ovalada engastada en un sencillo aro de oro que ahora reposaba en la callosa mano de Andrew. Debia de haber comprado la gema mientras estaba en Londres. Las lagrimas intentaron abrirse paso desde el fondo de sus ojos. Desconsuelo, confusion e inesperado anhelo… todo ello entro en conflicto en su interior. Sus emociones fueron de pronto un revoltijo a flor de piel, cada una exigiendo su atencion hasta que simplemente se vio incapaz de diferenciarlas entre si.

– Ya sabes lo que opino del matrimonio.

– Si. Y, dada tu experiencia, tus reservas son comprensibles. Pero tambien sabes como me siento yo al respecto. Te dije en el carruaje, durante el viaje de regreso a Little Longstone, que queria una esposa y una familia. ?Creias acaso que soy la clase de hombre que podria comprometerte para luego dejarte?

– Andrew, no soy ninguna joven y virginal senorita a la que un hombre pueda «comprometer». Soy una mujer moderna y adulta que disfruta de una aventura placentera. Cuando dijiste que querias una esposa, describiste un parangon de perfeccion de cuya existencia dudo mucho.

– No. La estaba mirando en ese preciso instante. Tu eres todas las cosas que describi entonces, y muchas mas: una mujer con sus defectos, que, a pesar de ellos, a causa de ellos, es la mujer perfecta para mi. Te pido que reconsideres tu opinion sobre el matrimonio y que, a cambio, consideres tus sentimientos hacia mi. -La estudio atentamente durante varios segundos y luego dijo con voz queda-: Se que te importo. Nunca me habrias llevado a tu cama, ni me habrias dejado entrar en tu cuerpo, de no ser asi.

El calor arrobo las mejillas de Catherine.

– No te tome como amante para conseguir una propuesta de matrimonio.

– Lo se. Y no hay ninguna necesidad de que lo hagas. Te ofrezco mi propuesta por propia voluntad. Y con toda mi esperanza de que, a pesar de todo lo que te he contado esta noche, aceptaras.

– Cuando iniciamos nuestra relacion, ambos acordamos que seria algo temporal.

– No, tu insististe en que fuera temporal. Yo nunca estuve de acuerdo. Y, aunque hubiera sido de otro modo, en este mismo instante reniego formalmente de lo dicho. No quiero nada temporal. Quiero el para siempre. Quiero ser tu marido. Quiero ser un padre para Spencer… si el lo desea tambien. Al menos, quiero ser su amigo y paladin. -Inspiro hondo-. Te he contado mi pasado. Te he dicho lo que siento por ti. Mi corazon y mi alma te pertenecen. Dime lo que quieres hacer con ellos.

Catherine tenso las rodillas en un intento por conseguir que dejaran de temblar.

– No comprendes lo que me estas pidiendo, y sin duda no sabes lo que el matrimonio significa para una mujer. Significa que dejaria de existir. Que lo perderia todo porque ya nada me perteneceria. Perteneceria a mi esposo. Mi marido podria desterrarme al campo, descuidar a nuestro hijo, vender mis posesiones personales… y todo eso legalmente. Ya he pasado por ese horror. No necesito mas dinero, ni mas contactos familiares. El matrimonio no tiene nada que ofrecerme.

– Esta claro que utilizamos diccionarios distintos porque para mi el matrimonio significa cuidar el uno del otro. Querernos juntos. Compartir las risas y ayudarnos en el dolor. Saber que siempre habra otra persona a tu lado. Pendiente de ti.

– Debo reconocer que tu definicion suena maravillosa, pero la experiencia me ha demostrado que el matrimonio nada tiene que ver con eso. ?Sinceramente crees que tu definicion se ajusta a la realidad?

– Supongo que eso depende de por que se casa una persona. Si nos casamos por dinero o buscando una posicion social, estoy entonces de acuerdo en que podria resultar desastroso. Pero si el matrimonio esta basado en el amor y en el respeto, porque no puedes imaginarte pasar un solo dia de tu vida sin la persona a la que has entregado tu corazon, entonces si, creo que puede ser todas esas cosas hermosas. -Andrew tendio la mano en busca de la de ella. Tras dejar suavemente el anillo en su palma, cerro los dedos de Catherine y anido su puno cerrado entre sus manos-. Catherine, si decides que no quieres casarte conmigo, que sea porque no pertenezco a tu clase social, porque no soy mas que un vulgar norteamericano, porque tengo un pasado turbio, porque no me quieres. Pero, por favor, no me rechaces porque crees que te arrebatare cosas cuando lo unico que quiero es darte. Dartelo todo. Siempre. Quiero cuidar de ti.

