por el susto de esa noche.

Spencer se movio en la cama, solto un pequeno suspiro, volvio a relajarse y Catherine cerro con fuerza los ojos. Habia creido que el peligro habia pasado, estaba convencida de que el disparo del que habia sido victima en Londres fue un accidente fortuito, en absoluto relacionado con la Guia ni con Charles Brightmore, pero obviamente se equivocaba. Dios santo, ?que habia hecho? La culpa y la autorrecriminacion le ataron un nudo corredizo al cuello, estrangulandola. Andrew podia facilmente haber sido asesinado. Ella podria haberse ahogado. Y solo Dios sabia que clase de amenaza habian forjado sus actos sobre su familia.

Mantuvo su silenciosa vigilia mientras el corazon se le aceleraba con cada crujido de la casa, rezando por la seguridad de Andrew. Cuando por fin oyo que llamaban con suavidad a la puerta, las rodillas le temblaron de puro alivio.

– Catherine, soy yo -se oyo la voz queda de Andrew desde el pasillo.

Sosteniendo en alto la lampara de aceite, abrio la puerta, totalmente convencida de no haberse sentido mas aliviada de ver a alguien en toda su vida. Andrew le indico que se uniera a el en el pasillo. En cuanto lo hizo, cerro con cuidado la puerta de la habitacion de Spencer, luego la llevo en silencio directamente a la habitacion de Catherine. Cuando la puerta se cerro tras ellos y se vieron al amparo de la intimidad, Andrew dejo las lamparas de ambos sobre la repisa de marmol que coronaba la chimenea y la estrecho entre sus brazos.

Catherine deslizo sus brazos alrededor de la cintura de el y apoyo la cabeza sobre su pecho, absorbiendo los intensos y acelerados latidos de su corazon contra su mejilla.

– La casa no corre peligro -dijo Andrew con suavidad, calidas palabras contra las sienes de ella-. Esta libre de intrusos. He cerrado bien todas las puertas y ventanas. He despertado a Milton, le he informado de lo ocurrido y le he dado instrucciones de que informe a su vez al resto del servicio por la manana. -Se inclino hacia atras y con el dedo alzo la barbilla de Catherine-. Se quien ha hecho esto, Catherine. Le he visto. Le he reconocido. Y te juro que lo encontrare.

– ?Quien es?

– Un hombre llamado Sydney Carmichael.

Catherine fruncio el ceno.

– Estuvo presente en la fiesta de cumpleanos de mi padre y en la velada celebrada por el duque.

– Si. Es, o mejor dicho, era uno de los potenciales inversores del museo. Hable ayer mismo con el en Londres. -Un profundo ceno le arrugo la frente-. A pesar de la oscuridad, se que era el. Lo que no entiendo es por que haria algo asi. Ni siquiera habia donado fondos para el museo, de modo que no puede lamentar la perdida de una sola libra.

A Catherine el estomago le dio un vuelco. Lamentaba tener que decirselo, pero no tenia eleccion. Inspiro hondo y dijo:

– Temo que yo si se por que, Andrew.

La mirada de el se aguzo, pero en vez de exigir una explicacion inmediata, dijo:

– Estoy ansioso por saber lo que piensas, pero antes tenemos que ponerte ropa seca para que no enfermes. Date la vuelta.

Por primera vez, Catherine reparo en que el se habia cambiado de ropa y se habia puesto una camisa de lino y unos pantalones limpios. Se volvio y sintio como el le desabrochaba habilmente la fila de botones de la espalda del vestido. Despues de que el la ayudara a quitarse el vestido y la ropa interior mojados, Catherine se hizo con un camison, un salto de cama y unas zapatillas. Mientras Andrew colocaba su ropa mojada en el respaldo de un sillon de orejas y avivaba el fuego, que para entonces apenas ardia en la chimenea, ella se vistio rapidamente.

