pensaras casarte con el, ?verdad, Dinny? A proposito, Walter esta viudo. Tiene algo de sangre cuaquera. Es un liberal convertido. Te diria que es materia inflamable.

– No es facil hacerle la corte a Dinny – dijo lady Mont. – ?Puedo levantarme, tia Em? Quisiera ir a ver a Michael.

– Dile que manana por la manana ire a ver a Kit. Le he comprado un nuevo juguete llamado «Parlamento». Son unos animales divididos en varios partidos. Todos chillan y albo rotan de modo diferente y se quedan quietos cuando no es el momento oportuno. El Primer Ministro es una cebra y el Ministro de Hacienda un tigre estriado. Blox un taxi para la senorita Dinny.

Michael habia ido a la Camara, pero Fleur estaba en casa y le comunico que el prefacio del senor Blythe ya se habia enviado a Bobbie Ferrar. En cuanto a los bolivianos, el ministro aun no estaba de regreso, pero el agregado habia prometido conocerle a Bobbie una entrevista extraoficial. Habia estado tan amable que Fleur no podia decir que intenciones tenia, incluso dudaba que tuviese alguna.

Dinny volvio a casa mas agitada que nunca. Parecia que todo dependiese de Bobbie Ferrar, y este, con sus «sesenta anos», estaba tan acostumbrado a todo que ya debia de haber perdido el ardor necesario para convencer a la gente. Pero quizas era mejor asi. Una apelacion al sentimiento podia resultar un paso dado en falso. Las cualidades necesarias podian ser la frialdad, el calculo, el saber hacer alusion a unas consecuencias desagradables y el sugerir astutamente unas posibles ventajas. Efectivamente, ella tenia la impresion de desconocer en absoluto lo que ponia en movimiento la mente de las autoridades. Michael, Fleur y sir Lawrence se hablan expresado algunas veces como si lo supiesen, no obstante lo cual tenia la impresion de que, en realidad, ninguno de ellos estaba mas enterado de cuanto podia estarlo ella. Toda la cuestion' parecia depender del humor y del temperamento de aquellos a quienes tenian que convencer. Se acosto, pero no pudo dormir.

Otro dia parecido al que acababa de transcurrir y luego, al igual que un marino que se despierta al primer movimiento que nota debajo de si, asi se desperto Dinny al abrir un sobre sin sellos que llevaba impreso: (Yoreign Office».

«Apreciada senorita Cherrell:

Ayer tarde entregue el Diario de su hermano al Secretario de Estado. Prometio leerlo por la noche, y yo tengo que verle hoy, a las seis en punto. Si quiere usted venir al Foreign Office a las seis menos diez, podriamos entrar juntos.

Sinceramente suyo,

R. FERRAR.»

?Aun todo un dia entero! Pero ahora Walter ya habia leido el Diario, quiza ya habia tomado una decision. Al recibir esa nota formal, tuvo la sensacion de estar tomando parte en una conspiracion y de tener la obligacion de guardar el secreto. Instintivamente, nada dijo de ello, e instintivamente tambien quiso mantenerse alejada de todos hasta que la cuestion no se hubiese resuelto. Eso mismo tenia que experimentar alguien que estuviese esperando una intervencion quirurgica. La manana era hermosa y salio, sin saber adonde iria. Penso en la National Gallery, pero decidio que mirar cuadros era una cosa que requeria demasiada atencion. Entonces penso en la Abadia de Westminster y en la joven Millicent Pole. Fleur le habia encontrado colocacion como maniqui en la casa Frivolle. ?.Por que no ir alli a mirar los modelos de invierno y de paso a ver de nuevo a la muchacha? Sin embargo, era bastante odioso el hacerse ensenar trajes no llevando la intencion de comprar y causar tantas molestias en balde. Pero si Hubert era puesto en libertad, daria una «zambullida en las profundidades» y se compraria un regio traje, aunque le costara todo lo que tenia. Por lo tanto, dandose animos, se encamino hacia Bond Street, atraveso la estrecha corriente de gente siempre en movimiento, llego a la. casa de modas Frivolle y entro.

– Pase usted, senora.

