de las cocinas francesa y espanola y a beber los vinos importados de todo el mundo. Luego, ademas de todo eso, al cabo de unos anos de mi transformacion, aparecieron los norteamericanos, que construyeron la ciudad al norte del Barrio Frances, con magnificas mansiones griegas que en la noche brillaban como templos. Y, por supuesto, los plantadores, siempre los plantadores, que llegaban a la ciudad en landos deslumbrantes a comprar vestidos de fiesta y objetos de plata, y gemas; a llenar las callejuelas angostas hasta la vieja Opera Francesa y el Theatre d’Orleans y la catedral de San Luis, de cuyas puertas salian los canticos de la misa los domingos y resonaban por encima de las multitudes de la Place d’Armes, por encima del ruido y el alboroto del Mercado Frances, por encima de los velamenes fantasmagoricos y silenciosos de los barcos en las aguas del Mississippi, que golpeaban contra los muelles, sobre el nivel de la misma Nueva Orleans, de modo que los barcos parecian flotar en el cielo.
»Asi era Nueva Orleans: un lugar magnifico y magico para vivir. Un lugar en el cual un vampiro, ricamente vestido y caminando con gracia por los charcos de luz de una lampara de aceite, no atraia mas la atencion en las noches que cientos de otras exoticas criaturas; si es que atraia alguna, si es que alguien susurraba detras de un portal: “Oh, ese hombre… ?que palido, como relumbra…, como se mueve! ?No es natural!”. Una ciudad en la que el vampiro podia desaparecer antes de que alguien pudiera terminar de decir esas palabras, buscando los callejones en los que podia ver como un gato, en los bares a oscuras donde los marineros dormian con sus cabezas apoyadas en las mesas, en hoteles con habitaciones de altisimos techos donde una figura solitaria podia sentarse, con sus pies sobre un almohadon bordado, con sus piernas cubiertas con medias, su cabeza inclinada bajo la luz mortecina de una unica vela, sin jamas ver la gran sombra que se movia por las flores de yeso del techo, sin ver lo largos dedos blancos que se acercaban a apagar la fragil llama.
»Es extraordinario, aunque no fuera por nada mas, que muchos de esos hombres y mujeres dejaran detras de ellos un monumento, una estructura de marmol y piedra y ladrillo que aun permanece de pie, de modo que cuando desaparecieron las lamparas de aceite y los edificios de oficinas llenaron las manzanas de Canal Street, algo irreducible de belleza y romance permanecio; quiza no en todas las calles, pero si en tantas que el paisaje es para mi siempre el paisaje de aquellos tiempos. Y cuando camino por las calles —iluminadas por las estrellas— del Quarter o del Garden District, nuevamente vuelvo a aquella epoca. Supongo que esa es la naturaleza de los monumentos, ya sea una pequena casa o una mansion de columnas corintias y rejas de hierro forjado. El monumento no dice que este o aquel hombre camino por aqui. No, es lo que el sintio en un momento lo que continua en su sitio. La luna que aparecia sobre Nueva Orleans aun aparece. Mientras los monumentos sigan en pie, seguira apareciendo igual. El sentimiento, al menos aqui… y alli… continua siendo el mismo.
El vampiro parecio triste. Suspiro como si dudara de lo que acababa de decir.
—?De que hablaba? —pregunto de improviso, como si estuviera un poco cansado—. ?De que era? Ah, si de dinero. Lestat y yo teniamos que hacer dinero. Y te contaba que el podia robar. Pero lo que importaba era la inversion posterior. Debiamos utilizar lo que acumulabamos. Pero me he anticipado. Yo mataba animales. Pero ya volvere a ese tema en un momento. Lestat mataba seres humanos todo el tiempo, a veces dos o tres por la noche; a veces mas. Bebia de uno nada mas que para satisfacer una sed momentanea y luego pasaba a otro. Cuanto mejor era el humano, solia decir en su modo vulgar, mas le gustaba. Una jovencita, ese era su plato favorito para las primeras horas del atardecer; pero la matanza triunfal para Lestat era un joven. Un joven de mas o menos tu edad lo atraia en especial.
—?Yo? —susurro el muchacho; apoyado en los codos, se inclino hacia adelante para mirar fijamente a los ojos del vampiro; luego se volvio a echar para atras.
—Si —dijo el vampiro, como si no hubiera observado el cambio de expresion en el joven—. Pues mira, ellos representaban para Lestat la mayor perdida, porque estaban en la antesala de la maxima posibilidad de vida. Por supuesto, Lestat no lo comprendia. Yo llegue a comprenderlo. Lestat no entendia nada.