Tras anudarse el salto de cama a la cintura, Catherine se encamino a la chimenea, donde se tomo un instante para dejar que las llamas terminaran de liberarla de los ultimos escalofrios. Cuando entro en calor, se volvio hacia Andrew. El fuego envolvia la estancia en un parpadeante halo dorado, tinendo los rasgos de Andrew de contrastados marcos de sombra y de luz. Tenia los ojos serios y prenados de preguntas mientras la observaban, aunque no decia nada, esperando pacientemente a que ella hablara.

Juntando las nerviosas manos a la altura de la cintura, Catherine dijo:

– No estoy segura de como decirte esto, como no sea decirtelo tal como es. Sabes bien que hay mucha gente que se ha sentido airada por la Guia femenina y que existe un gran interes por el autor.

– Si.

– Y que se han emitido amenazas contra la vida de Charles Brightmore.

Andrew entrecerro los ojos.

– ?Amenazas contra su vida? ?Y tu como lo sabes?

– Oi hablar a lord Markingworth, a lord Whitly y a lord Carweather durante la fiesta de cumpleanos de mi padre. Dijeron que querian ver muerto a Charles Brightmore y tambien les oi mencionar a un investigador al que habian contratado para dar con el. Ahora veo con claridad que el tal senor Carmichael es el hombre al que contrataron, y esta noche a punto ha estado de llevar a buen puerto su mision. Una vez mas. -La mirada de Catherine se clavo en la de el-. Yo soy Charles Brightmore, Andrew. Fui yo quien escribio la Guia y quien la publico bajo seudonimo.

De todas las reacciones que hubiera podido esperar, ninguna se acercaba a esa… calma inmutable.

– Debo decir que no pareces muy sorprendido.

– Confieso que no lo estoy, puesto que albergaba mis sospechas. El lapsus verbal que tuviste la otra noche me puso en sobreaviso. Esta manana he visitado a lord Bayer antes de salir de Londres.

– ?A mi editor? -pregunto Catherine, perpleja-. Pero sin duda no me habra identificado como Charles Brightmore.

– No. Yo sabia que no lo haria y tampoco deseaba pillarme los dedos preguntandoselo directamente. Sin embargo, cuando mencione casualmente tu nombre durante nuestra conversacion, el senor Bayer se tino de un interesante tono rosaceo. Y cuando mencione otro nombre, se sonrojo definitivamente.

– ?Otro nombre?

– Sin duda no escribiste la Guia tu sola. A juzgar por la gran cantidad de «primeras veces» que hemos compartido, era tarea imposible. Alguien mas estaba implicado… y mis sospechas recaian en tu amiga, la senora Ralston.

Dios santo. Aquel hombre era demasiado listo. Un rasgo admirable, aunque en ese caso en particular tambien alarmante.

– Puesto que tanto el senor Carmichael como tu habeis sido capaces de desvelar la verdadera identidad de Charles Brightmore, es solo cuestion de tiempo que alguien mas lo descubra y que todo Londres se entere.

– No sabria decirte si Carmichael estaba investigando por cuenta propia o ajena, pero sin duda no es el el hombre contratado por lord Markingworth, Whitly y Carweather.

– ?Y que te hace pensar eso?

– Porque yo soy el hombre al que contrataron.

Catherine sintio literalmente que la sangre le abandonaba la cara y de pronto se acordo de por que nunca le habian gustado las sorpresas. Precisamente porque eran tan condenadamente… sorprendentes. De haber podido, se habria reido de la ironia.

Se aclaro la garganta para localizar su voz.

– Bien, en ese caso mi confesion no ha hecho sino facilitar tu mision.

Andrew arqueo las cejas.

– De hecho, me coloca en una posicion muy incomoda. Tenia muchas ganas de hacerme con la recompensa que me habian ofrecido.

– ?Recompensa? ?Cuanto?

– Quinientas libras.

Catherine se quedo boquiabierta.

– Pero eso es una fortuna.

– Lo se. -Andrew se paso las manos por la cara y solto un prolongado suspiro-. Tenia planes para ese dinero. -Antes de que ella pudiera preguntar que clase de planes, el prosiguio-: Naturalmente, no debes temer que revele tu identidad.

– Gracias, aunque creo que tu silencio es en vano, pues es obvio que el senor Carmichael tambien sabe la verdad.

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