– Creo haber demostrado con bastante claridad durante la ultima decada no necesitar que ningun hombre cuide de mi. -Una enfermiza sensacion de perdida la invadio al ver el dolor que asomaba a los ojos de Andrew. Cierto, ella no queria un marido, aunque tambien se dio cuenta, con repentina y punzante claridad, de que no queria que Andrew desapareciera de su vida-. ?Por que no seguimos como hasta ahora? -dijo, odiando la nota de desesperacion que oyo en su voz.

– ?Teniendo una aventura?

– Si.

Catherine contuvo el aliento, a la espera de su respuesta. Finalmente, y en voz muy baja, Andrew dijo:

– No. No puedo hacerte eso. Ni a Spencer. Ni a mi mismo. Si seguimos asi, llegara el momento en que alguien descubrira la verdad, y las habladurias no harian mas que perjudicaros a ti y a Spencer. No tengo el menor deseo de seguir escondiendome, viviendo contigo momentos robados y manteniendo mis sentimientos ocultos. Lo quiero todo, Catherine. Todo o… nada.

El suelo parecio moverse bajo los pies de Catherine. La firmeza de la voz y de los ojos de Andrew era inconfundible, y de pronto fue presa de una oleada de rabia.

– No tienes ningun derecho a darme semejante ultimatum.

– No estoy de acuerdo contigo. Creo que el hecho de estar dolorosamente enamorado de ti y de haber compartido tu cama me dan ese derecho.

– El hecho de que hayamos compartido una cama no cambia nada.

– Te equivocas. Lo cambia todo. -Andrew le apreto un poco mas la mano-. Catherine, o bien sientes lo mismo que yo, o no lo sientes. O me amas, o no. O quieres pasar el resto de tu vida conmigo, o no.

– ?Y esperas que te de una respuesta enseguida? ?Todo o nada?

– Si.

Catherine clavo en el la mirada, sintiendo la presion del anillo contra la palma de la mano. Una miriada de conflictivas emociones la golpearon en todas direcciones, pero aparto a un lado el revoltijo de sentimientos y se centro en la rabia: hacia el por obligarla a tomar una decision como esa y hacia ella misma por haberse permitido vacilar. Su eleccion estaba clara. No queria un marido. Entonces, ?por que le resultaba tan condenadamente dificil decir la palabra precisa que le alejaria de ella?

«Porque esa palabra provocaria justamente eso… alejarle de ella.»

Se humedecio los labios secos.

– En ese caso, me temo que es nada.

Pasaron varios largos y silenciosos segundos y Catherine vio como la expresion de Andrew se tornaba vacia, como si hubiera corrido una cortina sobre sus sentimientos. Le palpito un musculo en la mandibula y su garganta se acciono en lo que Catherine supuso seria un intento por tragarse su decepcion. Despacio, le solto la mano al tiempo que en el interior de Catherine una vocecilla gritaba «?No!», aunque mantuvo firmemente cerrados los labios para contenerla. Abrio lentamente la mano y le mostro el anillo. El miro fijamente la gema durante tanto tiempo que Catherine penso que se negaria a aceptarla. Y, de hecho, eso fue lo que hizo, tendiendo finalmente la mano y obligandola a que fuera ella quien depositara el anillo en su palma. Despues, Andrew se retiro apresuradamente y salio de la habitacion, cerrando con suavidad la puerta a su espalda sin volver la vista atras.

Sin apartar los ojos de la puerta cerrada, Catherine se hundio en el sofa. El calor que la mano de Andrew habia dejado en la suya en el punto donde se la habia tomado apenas segundos antes habia desaparecido, dejando un escalofrio que se extendio por todo su cuerpo. Su mente, su logica, le decian que habia tomado la decision correcta. Sin embargo, el debilitador dolor que le embargaba el corazon indicaba que quiza acababa de cometer un terrible error.

Justo antes del amanecer, Andrew estaba sentado en el borde de la cama, con los codos sobre las rodillas y las manos acunando su dolorida cabeza. Sin embargo, el dolor sordo que le aquejaba las sienes no era nada comparado con el dolor desgarrador que le aprisionaba el pecho.

?Como era posible que el corazon le doliera tanto y que aun asi siguiera latiendole? Lamentaba no poder achacar el resultado de su propuesta a su precipitada formulacion, pero sospechaba que incluso aunque hubiera tardado meses en cortejar a Catherine, al final, ella le habria rechazado de todos modos.

«Pero, al menos, podrias haber disfrutado de esos meses con ella -se mofo de el su voz interna-. Ahora no

Вы читаете Un Amor Escondido
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату