cuando uno va en contra de la naturaleza de las cosas. Sin embargo, Katie si que sera una belleza; las mestizas siempre lo son».

Cuando Jimmy salio de Deer Island, le llovieron las ofertas. Jimmy era un profesional; era uno de los mejores ladrones que habia salido de un barrio que tenia una lista de ladrones digna de estar en el Hall of Fame [1]. Incluso cuando Jimmy les decia: «No, gracias, es que desearia vivir dentro de la ley, por la nina, saben…», la gente asentia con la cabeza y sonreia, ya que sabian que volveria a ellos tan pronto como las cosas se pusieran dificiles y tuviera que escoger entre pagar el coche o comprar un regalo de navidades a Katie.

Sin embargo, las cosas no fueron asi. Jimmy Marcus, un genio del allanamiento de morada, que habia dirigido su propia banda de hombres antes de alcanzar la edad legal para beber, el hombre que estaba detras del robo a mano armada de Keldar Technics y de un monton de robos mas, fue tan recto que llego un momento en que la gente se creia que se mofaba de ellos. Incluso circulaban rumores de que Jimmy habia empezado a hablar con Al DeMarco para comprarle la tienda, permitiendo que el viejo se retirara como propietario oficial y dandole un monton de dinero que, segun se suponia, Jimmy habia guardado del robo de Keldar. Jimmy de tendero, con un delantal… «Si, si, seguro», decian.

Durante la recepcion que Val y Terese hicieron en el Knights of Columbus [2] de Dunboy, Jimmy saco a bailar a Annabeth y todo el mundo lo vio de inmediato: como se movian al ritmo de la musica, como inclinaban la cabeza mientras se miraban fijamente a los ojos, valientes como toros, la dulzura con la que le acariciaba la espalda con la palma de la mano y como Annabeth se apoyaba en ella. Alguien comento que se conocian desde que eran ninos, aunque el era un poco mayor que ella. Tal vez ese sentimiento siempre habia estado alli, esperando a que la portorriquena se fuera o que Dios la mandara a buscar.

Habian bailado al son de una cancion de Rickie Lee Jones, que por alguna razon que Jimmy desconocia, tenia unas frases que siempre le llegaban a lo mas hondo: «Bien, adios, chicos / Oh, mis amigos I Oh, mis Sinatras de ojos tristes…». Se la canto a Annabeth mientras se balanceaban, relajado y comodo por primera vez despues de muchos anos; tambien le canto el estribillo acompanando el susurro triste de Rickie: «Ha pasado tanto tiempo, avenida solitaria…», sonriendole a aquellos ojos verdes transparentes; ella tambien le sonreia, de una forma dulce y reservada que le habia hecho estallar el corazon; los dos se comportaban como si ya hubieran bailado juntos un centenar de veces, a pesar de que era el primer baile.

Fueron los ultimos en marcharse. Se sentaron en el amplio porche de la entrada, bebieron cervezas sin alcohol y fumaron, y saludaron a los otros invitados a medida que estos se dirigian hacia sus coches. Permanecieron alli fuera hasta que la noche de verano empezo a refrescar y Jimmy le puso la chaqueta por encima de los hombros. Le explico cosas sobre la carcel y Katie, sobre los suenos de Marita de tener cortinas color naranja; ella, a su vez, le conto como habia sido su infancia, creciendo en una casa llena de hermanos maniacos, los detalles de su unico baile de invierno en Nueva York antes de darse cuenta de que no era lo suficientemente buena para estudiar en la escuela de enfermeria.

Cuando los responsables del Knights of Columbus les hicieron abandonar el porche, fueron paseando hasta su casa y llegaron justo en el momento en que Val y Terese tenian la primera discusion de casados. Cogieron un paquete de seis cervezas del frigorifico de Val y se marcharon; se encaminaron poco a poco hacia la oscuridad del autocine Hurley y, sentandose junto al canal, escucharon su triste chapaleteo. Hacia ya cuatro anos que habian cerrado el cine, y cada manana se dirigian hacia alli pequenas excavadoras amarillas y camiones de escombros del Departamento de Parques y Jardines y del Departamento de Transporte, y convertian toda la zona que habia alrededor del Pen Channel en una explosion de suciedad y de trozos de cemento. Se rumoreaba que iban hacer un parque, pero en aquel momento tan solo era un autocine destrozado y la pantalla aun aparecia blanca por detras de las enormes pilas de escombros color pardo y de montanas negras y grises de restos de asfalto.

