paso entre sus labios.

– ?Del corazon sangrante? Como olvidar algo tan… descriptivo. -Parecio abrasarla con la mirada-. Lo recuerdo todo, Catherine. Cada mirada. Cada palabra. Cada sonrisa. Recuerdo la primera vez que te toque. La ultima. Y cada caricia que compartimos en ese tiempo.

Catherine cerro con fuerza los punos para evitar asi toquetearse el vestido.

– Encontre tu nota. El anillo. Y las cartas. Yo… no tenia la menor idea de que tus sentimientos hacia mi se remontaran a tan atras.

– ?Es de eso de lo que quieres hablarme? ?Del hecho de que lleve amandote desde hace anos y no meses?

– Si. No. -Nego con la cabeza-. Lo que pretendo es hablarte de cuales son mis sentimientos.

La mirada de Andrew se agudizo.

– Te escucho.

– Cuando te fuiste de mi habitacion, me pase el resto de la noche pensando y finalmente llegue a lo que me parecio una decision logica. Fui a comunicartela, pero ya no estabas. Entonces lei tu nota, vi las cartas que yo habia escrito y todas mis fantasticas decisiones se desintegraron. Solo me quedo una innegable e irrefutable verdad: que ya habia cometido un terrible y espantoso error rechazandote y que a punto habia estado de cometer otro. No deseo cometer mas errores de esa clase. -Inspiro hondo antes de proseguir-. Andrew, ?quieres casarte conmigo?

En toda su vida Catherine no se habia enfrentado a un silencio mas ensordecedor. El corazon parecia habersele detenido y haberse lanzado al galope a la vez mientras el la observaba con expresion cauta. Por fin, hablo.

– ?Como dices?

Catherine arqueo una ceja, dando muestras de su mejor imitacion de el.

– ?Acaso desconoces el significado del verbo «casarse»? ?Tengo acaso que ir a buscar un diccionario?

– Quiza deberias, porque me gustaria estar seguro de que hablamos de la misma palabra.

– No hace mucho, una persona muy sabia me dijo que el matrimonio significa cuidarse mutuamente. Amarse. Compartir la risa y ayudarse en el dolor. Saber siempre que hay otra persona a tu lado. Que esta ahi para ti. -Dio un paso hacia el, luego otro-. Significa que quiero que seas mi marido. He hablado con Spencer, y quiere que seas su padre. Y quiero ser tu esposa. ?Lo entiendes ahora?

Andrew trago saliva y movio la cabeza en senal de asentimiento.

– Has dejado escaso margen a una posible interpretacion erronea, aunque no estoy seguro de por que mi nota ha precipitado este cambio en tu corazon.

– Pensar en que me has amado durante todos estos anos… me ha llegado al corazon. Me ha abierto el corazon. Me he dado cuenta, con dolorosa claridad, de que si hubieras sido mi esposo, mis sentimientos hacia el matrimonio habrian sido muy distintos. Me he dado cuenta de que deseaba que hubieras sido mi esposo. Mis temores han hecho que negara mis sentimientos por ti, pero ya no puedo seguir negandomelos. Te amo, Andrew.

Andrew cerro brevemente los ojos, apretandolos con fuerza. Cuando los abrio, Catherine se quedo sin aliento al percibir la cruda emocion que ardia en su mirada. Tendiendole los brazos, la atrajo hacia el y se unieron en un largo y profundo beso que le dejo temblando las rodillas.

– Otra vez -dijo con voz ronca Andrew contra los labios de ella-. Dilo otra vez.

– Te amo, Andrew.

– Otra vez.

Catherine le empujo el pecho con las manos y le miro cenuda.

– No hasta que respondas a mi pregunta.

Andrew le besuqueo el cuello, dando al traste con la capacidad de concentracion de Catherine.

– ?Pregunta?

Lo empujo aun mas y lo miro airada.

– Si. ?Te casaras conmigo?

– Ah, esa pregunta. Antes de que te de una respuesta, quiero asegurarme de que entiendas varias cosas.

– ?Como por ejemplo?

– Me temo que ya no estoy yo solo. Ahora vengo con un perro.

Un extremo de la boca de Catherine se curvo.

– Entiendo. Acepto los terminos. ?Que mas?

– A pesar de que gozo de una buena posicion economica, deberias saber que desgraciadamente sere quinientas libras mas pobre de lo que tenia planeado puesto que no podre entregar a Charles Brightmore a lord Markingham y a sus amigos.

– Puesto que te estoy profundamente agradecida por ello, no puedo mostrarme quisquillosa con la cuestion del dinero.

– Excelente. A fin de que ni Markingham ni ningun otro instiguen otra investigacion, les ofrecere pruebas irrefutables de que Brightmore ha huido a algun pais remoto sin ninguna intencion de regresar.

– ?Y como obtendras tal prueba?

– Soy un tipo muy listo.

– No encontraras en mi la menor resistencia.

Andrew sonrio.

– Esta manana pinta cada vez mejor.

– ?Hay algo mas que tenga que entender?

– Si. Todavia me debes el pago de una deuda y te lo exigire. -Sus ojos se oscurecieron y la atrajo mas hacia el-. Al completo.

Un escalofrio de placer recorrio la columna de Catherine.

– Una exigencia ciertamente atroz, pero te sera concedida. ?Algo mas?

– Una cosa mas. Creo que me gustaria seguir tus pasos literarios e intentar escribir un libro. Se me ha ocurrido el titulo perfecto: Guia del caballero para la supervivencia masculina y la comprension de las mujeres.

Catherine le miro fijamente, con expresion perpleja.

– Bromeas.

– No. Tras nuestro cortejo, me considero todo un experto.

Aunque quiza la idea no fuera del todo disparatada…

– Lo discutiremos -dijo por fin.

– Bien. Y quiza deberias plantearte escribir una segunda parte de la Guia. Estaria mas que encantado de ayudarte con tus investigaciones. Ahora, en lo que concierne a tu propuesta… la respuesta es un si rotundo. Para mi seria un honor casarme contigo.

Catherine solto una bocanada de aire que no era consciente de estar conteniendo. Deslizo entonces la mano en el bolsillo de su vestido y saco el anillo de esmeraldas.

– ?Me lo pones? -pregunto.

– Sera un placer. -Sujetandose las flores bajo el brazo, le deslizo el anillo en el dedo-. ?Te gusta? Porque si no te gusta, puedo regalarte otro…

– Es perfecto -le tranquilizo Catherine, moviendo la mano adelante y atras de modo que la luz quedara prendida en las distintas facetas de la gema-. Es mi tesoro mas preciado.

Andrew capturo su mano y se la llevo a la boca, depositando un calido beso en la palma. Una sonrisa lenta y devastadora asomo a sus labios.

– Nunca me habian regalado flores ni me habian hecho una propuesta de matrimonio.

El calor y la felicidad la inundaron y le devolvio la sonrisa.

– Si, bueno, ya sabes cuanto me gusta ser la primera.

– Mi querida Catherine -dijo Andrew con los ojos colmados de amor y de pasion-, siempre lo has sido.

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