cabeza y desde entonces ya no ha favorecido a nadie. Me he preguntado si no podia yo mandar una carta al Times, que rezara: «Esa actitud de inexorable incorruptibilidad en ciertos lugares es mas peligrosa para la justicia que los metodos de Chicago». Chicago deberia llevarselo. Creo que estuvo alli. Es espantoso que un hombre deje de ser humano.
– ?Esta casado?
– Ni siquiera eso – contesto sir Lawrence.
– Pero hay hombres que jamas comienzan a ser humanos. – Eso no es tan terrible. En casos asi, uno sabe con quien ha de tratar y, si es menester, puede acudir a medidas extremas. No, los que causan molestias son los necios a quienes se les han subido los humos a la cabeza. Por cierto, le he dicho a un joven amigo que posarias para una miniatura.
– ?Oh, tio! No podria hacerlo, con este asunto de Hubert en la mente.
– No, no, naturalmente que no. Pero algo ha de salir de todo eso. – Le lanzo una mirada astuta, y anadio: – A proposito, ?y Jean?
Dinny le miro con ojos abiertos e ingenuos. – ?Que pasa con ella?
– No me parece mujer que se resigne facilmente. – No, pero, ?que puede hacer la pobrecilla?
– ?Quien sabe! – repuso sir Lawrence, levantando una ceja -. ?Quien sabe! «Son
Dinny. Y continuara siendo el
Dinny siguio mirandole con expresion de inocencia, pero dentro de si pensaba: «?Es bastante peligroso, tio Lawrence!» Un poco mas tarde fue a acostarse.
?Acostarse con el alma en tal estado de trastorno! Sin embargo, ?cuantas otras personas con las almas trastornadas estarian yaciendo con el rostro contra la almohada, sin poder dormir! La habitacion parecia estar llena de la irrazonable miseria del mundo. Alguien que hubiese tenido algo de genialidad habria podido levantarse y desahogar su propia melancolia componiendo un poema sobre Azzael, o sobre otra cosa ?Ay! No era tan facil. Ella yacia en la cama y estaba triste, triste e irritada.
Recordaba cuanto habia sufrido a los trece anos, cuando Hubert, que aun no tenia dieciocho, se fue a la guerra. Entonces fue algo sumamente doloroso, pero ahora era mucho peor.
Y ella se preguntaba el porque. Entonces habria podido morir en cualquier momento; ahora estaba mas seguro que cualquier otro que estuviera fuera de la carcel. Su vida seria escrupulosamente protegida, incluso cuando le enviaran al otro lado del mundo, o le entregaran al Tribunal de un pais que no era el suyo, para ser juzgado por un juez de sangre extranjera. Por algunos meses, estaba bastante seguro. ?Por que, pues, la condicion parecia mas peligrosa que todos los riesgos que habia corrido siendo soldado, peor incluso que aquel largo y horrible periodo de la expedicion de Hallorsen? ?Por que? A menos que no fuera porque aquellos antiguos peligros y penalidades habian sido soportados por libre voluntad, mientras que el actual sufrimiento erale impuesto por los demas. Le mantenian con la espalda en tierra, privado de los dos grandes privilegios de la existencia humana: la independencia y la vida individual. Para asegurarse estos privilegios, los seres humanos habian concentrado todos sus esfuerzos durante miles de anos hasta que… ?hasta que se habian vuelto bolcheviques! Privilegios para cada ser humano, pero sobre todo para unas personas como ellos, educadas sin temor a otro azote salvo al de su propia conciencia. Yacia en el lecho como si se encontrara en la celda de su hermano, mirando al futuro, deseando ardientemente a Jean, sufriendo por sentirse encerrado, sujeto, miserable y amargado. ?Que habia hecho el que no hubiese hecho cualquier otro hombre sensible?
