Pero el tendio una mano para detenerla.

– No importa. ?Quiere usted mucho a su hermano, senorita Cherrell?

Los labios de Dinny temblaron.

– Mucho. Todos le queremos.

– Esta recien casado, ?verdad?

– Si, recien casado.

– ?Resulto herido su hermano durante la guerra? – Si. Una bala le atraveso la pierna izquierda. – ?Ninguna herida en un brazo?

De nuevo la misma insinuacion.

– ?No!

La vibrante respuesta salio como un disparo de fusil. Durante medio minuto se quedaron mirandose uno al otro. Palabras de suplica, de resentimiento, palabras incoherentes subieronle a Dinny a los labios, pero no las pronuncio: se llevo una mano a la boca.

El asintio.

– Gracias, senorita Cherrell, gracias.

Ladeo ligeramente la cabeza, se volvio y, como llevando la cabeza en una bandeja, salio. Cuando hubo traspuesto el umbral, Dinny se cubrio el rostro con las manos. ?Que habia hecho? ?Se lo habia enemistado? Se paso las manos por la cara y luego cerro los punos, abandonando los brazos a lo largo del costado, mirando fijamente la puerta por la que se habia marchado y temblando de pies a cabeza. Paso un minuto. La puerta se abrio de nuevo y Bobbie Ferrar entro. Ella vio sus dientes. Bobbie inclino la cabeza en senal de asentimiento, cerro la puerta y dijo

– Todo marcha bien.

Dinny se volvio de pronto hacia la ventana. Ya habia oscurecido, pero, incluso sin la oscuridad, no habria podido ver. ?Todo marchaba bien! i Todo marchaba bien! Se restrego los ojos con los nudillos, dio media vuelta y tendio ambas manos, sin saber donde las tendia.

No se las sintio estrechar, pero la voz de Bobbie pronuncio

– Soy muy feliz.

– Crei haberlo echado todo a perder.

Entonces ella vio sus ojos, redondos como los de un cachorro.

– Ya habia tomado su decision, pues de otro modo no la hubiera querido ver a usted, senorita Cherrell. Al fin y al cabo, no es tan duro de corazon. Naturalmente, habia hablado de la cuestion con el magistrado, durante el almuerzo… y eso ha servido de mucho.

«Entonces he sufrido esa agonia para nadan – penso Dinny. – ?Ha visto el prefacio, senor Ferrar?

– No, y ha sido mejor asi. Pudiera haber surtido el efecto contrario. En realidad, todo se lo debemos al magistrado. Pero usted le ha causado buena impresion. Ha dicho que es usted transparente.

– ?Oh!

Bobbie Ferrar cogio de encima de la mesa el pequeno libro encarnado, lo miro amorosamente y se lo metio en un bolsillo.

– ?Podemos irnos?

En Whitehall, Dinny aspiro tan hondamente, que todo el, aire oscuro de noviembre parecio entrar en ella como una bebida larga y desesperadamente deseada.

– ?Una oficina de correos! ~- dijo -. Supongo que no cambiara de idea, ?verdad?

– Tengo su palabra. Su hermano, senorita Cherrell, sera puesto en libertad esta misma noche.

– ?Oh, senor Ferrar!

Las lagrimas subieron repentinamente a sus ojos. Se volvio para ocultarlas, y cuando se volvio de nuevo hacia el, ya no estaba alli.

CAPITULO XXXVII

Cuando hubo enviado sendos telegramas a su padre y a Jean y hubo telefoneado a Fleur, a Adrian y a Hilary, Dinny cogio un taxi para ir a Mount Street y, al llegar, abrio la puerta del despacho de su tio. Sir Lawrence, sentado al lado del fuego con un libro que no leia, levanto la mirada.

– ?Que noticias, Dinny? -?Salvado!

– ?Gracias a ti!

– Bobbie Ferrar dice que gracias al magistrado… Por poco lo estropeo todo.

– Toca el timbre.

Dinny lo oprimio.

– Blox, digale a lady Mont que necesito hablar con ella.

– Buenas noticias, Blox; el senorito Hubert esta libre.

– Gracias, senorita… Aposte seis contra cuatro.

– ?Que podemos hacer para celebrarlo, Dinny?

– Yo he de volver a Condaford, tio.

– No antes de haber comido. Te iras borracha. ?Y Hubert? ?Nadie ira a buscarle?

– Tio Adrian me ha dicho que es mejor que yo no vaya; que iria el. Hubert volvera a su casa, naturalmente, y aguardara a Jean.

Sir Lawrence le dirigio una extrana mirada.

– ?Donde emprendera el vuelo?

– Desde Bruselas.

– ?De modo que alli estaba el centro de operaciones! Estoy muy satisfecho de que haya concluido esta empresa por la liberacion de Hubert. Hoy en dia no se puede recurrir a ese tipo de iniciativas.

– Creo que lo habrian hecho – dijo Dinny. Ahora que ya no era necesaria, la idea de la fuga se le antojaba menos descabellada -. ?Oh, tia, Em, que bata tan hermosa!

– Estaba vistiendome. Blox ha ganado cuatro libras. Dinny, dame un beso. Dale uno tambien a tu tio. Das unos besos muy agradables. Tienen cuerpo. Si bebo champana, manana estare enferma.

– Pero, ?lo necesitas, tia?

– Si, Dinny, prometeme que besaras a aquel muchacho.

– ?Te dan comision por los besos, tia?

– No querras decirme que no estaba a punto de hacer huir a Hubert de la carcel, o algo semejante, ?verdad? El rector me dijo que un dia llego de repente con unas largas barbas, cogio una regla de calculo, dos libros sobre Portugal y volvio a marcharse. El rector se sentira aliviado. Estaba adelgazando. De modo que yo creo que tendrias que besarle.

– Un beso, tia, hoy dia ya no significa nada. He estado a punto de besar a Bobbie Ferrar, solo que se ha dado cuenta a tiempo.

– Dinny no quiere que la molesten con todos esos besos - dijo sir Lawrence -. Tiene que posar para mi joven. Ira a Condaford manana.

– Tu tio tiene una mania, Dinny: hace coleccion de damas. Pero ya no quedan, ?sabes? El tipo ha desaparecido. Ahora todas somos hembras.

Dinny partio para Condaford en el ultimo tren de la noche. Habian insistido para que bebiese vino durante la cena. Ahora estaba sentada, presa de una extrana exaltacion sonolienta, sintiendo gratitud hacia cada cosa, hacia el movimiento y hacia la oscuridad iluminada que volaba ante las ventanillas. No lograba retener pequenas sonrisas de alegria. ?Hubert estaba libre! ?Condaford salvada! ?Sus padres otra vez tranquilos!

?Jean feliz! ?Alan desprendido de la amenaza de la deshonra! Sus companeros de viaje, puesto que viajaba en tercera, la miraban con la sincera y furtiva extraneza que tantas sonrisas despertaban en las mentes de personar- obligadas a pagar impuestos. ?Estaba borracha, idiotizada o sencillamente enamorada? A lo mejor, las tres cosas. A su vez los miraba con benevola compasion; evidentemente, ellos no estaban ebrios de felicidad. La hora y media parecio breve y Dinny se apeo en la estacion debilmente iluminada. Se hallaba menos sonolienta, pero afin tan exaltada como cuando habia montado en el tren. En el telegrama habia olvidado anunciar su regreso, de manera

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