siquiera llevaba sujetador. Intento no darle importancia, pero se la dio. Sentia que su cabeza era una olla a presion a punto de estallar.
– Marie, tienes dieciseis anos -razono-. No puedes ir por ahi con un sujetador que hace que los tios se exciten. Tienes que llevar otra cosa. Tal vez un sujetador con cierres de seguridad. -Intentaba sonar gracioso.
Como siempre, Marie no entendio el sentido del humor, y se echo a llorar a lagrima viva.
– ?Quiero ir a un internado! -grito antes de salir corriendo hacia su habitacion.
Luc quedo impresionado. No habia vuelto a pensar en el internado desde hacia tiempo. Si la enviaba a un internado, no tendria que preocuparse de si llevaba sujetadores con relleno cuando estuviese fuera de la ciudad. Su vida seria mucho mas simple. Pero, de repente, la idea de tenerla lejos de si no le resultaba para nada atractiva. Ella tenia un humor cambiante y lloraba con frecuencia, pero era su hermana. Se estaba acostumbrando a tenerla cerca, y pensar en el internado ya no le parecia la mejor solucion.
La siguio hasta su habitacion y se apoyo contra el marco de la puerta. Estaba tumbada en la cama mirando al techo, con los brazos abiertos como un martir en la cruz.,
– ?En serio quieres ir a un internado? -le pregunto.
– Se que no quieres que este aqui.
– Yo nunca he dicho eso. -Habian tenido ya una conversacion similar-. Y no es cierto.
– Quieres librarte de mi -dijo ella entre sollozos-. Asi que me ire lejos.
Luc sabia que era lo que Marie necesitaba escuchar y que era lo que el necesitaba decir. Por el bien de ambos. Habia estado indeciso durante suficiente tiempo.
– Demasiado tarde -dijo cruzandose de brazos-. No iras a ninguna parte. Vas a vivir aqui, conmigo. Y si no te gusta, te fastidias.
Ella lo miro.
– ?Incluso si quiero irme?
– Si -respondio Luc, y se sorprendio de lo mucho que le importaba Marie-. Aunque quieras irte, estas atada a esta casa. Eres mi hermana y quiero que vivas conmigo. -Se encogio de hombros-. Eres como una espina clavada en el trasero, pero me gusta que estes por aqui dandome la tabarra.
– De acuerdo -susurro ella al cabo de un instante-. Me quedare
– De acuerdo, entonces. -Luc se aparto del marco de la puerta y volivio al salon.
Miro por el ventanal hacia la bahia. La relacion que tenia con su hermana no era la mejor posible. Su modo de vida no era el ideal; el estaba fuera tanto tiempo como el que pasaba en la ciudad. Pero queria conocerla mejor antes de que fuese a la universidad, creciese y se convirtiese en una persona adulta.
Deberia haberla visto mas a menudo en los ultimos dieciseis anos. No tenia excusa. Ninguna buena, en cualquier caso. Habia estado tan ocupado con su propia vida, que habia pensado poco en ella. Y eso hacia que se avergonzase por las veces que habia pasado por Los Angeles y no habia hecho el esfuerzo de ir a verla. Para conocerla. Siempre habia sabido que eso lo convertia en un egoista. Ni siquiera habia pensado que ser egoista fuese algo malo… hasta ahora.
Oyo los pasos de Marie y se volvio. Con el rostro banado en lagrimas, lo abrazo y apoyo la cabeza en su pecho.
– Me gusta vivir aqui y darte la tabarra.
– Bien. -Luc la apreto contra si-. Se que nunca podre ocupar el lugar de tu madre o de tu padre, pero voy a intentar hacerte feliz.
– Hoy me he sentido feliz.
– Aun asi, no puedes llevar ese sujetador.
Se quedo quieta un instante, despues dejo escapar un largo suspiro.
