Turquia.
– Si – dijo Dinny -, todo eso ya lo habiamos adivinado. – ?De que manera?
No importa. ?Y los otros casos?
– De no haber habido un puerto de escala, la cosa se ponia mas dificil. Habiamos pensado enviarles un falso telegrama a los que estaban encargados de custodiar a Hubert cuando el tren hubiese llegado a Southampton o a otro puerto, diciendoles que llevasen a Hubert a la Central de Policia y que aguardasen ulteriores instrucciones. Durante el trayecto, Hallorsen habria chocado con una moto contra un costado del coche y lo mismo habria hecho yo por el otro. Hubert habria saltado sobre mi moto y yo le hubiera conducido donde estaba el aparato.
– Todo eso es muy bonito visto en el cine; pero, ?puede ser real?
– Bueno, la verdad es que no habiamos pensado mucho en este proyecto; contabamos mas con el otro.
– ?Se os ha ido todo el dinero?
– No. Solo unas doscientas libras, mas o menos, y desde luego podemos volver a vender el aparato.
Dinny emitio un hondo suspiro y sus ojos se posaron en el.
– Bien – dijo -, si quieres saber lo que pienso, te dire que habeis salido bien librados.
El sonrio
– Desde luego, sobre todo porque, si la cosa hubiese sucedido, no habria podido venir a molestarte. Dinny, hoy he de embarcarme. ?No quieres…?
Dinny le interrumpio dulcemente
– La ausencia inflama el corazon, Alan. Cuando vuelvas en tu proximo permiso, me lo pensare de veras.
– ?Puedo darte un beso? Dinny le tendio la mejilla.
«Este es el momento en que el hombre te besa imperativamente en la boca – penso Dinny -. No lo ha hecho. Debe casi respetarme» – y se levanto.
– Vuelve, querido muchacho, y gracias por lo que, afortunadamente, no has tenido que hacer. Procurare de veras volverme menos extrana.
Alan la miro con tristeza, como si estuviera arrepentido de su moderacion. Luego contesto con una sonrisa a la sonrisa de Dinny. Poco despues el estruendo de la moto se desvanecio en el silencio blando y melancolico de la manana.
Aun con la sonrisa en los labios, Dinny entro en casa. ?Era un buen muchacho! Pero le hacia falta tiempo para pensarlo. ?Y habia tantas cosas de las cuales podia arrepentirse mas tarde!
Despues del almuerzo, ligero y anticipado, lady Cherrell partio en busca del cordero gordo en el Ford guiado por el «groom». Dinny se disponia a salir al jardin, para coger flores otonales, cuando le entregaron una tarjeta de visita
– En el vestibulo, senorita.
– Hagale pasar a la salita. Yo ire dentro de un minuto.
Se quito los guantes para jardin y, dejando la cestita, se miro la nariz en un espejito de mano. Luego entro en la salita por la puerta vidriera y vio al «joven» comodamente sentado en una silla, con los enseres del oficio a su lado. Tenia abundantes cabellos blancos y un monoculo colgado de una cinta negra. Cuando se piso en pie, Dinny advirtio que debia tener por lo menos sesenta anos. Dijo
– ?La senorita Cherrell? Su tio, sir Lawrence Mont, me ha rogado le haga una miniatura.
– Si – contesto Dinny -, solo que crei…
No concluyo. Despues de todo, o bien a sir Lawrence debia encantarle esta pequena broma, o bien era su idea sobre la juventud.
El «joven» se habia encajado el monoculo encima de una mejilla colorada y mofletuda y, a traves de el, un ojo grande y azul la escruto atentamente. Ladeo la cabeza y dijo
– Podemos bosquejar los contornos, y, si usted tiene alguna fotografia, no la ocasionare muchas molestias. El traje que lleva – esa azul flor de lino – es esplendido para pintar. Un fondo de cielo no nos vendria mal. Mientras la luz es buena, ?podemos?…
Y, siempre hablando, comenzo a preparar las cosas.
– La – idea de sir Lawrence es la dama inglesa – explico -. Es decir, cultura profunda, pero no aparente. Vuelvase un poco de lado. Gracias. La nariz…
– Si – dijo Dinny -, no tiene remedio.
– ?Oh, no, no; es graciosa! ?Sir Lawrence, segun parece, la desea para su coleccion de tipos. Yo ya le he hecho dos. ?Quiere mirar al suelo? ?'No! Mireme a los ojos! ?Ah, los dientes! ?Son admirables!
– Y todos mios, por ahora.
– Esa sonrisa es justamente lo que se necesita, senorita Cherrell. Nos da la sensacion de misterio que nos hace falta. No demasiado misterio, sino el preciso.
– ?Quiere que conserve una sonrisa con tres gramos de misterio exactamente?
– No, no, mi querida senorita. Lo cogeremos por sorpresa. Ahora pruebe a ponerse de tres cuartos. ?Ah! La linea de la cabellera. El color es esplendido.
– No demasiado rojo, pero lo suficiente.
El «joven» callaba. Habia comenzado con concentracion singular a dibujar y a tomar breves anotaciones en el borde del papel.
Dinny, con las cejas fruncidas, no osaba moverse. E1 se detuvo y sonrio con una especie de dulzura melosa.
– Si, si – dijo -, he comprendido.
?Que habla comprendido? La nerviosidad propia de la victima se apodero repentinamente de ella y junto las manos abiertas.
– Levante las manos, senorita Cherrell. No; demasiado «madona». Es menester pensar en el diablillo escondido en los cabellos. Los ojos hacia mi, de lleno.
– ?Alegres? -pregunto Dinny.
No demasiado. Apenas. Si, ojos ingleses, candidos, pero reservados. Ahora la curva del cuello. ?Ah! Una curva ligerisima. Si. Casi de ciervo.
Empezo nuevamente a dibujar con un sentido de alejamiento, como si estuviera muy lejos de aquella habitacion.
«Si tio Lawrence desea el retrato de alguien que se siente observado – penso Dinny-, esta servido.»
El «joven» se detuvo y dio un paso hacia atras, con la cabeza muy ladeada, de modo que su atencion parecia salir del monoculo.
– La expresion – murmuro.
– ,- Creo – dijo Dinny – que prefiere una expresion de persona despreocupada.
– ?Pilluela! – sonrio el «joven» -. Mas profunda. ?Puedo tocar un momento ese piano?
Claro que si. No se que tal ira. Hace bastante que nadie lo toca.
– Servira lo mismo.
Se sento, abrio el piano, soplo sobre las teclas y comenzo a tocar. Tocaba bien, con fuerza, con dulzura. Dinny estaba de pie, apoyada en la curva del piano, escuchando arrobada. Evidentemente, era musica de Bach, pero no sabia que pieza. Un aire amoroso, sin pasion, hermoso, que se repetia continua y monotonamente y que, no obstante, resultaba conmovedor como solo Bach sabe hacerlo.
– ?Que es?
– Una coral de Bach arreglada por un pianista – y el. «Joven» hizo un movimiento con la cabeza indicando las teclas.
– ?Estupendo ? La cabeza en el cielo y los pies en un campo florido – murmuro Dinny.
El «joven» cerro el piano y se levanto.
– Es lo que quiero, es lo que quiero, senorita Cherrell.
