que tuvo que dejar alli su equipaje y encaminarse a pie.
Tomo la carretera: el camino era mas largo, pero ella queria caminar a buen paso y respirar a pleno pulmon el aire natal, con toda su pureza. Como siempre durante la noche, las cosas habian perdido su aspecto familiar; le parecia pasar por delante de unas casas, unos setos y unos arboles que jamas conociera. La carretera se internaba en un bosque. Los faros de un automovil proyectaban su luz cegadora y, en ese resplandor, vio que una mofeta atravesaba la carretera muy apresuradamente. Un extrano animalito que, como una serpiente, arqueaba su alargado dorso.
Dinny se detuvo un momento sobre el puente, encima del pequeno rio tortuoso. Este puente contaba cientos de anos, era casi tan viejo como las partes mas antiguas de Condaford y aun estaba muy solido. Ellos tenian la verja un poco mas alla y, cuando en los anos lluviosos el rio subia, invadia el campo casi hasta el seto donde una vez habia estado el foso. Traspuso la verja y anduvo sobre el borde herbaceo del paseo bordeado de redodendros. Llego ante la casa larga, baja y sin luces. No la aguardaban y era casi medianoche.
Se le ocurrio la idea de dar una vuelta alrededor de la casa para verla, gris y fantastica, protegida por arboles y plantas trepadoras, bajo los rayos de la luna. Paso delante de los tejos que proyectaban breves sombras en el jardin, llego al pequeno prado que habia al costado de la casa y se detuvo aspirando hondamente y volviendo la cabeza de un lado a otro para poder ver todas aquellas cosas entre las que habia crecido. La luna iluminaba las ventanas y las hojas de las magnolias con un fantastico resplandor; y, en toda la vieja fachada de piedra, parecian ocultarse cosas misteriosas. ?Maravilloso ?
Solamente una ventana estaba iluminada: la del despacho de su padre. Parecia raro que ya se hubiesen acostado, con la alegria que debia embargar sus corazones. Silenciosamente avanzo por la terraza y escudrino a traves de los visillos no del todo corridos. El general hallabase sentado ante su escritorio, con unos documentos esparcidos delante suyo, las manos entre las rodillas y la cabeza inclinada. Distinguia la cavidad debajo de las sienes, los cabellos encima, la expresion de su rostro casi abatida. Su actitud era la de un hombre sumido en un paciente silencio que se preparaba a aceptar el desastre. En Mount Street ella habla leido algo sobre la Guerra de Secesion americana y penso que, aparte las barbas que su padre no llevaba, esa podia ser la actitud de algun viejo general del Sur la noche anterior a la rendicion de Lee. Repentinamente penso que, quiza por alguna malignidad de la suerte, no habia recibido el telegrama.
Dio unos golpecitos en el cristal. Su padre levanto la cabeza. Su rostro, banado por la claridad de la luna, estaba de un color gris ceniciento y era evidente que interpretaba su llegada como una confirmacion de lo peor. Abrio la ventana. Dinny se apoyo en el alfeizar y le poso las manos sobre los hombros.
– ?Papa! ?No has recibido mi telegrama? Todo ha salido bien. Hubert esta en libertad.
Las manos del general se levantaron impetuosamente y le estrecharon las munecas. Su rostro adquirio color, sus labios se distendieron y, de repente, parecio haber rejuvenecido diez anos.
– Dinny, ?es cierto?
Asintio. Sonreia, pero tenia los ojos empanados en lagrimas.
– ?Dios santo! ?Que sorpresa! ?Entra!! He de subir a decirselo a tu madre! – y antes de que ella hubiese entrado, el habia abandonado la habitacion.
En aquel cuarto que habia resistido a sus tentativas de embellecimiento y a las de su madre, y que conservaba la severidad de un despacho, Dinny permanecio mirando a aquella derrota del arte con una sonrisa que habiasele tomado cronica. Su padre, con sus documentos, sus libros de guerra, sus fotografias antiguas, sus recuerdos de la India y de Sudafrica y el retrato viejo estilo de su caballo favorito, la planta de la prosperidad, la piel de leopardo cuyas garras probara y los dos cuernos de ciervo, seria nuevamente feliz. ?Que bendicion!
Presintiendo que a sus padres les gustaria quedarse a solas para alegrarse del suceso, subio despacio al cuarto de Clara. Este vivaz miembro de la familia estaba dormido, con un brazo cubierto por la manga del pijama fuera de la sabana y la mejilla 4poyada en el dorso de la mano. Dinny miro carinosamente la cabeza de oscuros cabellos, y volvio a salir.
