Con dedos temblorosos, Catherine desdoblo el pequeno envoltorio de lino, consciente, con el corazon en un puno, de que se trataba del panuelo que ella le habia regalado. Al desdoblar el ultimo fragmento de tela, bajo la mirada. El anillo de esmeraldas estaba colocado encima de un grueso fajo de cartas descoloridas atadas con un deshecho lazo de cuero. Al instante reconocio su propia letra.
Sintio que la sangre le abandonaba el rostro. Aquellas eran las docenas de cartas que habia escrito a Philip mientras el estaba de viaje. Los tesoros mas preciados de Andrew.
La verdad la golpeo como una bofetada dada con el reves de la mano y sintio una abrumadora necesidad de sentarse. El amor de Andrew por ella no era de reciente cuna, como ella habia supuesto. Estaba enamorado de ella desde hacia… seis anos. Habia rescatado esas cartas antes de marcharse de Egipto, guardandolas con el durante todo ese tiempo. Y ahora se las habia devuelto. Envueltas en el panuelo que le habia bordado, dejando tras el todo lo que tenia de ella. Porque ella le habia alejado de su lado.
Algo mojado le cayo en la mano. Perpleja, miro la lagrima al tiempo que otra, y otra mas, caian sobre su piel. Durante todos esos anos, mientras sufria los rigores de la soledad, soportando el cruel rechazo e indiferencia que su marido mostraba hacia ella y hacia Spencer, Andrew la habia estado deseando. Necesitandola. Amandola.
La dimension de esa verdad, la profundidad de los sentimientos de Andrew, su devocion, la humillaron, enervandola, y casi pudo sentir como el muro que habia construido a su alrededor y en torno a su corazon se derrumbaba, dejandola al descubierto y desnudando totalmente sus sentimientos. Convirtiendolos en algo innegable. Ya no podia seguir ocultandose de ellos. No deseaba solamente a Andrew. Le amaba.
Dejo escapar un sollozo y apreto sus temblorosos labios. Con una impaciente exclamacion, se paso el dorso de la mano por los ojos. Despues. Podria llorar despues, aunque esperaba con toda el alma que no fuera necesario. Por el momento, necesitaba averiguar donde habria ido Andrew y pensar en la forma de ayudarle a encontrar a Carmichael. Luego decirle lo estupida que habia sido. Y rezar para que la perdonara por el dolor que sus miedos y su confusion les habian causado a ambos.
Cogio las cartas y el anillo para llevarselos despues al pecho, y fue hasta la ventana y perdio la mirada en la suave luz dorada que anunciaba el amanecer. Sus ojos se desviaron a lo lejos, hacia los establos, y parpadeo al ver la conocida figura de hombros anchos de Andrew acercandose a la enorme puerta de doble hoja. El corazon le dio un vuelco de puro alivio. Andrew seguia alli. Si se daba prisa, podria llegar a los establos antes de que el se fuera. Aunque, con Carmichael probablemente acechando en las inmediaciones, necesitaba proteccion.
Corrio entonces a su habitacion, cayo de rodillas ante su armario y saco de el una vieja sombrerera. Abrio la tapa, cogio la pequena pistola con mango perlado que ocultaba debajo de un monton de guantes. Puso a continuacion las cartas y el anillo de Andrew encima y volvio a colocar la caja en su sitio. Maldiciendo el ulterior retraso, se vistio a toda prisa y, metiendose la pistola en el bolsillo del vestido, salio de la estancia.
Capitulo 20
La mujer moderna actual deberia practicar siempre la prudencia y la cautela en lo que concierne a los asuntos del corazon. A veces, sin embargo, el destino le pondra delante a un hombre que la sorprendera con la guardia baja, deshaciendole el corazon. Si el caballero en cuestion siente lo mismo por ella, la mujer moderna actual debe reconocer en ello el milagro que encierra y no dudar en
CHARLES BRIGHTMORE
Andrew se detuvo en la puerta de los establos para dejar que sus ojos se adaptaran a la penumbra reinante en el interior, pistola en mano. Despacio, estudio el enorme espacio interior al tiempo que prestaba atencion con ojos y oidos a cualquier cosa fuera de lo normal. No percibio nada y una rapida busqueda le cercioro de que Carmichael no se ocultaba en ninguno de los establos del recinto. Fritzborne no estaba a la vista, algo que le intranquilizo. Sin duda tendria que haber vuelto ya de casa de la senora Ralston.
Se permitio otra mirada por encima de la puerta del tercer establo donde dormia Sombra, ahora acurrucado en el rincon en un lecho de heno cubierto con una manta. Tendria que mandar a alguien a buscar al cachorro. Y devolver a Afrodita. Dios sabia que no tendria fuerzas para volver a Little Longstone personalmente.
Obligandose a mover los pies, entro en el cuarto de sillas. Despues de dejar la pistola encima de un banco de trabajo, estaba a punto de coger la silla de Afrodita cuando oyo la voz de Spencer:
– ?Se va, senor Stanton?
Se volvio apresuradamente. Spencer estaba en el umbral, con la confusion y el dolor reflejados en los ojos.
Una oleada de alarma recorrio a Andrew. Con Carmichael buscandole, ese era el ultimo sitio donde queria ver a Spencer.
Se acerco a el con el estomago tenso de preocupacion.
– ?Que estas haciendo aqui, Spencer?
– Queria jugar con Sombra. Cuando salia de casa, le he visto entrar a los establos. ?Se marcha? -volvio a preguntar.
– Eso me temo.
Una mirada de perplejidad asomo al rostro de Spencer.
– ?Sin despedirse?
La culpa golpeo a Andrew en las entranas.
– Solo durante un tiempo. Y solo porque tengo mucha prisa. Pensaba escribirte. -Rapidamente le explico lo que estaba ocurriendo, concluyendo con-: En cuanto haya ensillado a Afrodita, te llevare de vuelta a casa. Debes quedarte dentro hasta que Carmichael sea apresado. Protege a tu madre. ?Lo has entendido?
Spencer asintio.
– ?Cuando volvera?
Andrew inspiro hondo. No tenia tiempo para decir todas las cosas que le hubiera gustado, pero no podia por menos que confesar la verdad al chiquillo.
– ?Recuerdas todos esos molestos pretendientes que desean cortejar a tu madre?
– Por supuesto. Les ensenamos a dejar de molestar a mama, ?no?
– Si, es cierto. Desgraciadamente, me he convertido en uno de ellos.
Spencer parpadeo varias veces.
– ?Quiere cortejar a mi madre?
– Eso queria, si, pero las cosas no han resultado como yo esperaba.
Spencer fruncio el ceno. Andrew casi pudo oir girar las ruedas en la mente del joven.
– ?Y por que no van a salir bien las cosas? Usted le gusta a mama, lo se. Y… y le gusto mucho el helado de fresa.
– Se que le gusto. Pero a veces eso no es suficiente. Y, en este caso, no lo es.
El labio inferior de Spencer empezo a temblar y las lagrimas le inflamaron los ojos.
– Entonces, ?no va a volver?
Que Dios le asistiera. ?Cuantas veces podia romperse su condenado corazon en un solo dia? Andrew tendio los brazos y poso las manos en los hombros de Spencer.
– Me temo que no. Pero quiero que sepas que me encantaria que me visitases en Londres siempre que quieras.
– ?De verdad?
– Si. Y de verdad espero que consideres la posibilidad de hacer el viaje. Creo que estas preparado para aventurarte mas alla de los confines de Little Longstone. Te ensenare el museo y podriamos continuar con tus lecciones de pugilismo.
Spencer se paso el dorso de la mano por los ojos.
– Me… me encantaria.