– Dicen que uno lo lleva en la sangre -espeto Annabeth.

– ?El que?

– El hecho de robar, de cometer delitos…-se encogio de hombros- Ya sabes a lo que me refiero.

Jimmy le dedico una sonrisa desde detras de la botella de cerveza y tomo un trago.

– ?Estas de acuerdo? -le pregunto.

– No se -ahora le toco a el encogerse de hombros-. Tengo muchas cosas en la sangre, pero eso no quiere decir que tengan que salir a la luz.

– No te estoy juzgando, creeme.

Tanto su rostro como su voz eran del todo ilegibles y el se preguntaba que deseaba que le dijera: ?Que aun seguia con ese estilo de vida? ?Que ya lo habia dejado? ?Que la haria rica? ?Que nunca jamas volveria a perpetrar un delito?

Desde lejos, Annabeth tenia un rostro tranquilo y poco expresivo, pero cuando uno la miraba de cerca, veia muchas cosas que no llegaba a comprender, y tenia la sensacion de que la mente le iba a toda velocidad y que no la dejaba descansar.

– Lo que quiero decir es que… El baile lo lleva uno en la sangre, ?no es verdad?

– No lo se. Supongo que si.

– Sin embargo, ahora que te han dicho que ya no puedes seguir haciendolo, lo has dejado, ?no es asi? Es posible que duela, pero te has enfrentado con el problema.

– Bien…

– De acuerdo -dijo, y saco un cigarrillo del paquete que estaba entre ellos encima del banco de piedra-. Si, era muy bueno en lo que hacia, Pero tuve problemas, mi mujer se murio y eso jodio la vida de mi hija -se encendio el cigarrillo y espiro profundamente mientras intentaba explicarselo del mismo modo que se lo habia dicho a si mismo un centenar de veces-: No pienso volver a joder la vida de mi hija, ?entiendes Annabeth? No soportaria que yo tuviera que pasar dos anos mas en la carcel. Mi madre no esta bien de salud. Si ella muriera mientras yo estuviera encerrado, se llevarian a mi hija, estaria bajo tutela del estado y acabarian llevandola a algun centro tipo Deer Island para ninos. No podria soportarlo, asi de simple. Este o no en la sangre, o cualquiera que sea el motivo, joder, te aseguro que no tengo ninguna intencion de meterme en lios.

Jimmy le sostuvo la mirada mientras ella le examinaba el rostro. Sabia que buscaba algun defecto en su explicacion, algun tufillo o mentira, y el esperaba haber conseguido que el discurso fuera coherente. Se lo habia estado pensando durante suficiente tiempo, preparandose para un momento como aquel. Y en realidad casi todo lo que habia dicho era verdad. Lo unico que habia omitido era una cosa que se habia prometido a si mismo que nunca contaria a nadie, no importara quien fuera. Asi pues, la miro a los ojos, espero a que ella tomara una decision, intentando apartar las imagenes de aquella noche junto al rio Mystic (un tipo de rodillas, con la saliva goteandole barbilla abajo, el sonido chirriante de sus suplicas), imagenes que seguian intentando taladrarle la cabeza como si fueran brocas.

Annabeth cogio un cigarrillo. El se lo encendio y ella confeso:

– Estuve loca por ti, ?lo sabias?

Jimmy mantuvo la cabeza erguida, la mirada tranquila, a pesar de que la sensacion de alivio que le recorrio el cuerpo era propia de un avion a reaccion. Solo le habia dicho media verdad. Si las cosas salian bien con Annabeth, ya no tendria que volver a repetirlo.

– ?No puede ser! ?Por mi?

Asintio con la cabeza y anadio:

– ?Te acuerdas de cuando pasabas por casa a ver a Val? ?Dios mio! ?Cuantos anos deberia de tener…? ?catorce, quince? ?Jimmy, ni te lo creerias! Solo con oir tu voz en la cocina, ya me ponia a temblar.

– ?Joder! -le toco el brazo-. Pero ahora no estas temblando.

– Si que lo estoy, Jimmy. Sin ninguna duda.

Y Jimmy sintio como el episodio del Mystic se alejaba de nuevo, se desvanecia entre las sucias profundidades del canal, desaparecia y se instalaba en la distancia, alli donde debia estar.

Cuando Sean regreso al sendero del parque, la experta de la Policia Cientifica estaba alli. Whitey Powers

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