?Serpiente! Dinny sonrio.

– Conmigo malgastas tu astucia – anadio el -. Se todo lo que se puede saber.

– ?Dimelo, tio!

– Hallorsen esta metido en eso. -?Oh!

– Y puesto que mis movimientos dependen de los suyos, he tenido que sumar dos mas dos. De ese modo dan cinco, Dinny, no obstante lo cual deseo sinceramente que la suma no sea necesaria. Pero Hallorsen es un buen amigo.

– Lo se – repuso Dinny, tristemente -. Tio, dime exactamente que estan planeando.

Adrian movio la cabeza.

– Ni ellos mismos pueden decirlo con precision, hasta que no sepan como habra de ser trasladado Hubert. Todo cuanto se es que los bolivianos de Hallorsen volveran a Bolivia, en vez de ir a los Estados Unidos, y que se esta construyendo un cajon muy extrano, bien acolchado y bien ventilado, para guardarlos. – ?Quieres decir los huesos bolivianos?

- O, posiblemente, unas copias de ellos. Tambien estan haciendolas.

Dinny le miraba, temblorosa.

– Las copias – anadio Adrian – las hace un hombre que cree estar reproduciendo unos siberianos, y no sabe que son para Hallorsen. Han sido pesadas muy cuidadosamente y han dado un total de ciento cincuenta y dos libras, lo cual se aproxima peligrosamente al peso de un hombre. ?Cuanto pesa Hubert? – Ciento cincuenta y cuatro libras, mas o menos.

– Exactamente. – Continua, tio.

– Habiendo llegado a este punto, no tengo inconveniente en exponerte mi teoria, cualquiera que sea su valor. Hallorsen y su. cajon lleno de copias viajaran en el mismo buque en que viajara Hubert. En un puerto cualquiera de apana o Portugal, Hallorsen bajara del barco con el cajon dentro del cual estara Hubert. Habra buscado el medio de quitar las copias y de tirarlas por la borda. Los huesos autenticos le estaran esperando y con ellos llenara el cajon cuando Hubert haya llegado hasta un aeroplano. Y aqui es cuando entran en escena Jean y Alan. Emprenderan el vuelo hacia… bueno, hacia Turquia, segun puedo juzgar por el manual de conversacion turca que me has pedido. Si he de decirte la verdad, antes de que vinieras sentia curiosidad por saber adonde irian. El hecho es que Hallorsen llenara el cajon con los huesos autenticos, para satisfacer a las autoridades. En cuanto a la desaparicion de Hubert, se atribuira a que ha caido al mar o, en todo caso se producira un misterio. La cosa, naturalmente, me parece bastante desesperada.

– Pero, ?y si no se pararan en ningun puerto?

– Es casi seguro que se detendran en alguna parte; pero, en caso contrario, tendran preparada otra medida, de la que haran uso acercandose al barco. O, en ultimo extremo, podran intentar el truco del cajon a su llegada a America del Sur. En realidad, yo opino que eso seria lo mas seguro, a pesar de que excluya el vuelo.

– Pero, ?por que se expone-e1 profesor Hallorsen a correr un riesgo tan grande?

– ?Eres tu quien me lo pregunta, Dinny? – Es demasiado. No quiero que lo haga. – Pues bien, querida, yo se que tiene la sensacion de haber metido a Hubert en este embrollo y que su idea es que debe sacarlo de el. Ademas, tienes que recordar que pertenece a una nacion que esta convencida de ser sumamente energica y que r'; cree ha de tomarse la justicia por su propia mano. Pero es el ultimo hombre que sacaria un provecho de un favor. Y, final?: mente, es una carrera a tres piernas que esta corriendo con el joven Tasburgh, que a su vez esta empenado en la misma empresa. De modo que para ti lo mismo da.

– Pero yo no quiero deberles nada a ninguno de los dos. Sencillamente, no se debe llegar a eso. Ademas, ?crees tu que Hubert se prestara a ello?

Adrian contesto gravemente

– Creo que ya ha consentido, Dinny. De otro modo habria pedido un fiador. Cuando le hayan entregado a los bolivianos, probablemente no tendra la sensacion de quebrantar la Ley britanica. Supongo que entre todos le han convencido de que no quieren correr un riesgo demasiado grande. Sin duda, se siente asqueado de todo y esta dispuesto a cualquier cosa. No se te olvide que ha sido tratado con mucha injusticia y que esta recien casado.