El rumor del trafico, que llegaba desde Park Une, formaba una especie de base a su rebelde infelicidad. Sintiose tan intranquila, que no pudo permanecer en cama y, habiendose puesto la bata, comenzo a dar vueltas por la habitacion sin hacer ruido, hasta que estuvo tiritando a causa del aire de fines de octubre que entraba por la ventana abierta.
A lo mejor habia algo de bueno en el matrimonio. Al fin y al cabo una mujer casada tenia un pecho contra el que podia apretarse, unos oidos en los que podia verter sus lamentos y unos labios que probablemente emitian sonidos de simpatia. Pero, peor que la soledad, era la inactividad forzada. Envidiaba a los que, como su padre y sir Lawrence, podian cuando menos coger un taxi e ir de un lado para otro. En particular envidiaba enormemente a Jean y a Alan. Cualquier cosa que estuvieran pensando, era mejor que no tener ninguna idea, como le sucedia a ella. Saco el broche de esmeraldas y lo contemplo. Esto, al fin y al cabo, representaba algo que hacer durante el dia siguiente. Ya se veia con la joya en la mano, ocupada en sacar grandes sumas a alguna persona encallecida con tendencias al arte de la usura.
Coloco la joya debajo de la almohada, como si su proximidad pudiese quitarle aquella sensacion de impotencia. Finalmente se durmio.
A la manana siguiente se desperto temprano. Se le habia ocurrido la idea de que quiza podria empenar la joya, lograr el dinero y llevarselo a Jean antes de que se marchara. Decidio consultar a Blox, el mayordomo. Al fin y al cabo, lo conocia desde que tenia cinco anos. Era una institucion y jamas descubrio ninguna de las iniquidades que ella le confiara en su ninez.
Por lo tanto, se le acerco cuando aparecio con la maquinita especial para cafe.
– ?Blox!
– Digame, senorita Dinny.
– ?Quiere ser tan amable y decirme,
– Bueno, senorita Dinny. Hay un tal Attenborough, pero recuerdo que la gente prefiere dirigirse a un tal Frewer, en South Molton Street. Puedo buscar el numero en el listin de telefonos. Dicen que es de confianza y muy recto.
– Perfectamente, Blox. Se trata de un pequeno negocio.
– Precisamente, senorita.
– ?Oh!, Blox, ?tendre… tendre que dar mi nombre?
– No, senorita. Si puedo permitirme ofrecerle una sugerencia, de usted el nombre de mi esposa y estas senas. Asi, en caso de presentarse la necesidad de hacer alguna comunicacion, yo podria telefonear y nadie se enteraria de nada.
– Es un gran alivio. Pero, ?no le sabra mal a la senora Blox?
– ?Oh, no, senorita! Estara encantada de poderle hacer un favor. Si usted lo desea, yo podria tratar el asunto en su lugar.
– Gracias, Blox, pero me temo que tenga que hacerlo yo misma.
El mayordomo se acaricio la barbilla y la miro. Dinny penso que su expresion era benevola, pero ligeramente ironica. – Bien, senorita, en ese caso debo decirle que un poco de indiferencia no sobra ni aun con el mejor de esos senores. Si Frewer no hace una buena oferta, hay varios mas.
– Gracias de todo corazon, Blox. Si no me ofreciera bastante, se lo hare saber. ?Seria demasiado temprano ir a las nueve y media?
– Por lo que he oido decir, es la mejor hora. Lo encontrara fresco y cordial.
– ?Querido Blox!
– Me han dicho que es una persona que comprende y que sabe cuando se trata de una verdadera senora. No la tomara a usted por lo que no es.
Dinny se llevo un dedo a los labios. – Y mudo como un pez, Blox.
– ?Oh!, absolutamente, senorita. Despues del senorito Michael, usted ha sido siempre mi preferida.
– Lo mismo digo, Blox.
Cuando su padre entro, ella cogio el
– ?Has descansado bien, papaito? El general asintio.
– Mejor. Esta a punto de bajar. Hemos llegado a la conclusion de que de nada nos sirve preocupamos, Dinny.
