– ?Que le recuerdo a una chica?
Andrew se rio entre dientes al ver su expresion horrorizada.
– No por el hecho de que fuera una chica, sino porque… se esforzaba por encontrar su lugar. No se sentia muy comoda con la gente. De hecho, exceptuandome a mi, tenia muy pocos amigos.
El ceno de Spencer se fruncio mientras ponderaba las palabras de Andrew. Luego pregunto:
– ?Sigue siendo amigo de ella? ?Se escriben todavia?
El dolor que velo los ojos de Andrew no dejo lugar a dudas.
– No. Murio.
– Oh. Lo siento.
– Tambien yo.
– ?Cuando murio?
Andrew trago saliva y dijo:
– Hara unos once anos. Justo antes de que me fuera de Norteamerica. Apuesto a que estaria encantada de vernos disfrutar de este banquete. Y deseaba especialmente prepararlo de fresa porque se que es el favorito de ambos. ?Un poco mas de helado?
– Yo si, muchas gracias -dijo Spencer, tendiendole el cuenco.
El diestro cambio de tema no paso desapercibido a Catherine, quien se pregunto si habria tras el algo mas que simplemente la falta de ganas de hablar de un tema triste. El dolor que habia embargado a Andrew al hablar de la tal Emily era palpable, y eso la habia llenado de compasion por el. La conversacion tambien habia espoleado su curiosidad.
Entre muchos murmullos apreciativos, cada uno disfruto de otro cuenco de helado mientras se reian de Sombra, que acababa de despertarse y mostraba un gran interes en lo que ocurria a su alrededor.
– Solo queda helado para una racion mas -dijo Andrew-. Dado que se por experiencia que este es un manjar preferido por los mozos de establos, apuesto a que a Fritzborne le encantara.
– Yo se lo llevare -se ofrecio Spencer.
Mientras Catherine veia alejarse a su hijo hacia los establos al tiempo que el andar de Spencer formaba el familiar nudo de amor en su garganta, tambien se sintio aguda y dolorosamente consciente de que Andrew y ella estaban a solas.
Se volvio a mirarle y se quedo paralizada al ver la mirada seria e irresistible que asomaba a sus ojos oscuros.
– Te he echado de menos -dijo el con suavidad.
Cinco sencillas palabras. ?Como podia abrirse camino entre su ferrea determinacion con cinco sencillas palabras? Sintio que se le deshacian las entranas y dio gracias a Dios por estar sentada, pues sintio extranamente debiles las rodillas. Por mucho que odiara reconocerlo, tambien ella le habia echado de menos. Mas de lo que creia posible echar de menos a nadie. Mucho mas de lo que le habria gustado. Y, sin duda, mucho mas de lo aconsejable. Y ahora, con esas sencillas cinco palabras, temia que todos sus intentos por mantener el corazon libre de cualquier carga estaban condenados al fracaso.
Andrew tendio la mano y, despacio, acaricio con los dedos el dorso de la mano de Catherine adelante y atras, provocandole deliciosos hormigueos en el brazo.
– Antes me has dicho que carezco de autocontrol y quiero que sepas lo equivocada que estas. Ni siquiera puedo describir la cantidad de control que estoy poniendo en practica en este mismisimo instante para no besarte. Para no tocarte.
– Me estas tocando -dijo Catherine, apenas sin aliento.
– No de la forma que me gustaria hacerlo, te lo aseguro.
El calor se le acumulo en el estomago y un torrente de sensuales imagenes de todos los modos seductores en que el la habia tocado restallaron en su mente.
– ?Todavia deseas que nos encontremos esta noche en los manantiales, Catherine?
– Si. «Desesperadamente.» ?Y tu?
– ?De verdad necesitas preguntarlo?
– No. -Facilmente podia leer el deseo en sus ojos. Y, si no cambiaba de tema, corria el peligro de decir o hacer algo que muy bien podria lamentar despues.
– Esto -Catherine extendio la mano para indicar la zona del picnic y la coleccion de cubos- ha sido una agradable sorpresa. Y un gran detalle de tu parte.
– Me alegro de que te haya gustado.
– Debo confesar que tambien yo tengo una sorpresa para ti.
– ?De verdad? ?Cual?
Catherine le lanzo una mirada agraviada.
– ?Que estas diciendo siempre de un diccionario?
Andrew se rio.
–
– ?Siempre eres tan impaciente?
Sus ojos se oscurecieron.
– A veces.
Cielos, Catherine lamento no tener con ella su abanico para aliviar el calor que ese hombre le inspiraba.
– De hecho, quiza te sea desvelada ahora mismo. -Deslizo un paquetito plano de papel tisu atado con un lazo de saten azul del bolsillo del vestido y se lo entrego.
Un inesperado placer parpadeo en los ojos de Andrew.
– ?Un regalo?
– No es nada -dijo Catherine, de pronto sintiendose muy timida.
– Al contrario. Es extraordinario.
Se rio.
– Pero si todavia no lo has abierto.
– Eso no tiene importancia. Sigue pareciendome extraordinario. ?Como es que tenias esto en el bolsillo?
– Lo he cogido de mi habitacion despues de escribirle la nota a Philip… antes de reunirme contigo en el vestibulo.
Andrew deshizo el lazo, abrio el papel tisu y a continuacion saco del paquete el cuadrado de lino blanco.
– Un panuelo. Con mis iniciales bordadas.
Con la mirada clavada en el tejido, paso con suavidad el pulgar por las letras bordadas en oscura seda azul que obviamente habian sido obra de una mano inexperta.
– La noche que pasamos en el jardin -dijo Catherine, cuyas palabras surgieron de su garganta en un torrente-, cuando me mostraste los corazones sangrantes, no tenias panuelo cuando creiste que lloraba, y no es que llorara, perdona que te lo recuerde. Pero, como no tenias ninguno, crei que quiza podrias utilizar este.
Andrew no dijo nada durante varios segundos, limitandose simplemente a acariciar las letras con el pulgar. Luego, con voz ronca, dijo:
– No te gusta bordar y aun asi has bordado esto para mi.
Una risa timida escapo de labios de Catherine.
– Lo he intentado. Como puedes ver, la labor de aguja no es mi fuerte.
Andrew levanto los ojos y su mirada capturo la de ella. El placer que le produjo el regalo de Catherine era mas que evidente.
– Es hermoso, Catherine. El regalo mas hermoso que me han hecho nunca. Gracias.
Sintio que la inundaba una calida oleada que al instante se transformo en calor cuando la mirada de Andrew se poso en sus labios. Contuvo entonces el aliento, anticipando el roce de sus labios contra los suyos, la voluptuosidad del sabor de el, la sedosa caricia de su lengua.
Sombra eligio ese momento para dejarse caer delante de ella, panza arriba con las pezunas dobladas, suplicando desvergonzadamente ser acariciado. Sobresaltada, Catherine recordo donde estaban y al instante aparto la atencion de la distrayente mirada de Andrew. Para delicia del pequeno, paso los dedos sobre la suave panza del cachorro mientras Andrew se metia su panuelo nuevo en el bolsillo.
– Eres consciente de que ahora Spencer querra un perro.
– ?Tan terrible seria eso?