– Si -admitio Dinny, con voz nuevamente serena-. Y tu. Tio ?Que tal estan tus asuntos?

La respuesta de Adrian no fue menos serena

– Me diste un buen consejo y pienso irme en cuanto todo se haya arreglado.

CAPITULO XXXVI

La sensacion de que esas cosas no podian suceder persistia en Dinny, incluso despues de la entrevista con Adrian: las habia leido en los libros demasiadas veces. No obstante, ?habia que tener en cuenta los folletines de los periodicos! El pensamiento de los diarios le dio una extrana tranquilidad y afirmo en ella la resolucion de no permitir que en ellos apareciera el asunto de Hubert. El hecho es que le envio a Jean la gramatica turca y se dedico a estudiar los mapas que estaban en el despacho de sir Lawrence. Estudiaba tambien las fechas de partida de las lineas sudamericanas.

Dos dias mas tarde, sir Lawrence anuncio, durante la comida, que Walter habia regresado; pero que, despues de las vacaciones, sin duda pasaria un poco de tiempo antes de que se ocupara de una cosa de tan poca enjundia como la de Hubert. – ?Una cosa de poca enjundia! -exclamo Dinny -. De ella dependen su vida y nuestra felicidad!

– Querida mia, la vida y la felicidad de la gente constituyen el trabajo diario de un Secretario de Estado.

– Debe ser un cargo de lo mas antipatico. Yo lo detestaria.

– Bueno – repuso sir Lawrence -, creo que en eso difieres mucho de nuestros politicos. Lo que un politico detesta, es no tener que hacer con la vida y la felicidad de la gente. Esta preparado nuestro bluff en el caso de que se plantee pronto la cuestion de Hubert?

– El Diario esta impreso.y el prefacio ya esta redactado.

Yo no lo he visto, pero Michael me ha dicho que es una verdadera obra maestra.

– ? Bien! Las obras maestras del senor Blythe no conceden tregua. Bobbie nos avisara cuando llegue nuestro turno. ?Quien es Bobbie? – pregunto lady Mont.

– Una institucion, querida.

– Blox, recuerdeme que tengo que escribir a proposito de aquel cachorro de perro pastor.

– Si, milady.

– Cuando su morro es casi todo blanco, tienen una especie de locura divina. ?Lo has notado, Dinny? Y todos se llaman Bobbie.

– ?Hay algo menos divinamente loco que nuestro Bobbie, Dinny?

– ?Siempre hace lo que dice, tio? – Si. Por Bobbie puedes apostar.

– ? Tengo muchas ganas de ver las pruebas de los perros pastores! – dijo lady Mont -. Son animales inteligentes. Dicen que saben exactamente a que ovejas no tienen que morder. ? Y son tan flacos! Todo pelo e inteligencia. Hen tiene dos… A proposito de tus cabellos, Dinny…

– ?Que, tia Em?

– ?Guardaste los que te hiciste cortar? -Si, tia.

– Entonces no los dejes salir de la familia. Dicen que volveremos de nuevo a lo antiguo. Antiguas, pero modernas, ?sabes?

Sir Lawrence le guino un ojo

– ?Es que no lo ha! sido nunca, Dinny? Esa es la razon por la que deseo tu miniatura. Conservacion del tipo.

? Que tipo? – pregunto lady Mont -. No constituyas un tipo, Dinny. ? Son tan aburridos! Alguien dijo una vez que Michael constituia un tipo. Yo jamas me habia dado cuenta de ello.

– ?Por que no haces posar a tia Em en mi lugar, tio? Creo que es mas joven que yo, ?no es cierto, tia?

– No me faltes al respeto. Blox, mi Vichy.

– Tio, ?cuantos anos tiene Bobbie?

– Nadie lo sabe a ciencia cierta. Probablemente sesenta. Un dia u otro se descubrira la fecha de su nacimiento; pero tendran que hacer como con las plantas: cortar una seccion transversal y contar los circulos. No

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