La acompanaron al piso superior y se sento en una silla. Permanecio alli, con la cabeza algo ladeada, sonriendo y diciendole cosas amables a la empleada, porque recordaba que un dia, en una gran tienda, una dependienta le habia dicho: «No tiene usted idea, senora, de lo distinto que es para nosotras cuando una cliente sonrie y se interesa por lo que tenemos. ?Encontramos a tantas senoras dificiles ?Los modelos eran muy «nuevos», muy caros y sobre todo poco convenientes, a pesar de la insistencia de la empleada

– Con su figura y su color, senora, este traje le sentaria maravillosamente.

No sabiendo si al preguntar por la senorita Millicent Pole le haria un bien o un mal, escogio dos trajes para examinarlos. Una muchacha muy esbelta, altanera, de cabecita bien conformada y de hombros anchos, entro llevando puesto el primero, una «creacion» en blanco y negro. Con paso languido, atraveso la sala, apoyando una mano donde habria debido estar la curva de la cadera y la cabeza vuelta como si buscara la otra, de forma tal que confirmo la aversion de Dinny por el traje. Luego, con el segundo, verde-mar y plata, entro Millicent. Con negligencia profesional no lanzo ni siquiera una mirada a la cliente, como si hubiese querido decir: (?Que se ha creido usted! ?Si vistiese usted todo el dia en combinacion… y tuviese que esquivar a tantos maridos!) Despues, al dar una.vuelta, capto, sorprendida, la sonrisa de Dinny, sonrio a su vez con el rostro repentinamente iluminado, y continuo paseando por la sala, mas languida que nunca. Dinny se levanto y, acercandose a aquella figura, ahora perfectamente inmovil, cogio entre el indice y el pulgar una orla del vestido, como para ver la calidad de tejido.

– Me alegro de volverla a ver.

La boca suave de la muchacha, semejante a una morbida flor, sonrio dulcemente.

«Es maravillosa» – penso Dinny.

– Conozco a la senorita Pole – le dijo a la empleada -. Este traje, vestido por ella, parece magnifico.

– Esta hecho completamente para su tipo. La senorita Pole es un poco redondita. Permitame probarselo.

No muy convencida de haber recibido un cumplido, Dinny dijo

– Hoy no puedo decidir. Ademas, no estoy segura de que pueda permitirmelo.

– No importa, senora. Senorita Pole, entre ahi y quiteselo; se lo probaremos a la senora.

La muchacha se lo quito. ?Aun mas maravillosa! – penso Dinny -. ?Cuanto me gustaria ser tan linda en combinacion!», y dejo que le probaran el traje.

– La senora es extraordinariamente esbelta – observo la empleada.

– ?Seca como un arenque!

– ?Oh, no! La senora tiene los huesos bien cubiertos.

– A mi me parece perfecta – repuso la muchacha impetuosamente-. La senora tiene estilo.

La empleada cerro el corchete.

– Perfecto -dijo- Algo ancho quiza; pero podemos arreglarlo.

– Se me ve demasiado desnuda.

– Oh, pero con una piel como la de la senora, esta muy bien.

– ?Quiere ensenarme el otro traje llevado por la senorita Pole?

Dijo esto, sabiendo que Millie no podia ir a buscarlo porque estaba en combinacion.

– Desde luego. Voy a buscarlo en seguida… Senorita Pole, atienda a la senora.

Al quedarse a solas, las dos muchachas se sonrieron. – ?Le agrada el empleo, ahora que lo tiene?

– No es exactamente lo que yo suponia, senorita. – ?No le da satisfacciones?

– Creo que nada es como nos lo figuramos. Naturalmente, podria ser peor.

– He entrado para volverla a ver a usted.

– ?De veras? Pero espero se quedara con el traje, senorita. Le sienta como pintado y es adorable.

– Si no anda con cuidado la enviaran a la seccion de ventas, Millie.

– ?Oh, no iria! No se reciben mas que cumplidos. – ?Donde esta el corchete?

– Aqui. No hay mas que uno solo y puede cerrarlo usted misma, con un poco de esfuerzo. He leido lo de su hermano, senorita. ?Es horroroso!

– Si – contesto Dinny, quedandose de hielo bajo su combinacion. De repente cogio la mano de la muchacha, la apreto y exclamo -: ?Buena suerte; Millie!

– ?Buena suerte a usted, senorita!

Acababan de dejarse las manos cuando volvio la empleada. – Siento haberla molestado – dijo Dinny con una sonrisa -, pero me he decidido por este, si puedo permitirmelo. El precio es aterrador.

– ?Usted cree, senora? Es un modelo de Paris. Vere si puedo convencer al senor Better para que haga algo

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