con vida de aquel lio? Carmichael estaba a menos de dos metros, directamente delante del establo donde se ocultaba Spencer. De pronto le llego un golpe de inspiracion y se aclaro la garganta.

– Sabe que le colgaran por esto.

– Al contrario. Sydney Carmichael simplemente desaparecera y nunca volvera a saberse de el.

– No contaria con ello. Apuesto a que no tardara en verse colgando de la horca. -Acompano su afirmacion chasqueando la lengua-. Si, balanceandose, exactamente como la puerta de un viejo establo, como solia hacerlo mi viejo amigo Spencer. Y como probablemente estaria encantado de hacerlo de nuevo. En este preciso instante.

Oyo la afilada inspiracion de Catherine, pero no se atrevio a mirarla. Un destello de confusion asomo a los ojos de Carmichael, cuya mirada se endurecio de inmediato.

– Extrana eleccion para sus ultimas palabras, aunque que importa ya. Su vida ha terminado -anuncio, apuntando directamente la pistola al pecho de Andrew.

En apenas un segundo, la puerta del establo situado detras de Carmichael se abrio de improviso, golpeandole con fuerza en la espalda y haciendole perder el equilibrio. Andrew se lanzo hacia delante. Antes de que Carmichael pudiera recuperar el equilibrio, los punos de Andrew encontraron su objetivo con dos golpes rapidos y potentes que impactaron en la mandibula y en el diafragma de Carmichael. Este solto un grunido y la pistola se deslizo de sus dedos, aterrizando en el suelo de madera con un golpe sordo. Andrew lo cogio por la corbata y cuando habia echado el puno atras para darle un nuevo golpe, Carmichael puso los ojos en blanco, colgando inerte de la mano de Andrew. Este lo solto y Carmichael se derrumbo en el suelo, vio a Catherine quien, respirando pesadamente y con los ojos brillantes en una combinacion de furia y triunfo, sostenia entre las manos un cubo lleno de pienso que mostraba una ostensible abolladura.

– Toma, bastardo -dijo al hombre caido.

Andrew quiso decir una docena de cosas, pero al abrir la boca, lo que salio de ella fue:

– Lo ha derribado.

– Le debia una. ?Esta bien?

Andrew parpadeo.

– Si. ?Y usted?

– Si, estoy bien. Solo lamento no haber tenido la oportunidad de haberle dado dos veces.

Con el cubo abollado en la mano, los ojos encendidos, las mejillas arreboladas, estaba magnifica… como una Furia vengadora, presta a derribar a cualquier canalla que se atreviera a cruzarse en su camino.

– Desde luego, cualquiera diria que no necesita las lecciones de pugilismo de las que habiamos hablado.

Spencer corrio hacia ellos, palido y con los ojos como platos.

– ?Esta muerto? -pregunto.

– No -dijo Andrew-, aunque gracias a tu madre tendra un espantoso dolor de cabeza cuando vuelva en si.

Catherine solto el cubo, que fue a dar contra el suelo con un ruido metalico, y luego cubrio la distancia que la separaba de Spencer con dos espasmodicos pasos. Abrazandolo acaloradamente, pregunto:

– ?Estas bien, carino?

Spencer asintio.

– Me alegro de que no estes herida, mama. -Miro a Andrew por encima del hombro de Catherine-. Y usted tambien, senor Stanton.

Cuando Catherine solto a su hijo, Andrew puso una mano en el hombro de Spencer y sonrio.

– Estoy bien, gracias a ti. Me has salvado la vida. Y tambien la de tu madre.

El carmesi tino las palidas mejillas de Spencer.

– Queria matarle. Y tambien a mama.

– Si, asi es. Has sido extraordinariamente valiente, conservando la calma y manteniendote en silencio para luego actuar en el momento justo. Estoy muy orgulloso de ti, y en deuda contigo.

Spencer se sonrojo aun mas.

– Solo he hecho lo que usted me ha indicado.

– Y lo has hecho de un modo brillante.

Una sonrisa ilumino los labios del joven.

– Me parece que hemos formado un buen equipo.

– No me cabe duda.

Andrew senalo a Carmichael con la cabeza.

– Tenemos que atarle y luego ir a ver como esta Fritzborne.

En cuanto Carmichael estuvo perfectamente atado y amordazado, encontraron a Fritzborne detras de los establos, debatiendose denodadamente contra las cuerdas que lo ataban. Andrew corto las ligaduras con su cuchillo, explicandole rapidamente lo ocurrido. Cuando Fritzborne estuvo libre, Andrew le ayudo a levantarse.

– ?Se encuentra lo bastante bien como para ir a caballo en busca del magistrado?

– Nada en el mundo podria causarme mayor placer -le aseguro Fritzborne.

Despues de ver marcharse a Fritzborne, Andrew se volvio hacia Catherine. Se cruzo de brazos para evitar tocarla.

– Y ahora, quiza pueda decirme por que ha salido de casa, lady Catherine.

– Mire por la ventana y le vi entrando en los establos. Queria hablar con usted antes de que se… marchara. -Alzo la barbilla-. No sali de casa desarmada. Desgraciadamente, Carmichael me vio cuando intentaba sacar la pistola del bolsillo.

– ?La pistola?

– Si. Y estaba decidida a usarla en caso de considerarlo necesario.

– Ya… veo. ?De que queria hablar conmigo? -Busco su mirada, esperando una senal que le indicara que quiza habia cambiado de opinion, pero la expresion de Catherine no revelaba nada.

– ?Le importaria que hablaramos de esto en casa? -La mirada de Catherine regreso al cuerpo atado de Carmichael y la recorrio un visible escalofrio.

– Por supuesto que no. Pero tengo que quedarme aqui hasta que llegue Fritzborne con el magistrado. Estoy seguro de que querra tambien hablar con Spencer y con usted.

– Estoy de acuerdo. -Y volviendose hacia Spencer, dijo-: ?Me acompanas, carino? Hay algo de lo que quiero hablar contigo.

Spencer asintio. Catherine paso el brazo de su hijo por debajo del suyo y Andrew los vio alejarse, resucitando en el el dolor de saber que despues de ese dia, no volveria a ser parte de sus vidas.

Catherine se sobresalto cuando alguien llamo a la puerta del salon. Tras pasarse las manos por el vestido de muselina de color melocoton y pellizcarse las mejillas para asegurarse de que no estaba demasiado palida, dijo:

– Pase.

La puerta se abrio y Andrew aparecio en el umbral. Andrew, ese hombre alto, solido, masculino y oscuramente atractivo, con sus cabellos de ebano desordenados como si se los hubiera mesado con los dedos. A Catherine se le entrecorto el aliento y tuvo que posar las manos sobre su abdomen en un intento por calmar los espasmos que la sacudian.

– ?Se ha ido ya el magistrado? -pregunto.

– Si. Entre lo que tu, Spencer, Fritzborne y yo le hemos contado, Carmichael no volvera a salir jamas de una celda. -Cruzo despacio la habitacion, deteniendose en el otro extremo de la alfombra Axminster que les separaba-. Decias que querias hablar conmigo.

– Si. Antes de que Spencer y yo regresaramos a casa, hemos dado un paseo por los jardines y hemos tenido una larga charla. -Se volvio, se dirigio a la mesita de cerezo situada junto a la ventana y cogio un ramo de flores cuyos tallos estaban atados con un lazo de saten rojo. Al volver, tendio el ramo, rezando para no parecer tan nerviosa como lo estaba-. Las he cogido. Para ti.

La sorpresa destello en los ojos de Andrew al tomar las flores.

– Dicentra spectabilis -dijo con voz ronca.

– Asi que te acuerdas del nombre en latin.

Andrew clavo la mirada en las flores rojas y blancas y un sonido carente del menor atisbo de humor se abrio

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