»Te dare un ejemplo perfecto de lo que le gustaba a Lestat. Al norte, por el rio, estaba la plantacion Freniere, una magnifica extension de tierra que tenia grandes esperanzas de hacer una fortuna con el azucar poco despues de que se hubiera inventado el proceso de refinamiento. En esto hay algo perfecto e ironico; esa tierra que yo amaba producia azucar refinada. Digo esto con mas tristeza de lo que creo que te imaginas. Esa azucar refinada es un veneno. Fue la esencia de la vida de Nueva Orleans, tan dulce que puede ser fatal, tan ricamente provocativa que todos los demas valores se pueden olvidar… Pero te estaba diciendo que por el rio vivian los Freniere, una antigua familia que en esa generacion habia producido cinco jovencitas y un joven. Pues tres de esas mujeres estaban destinadas a no casarse, pero dos de ellas aunaran lo bastante jovenes, y todas dependian del unico varon. El iba a dirigir la plantacion del mismo modo que yo lo hacia para mi madre y mi hermana; iba a negociar las bodas, hacer los ahorros cuando toda la riqueza del lugar estuviera en peligro, debido a una mala cosecha de cana, y luchar y mantener a distancia al universo entero. Lestat decidio que lo queria a el. Y cuando unicamente el destino casi se burla de Lestat, se puso fuera de si. Arriesgo su propia vida para conseguir al muchacho Freniere, quien se habia comprometido en un duelo. En una fiesta, habia insultado a un joven criollo espanol. En realidad, el incidente no tenia la menor importancia, pero como la mayoria de los criollos, este estaba dispuesto a morir por nada. Ambos estaban dispuestos a morir por nada. El hogar frances se convulsiono. Debes comprender que Lestat lo sabia perfectamente. Ambos habiamos estado en la plantacion de los Freniere; el, cazando esclavos y ladrones de gallinas; yo, animales.
—?Mataba usted
—Asi es, pero ya volvere a ese tema, como te he dicho. Ambos conociamos la plantacion y yo me habia permitido uno de los grandes placeres de un vampiro: el de espiar a la gente sin que se den cuenta. Conocia a las hermanas Freniere como a los magnificos rosales que crecian alrededor del oratorio de mi hermano. Eran un grupo unico de mujeres. Cada una, a su manera, era tan inteligente como el hermano; y una de ellas, la llamare Babette, no solo era inteligente como el hermano, sino mucho mas sabia. No obstante, ninguna de ellas habia sido educada para cuidar la plantacion; ninguna comprendia ni siquiera las cosas mas simples de su estado financiero. Todas eran enteramente dependientes del joven Freniere. Y todas lo sabian. Y entonces, llenas de amor por el, de una fe apasionada que cualquier amor conyugal que pudieran llegar a experimentar solo seria un palido reflejo de su amor por el hermano, fue tan grande su desesperacion como el ansia de supervivencia. Si Freniere moria en el duelo, la plantacion fracasaria. Su fragil economia, y una vida de esplendores montada en una perenne hipoteca de la cosecha del siguiente ano, unicamente estaban en sus manos. Te puedes imaginar entonces el panico y el dolor del hogar Freniere la noche en que el hijo fue al pueblo para jugarse la vida. Y ahora imaginate a Lestat, con sus dientes castaneteando como el demonio de una opera comica porque no iba a poder matar al joven Freniere…
—?Quiere decir… que usted lo sentia por las mujeres Freniere?
—Totalmente —dijo el vampiro—. Su situacion era terrible. Y lo sentia por el muchacho. Esa noche se encerro en el estudio de su padre y redacto su testamento. Sabia absolutamente bien que si perecia a las cuatro de la manana siguiente, su familia caeria con el. Deploraba su situacion pero no podia hacer nada al respecto. Evitar el duelo solo podia significarle la ruina social, pero eso posiblemente le hubiera sido imposible. El otro joven lo hubiera perseguido hasta obligarlo a pelear. Cuando a medianoche dejo la plantacion contemplo el rostro de la muerte con la presencia de un hombre que, sabiendo que solo tenia un camino por delante, ha resuelto seguirlo con perfecta valentia. Mataria al joven espanol o moriria. Era algo impredecible, pese a sus habilidades. Su rostro reflejaba una profundidad de sentimiento y de sabiduria que yo jamas he visto en las caras de las victimas de Lestat. Tuve mis encontronazos con Lestat aqui y alli. Hacia meses que yo evitaba que matase al joven, y ahora queria matarlo antes de que pudiera hacerlo el espanol.
»Ibamos a caballo, corriendo detras del joven Freniere, en direccion a Nueva Orleans. Lestat queria alcanzarlo; yo queria alcanzar a Lestat. Pues bien, como te he dicho, el duelo estaba fijado para las cuatro de la manana, en el borde del pantano, cerca de la puerta norte de la ciudad. Y al llegar alli, poco antes de las cuatro, apenas teniamos tiempo de regresar a Pointe du Lac; es decir, que nuestras propias vidas estaban en peligro. Yo estaba enfurecido con Lestat como jamas lo habia estado, y el estaba decidido a tener al muchacho.
»—?Dale una oportunidad! —insistia yo, agarrandome de Lestat antes de que pudiera acercarse al joven. Era pleno invierno, muy frio y humedo en los pantanos y una masa de lluvia helada caia sobre el descampado donde se efectuaria el duelo. Por supuesto yo no sentia esos elementos tal como te pudiera suceder a ti; no me afectaban ni me amenazaban con temblores o enfermedades mortales. Pero los vampiros sienten el frio tanto como los mortales, y la sangre de una victima es, a menudo, el alivio rico y sensual del frio. Pero lo que me preocupaba esa manana no era el frio que sentia, sino la excelente cobertura de la oscuridad, lo cual hacia a Freniere extremadamente vulnerable al ataque de Lestat. Lo unico que tenia que hacer era alejarse un paso de sus dos amigos en direccion al pantano y Lestat lo atacaria. Por tanto, yo luchaba fisicamente con Lestat tratando
