– Tambien podemos enviarnos cartas si quieres, aunque, segun me han dicho, soy un desastre con la ortografia.
– Yo podria ensenarle. Se me da muy bien.
– Bien, entonces esta decidido. Aunque… ?te importaria mucho cuidar de Sombra en mi lugar hasta que pueda enviar a alguien a buscarle?
– En absoluto. Quiza pueda llevarselo yo mismo a Londres.
Andrew sonrio a pesar del nudo que le agarrotaba la garganta.
– Un plan excelente.
– Senor Stanton… -Spencer levanto los ojos hacia el y la tristeza que revelaba su mirada corto a Andrew como una cuchilla oxidada-. ?Y si la gente de Londres se muestra… desagradable conmigo?
– Estare siempre a tu lado, Spencer. Si alguien es lo bastante estupido como para mostrarse desagradable contigo, aunque sea una sola vez, te prometo que no habra una segunda.
Sus palabras borraron parte de la preocupacion que velaba los ojos del joven, aunque nada hicieron por borrar de ellos la tristeza. Y era hora de irse. Despues de dar un apreton a los hombros del chiquillo, le miro directamente a los ojos.
– Quiero que sepas que… si tuviera un hijo, me gustaria que fuera igual a ti.
La barbilla de Spencer temblo y una solitaria lagrima se deslizo por su mejilla, golpeando a Andrew con mas violencia que cualquier arma. Spencer dio un paso adelante y rodeo a Andrew por la cintura, estrechandolo entre sus brazos.
– Ojala fuera mi padre -dijo con un susurro quebrado.
Andrew cerro los ojos con fuerza y tambien abrazo a Spencer. Tuvo que tragar dos veces para encontrarse la voz.
– Ojala, Spencer. Ojala. Pero siempre seremos amigos.
– ?Siempre?
– Siempre. Siempre que necesites algo, no tienes mas que pedirmelo. -Dio unas palmadas al joven en la espalda y luego retrocedio-. Y ahora tenemos que irnos. ?Por que no coges a Sombra mientras yo ensillo a Afrodita?
Spencer asintio y a continuacion se dirigio al tercer establo. Andrew se quedo fuera del cuarto de sillas, observandole, preguntandose como podia un hombre sufrir tanto sintiendose a la vez tan condenadamente aturdido.
En cuanto la pesada puerta de madera del establo se cerro silenciosamente tras Spencer, Andrew solto un profundo suspiro y se obligo a enterrar su dolor como lo habia hecho con tantos otros. Se volvio para regresar una vez mas al cuarto de sillas, pero no habia dado mas de un paso, cuando la voz de Carmichael dijo:
– Quedese donde esta.
Andrew se volvio y vio emerger a Carmichael entre las sombras, apuntandole directamente con una pistola.
Manteniendo una calma externa que estaba lejos de sentir, rapidamente evaluo sus limitadas posibilidades: posibilidades aun mas desalentadoras por la presencia de Spencer. Maldicion, si algo llegaba a ocurrirle al chico…
Se obligo a mantener firme la mirada en la nariz hinchada y en la mejilla amoratada de Carmichael para no dejarla vagar hasta el establo en el que habia entrado Spencer. ?Se habria dado cuenta Carmichael de que no estaban solos? De ser asi, tenia que asegurarse de que Spencer no se dejara ver.
Andrew se aclaro la garganta y dijo, alzando la voz:
– ?Cuanto tiempo pretendia seguir ocultandose en el establo?
– No estaba en el establo -dijo Carmichael-. Estaba fuera, ocupandome del jefe de establos.
El alivio y la furia tensaron las manos de Andrew: alivio al saber que Carmichael parecia ignorar que no estaban solos, y furia ante la noticia de que Fritzborne hubiera sido victima de aquel bastardo.
– ?Lo ha matado?
Carmichael se acerco despacio, con los ojos brillantes.
– No estoy seguro. Pero, aunque este vivo, no le sera de ninguna ayuda. Lo he dejado bien atado y amordazado.
