pensando en el senor Cameron y resistiendo a la melancolia. ?Que vida habia hecho! ?Y que alegria de vivir habiale quedado! Paso por las cercanias del Long Water, iluminado por los ultimos rayos del sol, y entro en Marylebone. Se le ocurrio que antes de ir al Foreign Office tenia que buscar un lugar donde arreglarse un poco. Escogio los «Almacenes Harridge», y entro. Eran las cuatro y media. Ilis salones estaban llenos de gente. Fue vagando del uno al otro, compro una borla de polvos, tomo un te, se arreglo y salio. Aun faltaba mas de media hora y se puso de nuevo a caminar, a pesar de que ya se sentia cansada. A las seis menos cuarto exactas, dio su tarjeta de visita a un empleado del Foreign Office y la acompanaron a una sala de espera. La sala no tenia espejos, de forma que saco de su bolso la polvera y se miro en el espejito, opaco por el polvo. Le parecio estar descontenta de si misma y le supo mal, aunque, despues de todo, no tuviese que ver a Walter. Tenia que quedarse a un lado y aguardar. ?Siempre aguardar!

– ? Senorita Cherrell!

Bobbie Ferrar estaba en el umbral de la puerta. Presentaba su aspecto habitual. Pero, naturalmente, a el tanto le daba. ?Y por que hubiera tenido que importarle algo?

Bobbie dio unos golpecitos contra el bolsillo superior de su americana.

– Aqui tengo el prefacio. ?Nos vamos?

Y comenzo a hablar del asesinato Chingford. ?Habia seguido el proceso? No, no lo habia seguido. Era un caso realmente estupendo. Repentinamente, anadio

– El boliviano no quiere asumir la responsabilidad, senorita Cherrell.

– ?Oli!

– No tiene importancia -y su rostro se ensancho en una sonrisa.

«Sus dientes son verdaderos – penso Dinny -. Puedo ver algunos empastes de oro.»

Llegaron al Home Office y entraron. Su guia les condujo arriba, por los amplios escalones, y luego por un largo pasillo. Finalmente los introdujo en una habitacion grande y desierta, cuya chimenea, al fondo, estaba encendida. Bobbie Ferrar acerco una silla a la mesa.

– ?El Graphic o esto? – y saco de un bolsillo un pequeno tomo.

– Los dos, por favor – contesto Dinny, con voz debil.

El se los puso delante. «Esto» era una pequena edicion de unos «Poemas de Guerra», encuadernada en rojo.

– Es una edicion original -… explico Bobbie Ferrar -.Lo he descubierto hoy, despues del almuerzo.

– Si – dijo Dinny y se sento.

Una puerta interior se abrio y asomo una cabeza.

– Senor Ferrar, el Secretario de Estado puede recibirle. Bobbie Ferrar le lanzo una mirada, murmuro entre dientes un: «? Animo!» y se marcho.

Jamas en toda su vida hablase sentido tan sola como en esta vasta sala de espera, tan contenta de hallarse sola y tan aterrorizada ante la idea de que la soledad tuviese que acabar. Abrio el tomito y leyo

«He eyed a neat framed notice there

Above the fire place kung to show

Disabled heroes where to go

For arms and legs, with scale of price

And words of dignified advice

Hows officers could get them free…

Elbow or shoulder, hip or knee,

Two arms, two legs, though all were lost,

They'd be restored him free of cost.

Then a girl guide looked in and said… [6]

De repente el fuego crujio y una chispa salto sobre la alfombra. Dinny la vio apagarse con pesar. Leyo otros poemas, pero no los comprendio y, cerrado el tomito, abrio el Graphic. Despues de haber vuelto las paginas desde la primera a la ultima, no habria podido mencionar el tema de ninguna de las ilustraciones. Todas las cosas estaban absorbidas por una sensacion de lejania. Se pregunto si era peor esperar que le operaran a uno mismo o bien a una persona querida; decidio que esto ultimo debia ser lo peor. Parecia que hubiesen transcurrido varias horas. ?Cuanto tiempo hacia que se habia marchado?