Era inutil echarle a perder el primer sueno. Se quedo de pie frente a la ventana de su dormitorio, mirando a traves de los olmos desnudos los campos y el bosque lejano iluminados por la luna. Se hallaba en su casa, como un buque en el puerto despues de la tempestad. ?Esto era suficiente! Se tambaleo y se dio cuenta de que estaba casi dormida. La cama no estaba hecha. Saco del armario una bata vieja y gruesa, se quito los zapatos y el traje, se puso la bata y se acurruco debajo del edredon. Dos minutos mas tarde, siempre con aquella sonrisa en los labios, estaba dormida.
Un telegrama de Hubert, recibido al dia siguiente durante el desayuno, les informo que el y Jean llegarian a la hora de cenar.
– ?El joven Squire regresa ?- murmuro Dinny -. Trae consigo a la novia. Gracias a Dios sera tarde y podremos matar al cordero mas gordo en privado. ?Esta listo el cordero gordo, papa?
– Tengo dos botellas de Chambertin 1865, de tu bisabuelo. Beberemos eso_ y conac viejo.
– Mama, Hubert prefiere las becadas y los bollos. ?Y las ostras? Le encantan las ostras.
– Ya me cuidare de todo, Dinny.
– Y las setas – anadio Clara.
– Me temo, mama, que tendras que recorrer todo el condado.
Lady Chenrell sonrio y su sonrisa la hizo parecer mas joven.
– Es un hermoso dia para ir a cazar – dijo el general -. ?Que te parece, Clara? El encuentro esta fijado para las once, en Wyvell's Cross.
– ?Desde luego?
Regresando de las caballerizas despues de haber presenciado la partida de su padre y de Clara, Dinny se quedo fuera, jugueteando con los perros. El termino de aquella larga espera y la sensacion de no tener nada por que preocuparse eran tan deliciosos que ella no se rebelaba contra el singular parecido del estado presente de la carrera de Hubert con el que tanta pena le causara dos meses antes. Era exactamente la misma posicion, e incluso puede que peor, porque estaba casado. Sin embargo, se sentia alegre como un pajaro.
Esto demostraba que Einstein tenia razon y que todo era relativo.
Estaba cantando «El cazador furtivo de Lincolnshire», mientras se dirigia hacia el jardin, cuando el rumor de una moto en el paseo le hizo volver la cabeza. Un joven en traje de motorista agito una mano, arrimo la moto a un matorral de rododendros y se dirigio hacia ella, quitandose el casco.
?Alan, naturalmente! Tuvo en seguida la sensacion que experimenta una jovencita que esta a punto de ser pedida en matrimonio. Sentia que, aquella manana, nada le impediria a Alan formular su pregunta, porque no habia logrado llevar a cabo la accion peligrosa y heroica que habria podido hacer demasiado obvia la peticion de una recompensa.
«Pero quiza – penso – todavia lleva barbas…, lo cual podria frenarle.»
?Ay!, la barbilla se destacaba solo algo mas palida que el resto del rostro bronceado.
Fue a su encuentro con las manos tendidas y ella le ofrecio las suyas. Asi unidos permanecieron mirandose mutuamente.
– Bueno – dijo Dinny, finalmente -. Cuentame tu historia. Nos has asustado hasta lo inversosimil, jovencito.
– Vamos a sentarnos alla arriba, Dinny.
– Perfectamente. Ten cuidado con Scaramouch. Esta debajo de tu pie…, y es un pie muy grande.
– No tanto. Dinny, pareces…
– Parezco mas ajada que otra cosa. Por lo demas, lo se todo a proposito del profesor Hallorsen, del cajon especial para los huesos bolivianos y la proyectada substitucion de Hubert en el barco.
– ?Pero, como es posible?
– No somos imbeciles, Alan. ?En que consistia tu papel especial, con barbas y todo lo demas?… Aqui no podemos sentarnos sin poner algo entre nosotros y la piedra.
– ?No podria ser yo ese algo?
– No, desde luego que no. Pon tu gabardina. ?Bueno!
– Bueno – repuso el, mirandose las botas con desaprobacion -. Si quieres realmente saberlo… No habia nada seguro, por supuesto, dado que todo dependia del medio con que transportaran a Hubert. Debiamos variar los proyectos, segun los casos. Si hubiese habido un puerto de escala, en Espana o Portugal, nos habriamos servido del truco del cajon. Hallorsen, Jean y yo hubieramos estado en el puerto con un aparato y los huesos autenticos. Jean debia pilotar cuando hubiesemos encontrado a Hubert. Es aviadora por naturaleza. Se habrian dirigido a