La mirada de Andrew descendio al instante hasta la pistola de Carmichael e interiormente maldijo el hecho de que su propia arma estuviera fuera de su alcance, en la sala de sillas, donde la habia dejado al ir a buscar la silla. Todavia tenia el cuchillo, pero tendria que escoger el momento con mucho cuidado. Si fallaba…
Cuando aproximadamente unos siete metros les separaron, Carmichael se detuvo.
– Ha tardado bastante en venir a los establos.
– Habria venido antes de haber sabido que me esperaba… Manning.
La sorpresa destello en los ojos de Carmichael.
– Asi que ya ha descubierto quien soy. Bien. Llevo esperando mucho tiempo este momento. Me ha llevado a una apasionante caceria durante estos ultimos once anos, Stanton, pero ahora todo ha terminado. Ahora pagara por haber matado a mi hijo.
– Su hijo mato a mi esposa.
– ?Su esposa? Nunca fue suya. Era propiedad de Lewis. Usted se la robo. Su matrimonio iba a unir a dos poderosas familias.
– Su hijo le pegaba.
– ?Y que importa eso? Era suya y podia usarla a su antojo. Si la joven no hubiera sido tan estupida, no le habria enfurecido como lo hacia. Dios santo, pero si apenas sabia hablar. Las unicas cualidades que la redimian eran su apellido y su enorme fortuna.
Los ojos de Andrew se entrecerraron y dio un paso adelante.
– Le sugiero que tenga cuidado con lo que dice de ella.
– Y yo le sugiero que no vuelva a moverse. Soy un experto tirador.
– ?Un experto tirador? No lo creo. No me alcanzo en la fiesta de lord Ravensly por, al menos, medio metro. Su descuido a punto estuvo de costarle la vida a lady Catherine.
Andrew apreto los dientes ante el despreocupado encogimiento de hombros de Carmichael.
– Me temo que, cuanto mayor es la distancia, mas punteria perdemos.
– Tambien anoche pretendio hacerle dano.
– Su inesperada presencia interfirio en mis planes.
– ?Y el museo? ?Fue eso obra suya o acaso contrato a alguien para que lo saqueara?
Una gelida sonrisa arrugo las comisuras de los labios de Carmichael.
– Fui yo. Ni se imagina la satisfaccion que experimente con cada hachazo. Con cada ventana hecha anicos. Viendo luego como sus inversores le daban la espalda. Todo ello pequenas retribuciones por lo que usted le hizo a mi familia. -Sus ojos ardian de puro odio-. El matrimonio de Lewis con la heredera de los Northrip habria resuelto todos los problemas financieros de mi familia. Cuando asesino a mi hijo, lo perdi todo. Northrip descubrio mis deudas y decidio retirarse de nuestra fusion. Naturalmente, le mate, aunque no obtuve con ello mas que la simple satisfaccion de acabar con su vida. Mi casa, mi empresa… todo perdido. Usted merecia no menos a cambio. Primero, perder su museo, y ahora, por fin, tras muchos anos buscandole, tambien perder su vida.
Un fuerte jadeo llego desde la puerta de los establos. Andrew se volvio y el corazon a punto estuvo de dejar de latirle en el pecho. Catherine estaba de pie en el umbral, a menos de siete metros de el y con el horror reflejado en sus ojos abiertos como platos.
– A menos que quiera que dispare al senor Stanton, sacara ahora mismo la mano de su falda, lady Catherine. -Sin apartar los ojos de ella, Carmichael prosiguio-: Y si se mueve usted un solo centimetro, senor Stanton, la matare. Y ahora tienda las manos al frente, lady Catherine… si, asi, y acerquese al senor Stanton… no, no tanto. Detengase ahi mismo.
Catherine se detuvo a un par de metros de Andrew. Mientras hablaba a Catherine, un ligero movimiento detras de Carmichael capto la atencion de Andrew. Spencer, con los ojos como platos, atisbaba por encima de la puerta del establo situada justo detras de Carmichael.
Los ojos de ambos se encontraron y Andrew ladeo bruscamente la cabeza, rezando para que Spencer entendiera el mensaje y se mantuviera oculto. La cabeza del joven desaparecio.
La mente de Andrew empezo a pensar a toda prisa. ?Como podia sacar a Spencer, a Catherine y a el mismo