?Solo las seis y media! Empujo la silla hacia atras y se puso en pie.

Colgados de las paredes habia retratos de hombres de Estado de la epoca victoriana y Dinny paso del uno al otro, pero todos hubieran podido ser el mismo hombre de Estado con el bigote en las diferentes fases de su desarrollo. Volvio a sentarse, acerco mucho mas la silla a la mesa y apoyo sus codos sobre ella, posando luego la barbilla sobre las manos y sacando un poco de consuelo de esta incomoda posicion. A Dios gracias, Hubert no sabia que se estaba decidiendo su destino y no sufria por esta espera atroz. Dinny penso en Jean y Alan y espero, de todo corazon, que estuviesen preparados para lo peor. A cada momento, lo peor parecia mas seguro. Una especie de somnolencia comenzo a ampararse de ella. ?Jamas volveria…, jamas, jamas! Y espero que no volviese, si tenia que traer la condena a muerte.

Al final tendio los brazos encima de la mesa y apoyo sobre ellos la frente. Permanecio sumergida en esa somnolencia por un espacio de tiempo que no habria sabido precisar. Luego, el ruido de alguien que carraspeaba la sobresalto, y ella dio un respingo hacia atras.

No era Bobbie Ferrar quien estaba cerca de la chimenea, sino un hombre alto, de rostro afeitado y rojizo, cabellos, de plata cepillados en cresta de gallo sobre la frente, con las piernas alargadas y las manos debajo de los faldones del chaque. La miraba con sus ojos gris-claro muy abiertos y los labios entreabiertos como si estuviese a punto de decir algo. Dinny estaba demasiado asustada para levantarse y se quedo sentada, mirandole.

?Senorita Cherrell, no se moleste! – y, como para detenerla, levanto una mano que habia sacado de debajo los faldones. Dinny -permanecio sentada, muy contenta de conservar esa posicion, puesto que habia comenzado a temblar violentamente.

– Ferrar me ha dicho que ha sido usted quien ha -hecho imprimir el Diario de su hermano.

Dinny inclino la cabeza y suspiro hondamente. – ?Ha sido impreso en su forma -original? – ?Exactamente?

– Si. No he alterado ni omitido palabra alguna.

Observando su rostro no veia mas que la redonda brillantez de los ojos y la ligera prominencia del labio inferior. Era casi como mirar a un dios. Tuvo un escalofrio ante la rareza de este pensamiento y sus labios formaron una crispada y desesperada sonrisa.

– He de hacerle una pregunta, senorita Cherrell. Dinny emitio un «si» que fue un suspiro.

– ?Cuantas paginas de este Diario fueron escritas por su hermano despues de su regreso?

Lo miro estupefacta. Luego, el oculto significado de la pregunta le produjo un choque.

– ?Ninguna! ?Oh, ninguna! Todo fue escrito alli – exclamo, levantandose impulsivamente.

– ?Me permite preguntarle como lo sabe usted?

– Mi hermano… – empezo y solamente entonces se dio cuenta del hecho de no poseer mas que la palabra de Hubert -. Eso me dijo mi hermano.

– ?Su palabra es el Evangelio para usted?

Le quedaba bastante sentido del humor para no «sulfurarse», pero irguio la cabeza.

– Evangelio. Mi hermano es un soldado y…

Se paro de golpe y, observando aquel labio inferior tan imperativo, se odio a si misma por haber usado esa formula.

– ?Sin duda! ?Sin duda! Pero, ?se da usted cuenta de la trascendencia de la cuestion?

– Esta el original… – balbuceo Dinny. ?Oh!, ?por que no lo habia traido? – Se ve claramente…-, quiero decir que esta todo manchado y en desorden. Puede usted verlo cuando quiera. ?Tengo que?…

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