– Para empezar.
– Tio Mick -grito Travis al ponerse de pie-. ?Cuando empiezan los fuegos artificiales de la ciudad?
Mick levanto la mirada. La apreto con las manos durante una fraccion de segundo y luego las dejo caer a los costados.
– En cualquier momento -respondio, y dio un paso atras.
Justo en ese preciso instante, varias detonaciones sacudieron el suelo y el cielo nocturno se ilumino por enormes estallidos de color. Sofie Allegrezza encendio su pequeno equipo de musica y la guitarra de Jimi Hendrix gimio «The Star Spangled Banner» en la noche. Los animalillos del bosque corrieron en busca de cobijo mientras alrededor del lago explotaban los fuegos artificiales que lanzaban desde las playas y competian con las demostraciones pirotecnicas de la ciudad. Bienvenida a Truly. La sorpresa y el asombro en estado puro.
– ?Te has divertido, Travis?
Un gran bostezo salio del otro lado de la camioneta oscura.
– Si. Tal vez el ano que viene pueda tirar cohetes mas grandes.
– Tal vez, si no te metes en lios.
– Mama dice que si me porto bien podre tener un perro.
Mick entro con la Ram en el camino de la casa de Meg y se detuvo al lado de su Ford Taurus. Lo del perro era una buena idea. Un nino necesita un perro.
– ?Que tipo de perro?
– Me gustaria uno negro con manchas blancas.
Dentro de la casa las luces estaban encendidas y una sola bombilla alumbraba el porche. Bajaron los dos a la vez de la camioneta y subieron los escalones de la entrada. Eran casi las once y media, y Travis arrastraba los pies.
– ?Cuanto tiempo tienes que portarte bien?
– Un mes.
El nino no podia portarse bien con su madre ni una semana.
– Bueno, ten cuidado con lo que dices y lo lograras.
Se metio las llaves en el bolsillo de los pantalones y le abrio la puerta a su sobrino.
Meg estaba sentada en el sofa en camison blanco y una bata rosa de rizo. Las lagrimas brillaban en sus ojos verdes cuando levanto la mirada de algo que sostenia en la mano. Sus labios esbozaron una sonrisa forzada y el terror invadio a Mick. Aquella iba a ser una de esas noches.
– ?Has visto los fuegos artificiales, mama? -Si Travis lo habia notado, no parecia preocuparle.
– No, cielo, no he salido, pero los he oido. -Se levanto y Travis le abrazo la cintura-. ?Eran enormes!
– ?Te has portado bien? -Le puso la mano en la cabeza y miro a Mick.
– Si -respondio Travis, y Mick lo confirmo con un gesto.
– Este es mi nino bueno.
Travis miro hacia arriba en senal de condescendencia.
– Pete dijo que podia quedarme a pasar la noche y su madre dijo: «Otro dia».
– Bueno, ya veremos. -Meg era una mujer hermosa, como su madre, con una piel lisa y blanca y un largo cabello negro. Y, como su madre, tenia un humor jodidamente impredecible-. Ve a ponerte el pijama y metete en la cama. Yo ire a darte el beso de buenas noches en un minuto.
– De acuerdo -dijo Travis en medio de un bostezo-. Buenas noches, tio Mick.
– Buenas noches, colega.
Mick sintio un aplastante deseo de dar media vuelta, incluso llego a dar un paso atras, como si quisiera alejarse de lo que sabia que se avecinaba y huir hacia el aire fresco de la noche.
Meg observo como su hijo salia de la habitacion, luego extendio la mano abierta.
– He encontrado el anillo de boda de mama.
– Meg.
– Se lo quito y lo dejo en la mesilla, junto a la cama, antes de ir al bar esa noche. Mama no se lo quitaba nunca.
– Creia que no ibas a hurgar en sus cosas nunca mas.
– Y no lo he hecho. -Cerro la mano alrededor del anillo y se mordio la una del pulgar-. Estaba entre las joyas de la abuela Loraine, lo descubri cuando buscaba su collar del trebol de cuatro hojas. El que solia llevar siempre porque le daba suerte. Queria llevarlo a trabajar manana.
?Dios!, odiaba cuando su hermana se ponia asi. El tenia cinco anos menos que Meg, pero siempre se sentia como el hermano mayor.
Sus grandes ojos lo traspasaron y dejo caer la mano a un costado.
– ?De verdad iba papa a dejarnos?
?Joder!, Mick no lo sabia. No lo sabia nadie mas que Loch, y hacia tiempo que estaba muerto. Muerto, enterrado y en el pasado. ?Por que Meg no lo dejaba en paz?
Tal vez porque acababa de cumplir diez anos unos meses antes de la noche en que su madre cargo un revolver del treinta y ocho y vacio cinco recamaras en el padre de Mick y una joven camarera llamada Alice Jones. Meg recordaba muchas mas cosas ocurridas esa noche de la que hacia veintinueve anos y en la que su madre mato a alguien mas que a Loch y a su ultima amante. Cosas de la noche en que su madre se metio el corto canon en la boca, apreto el gatillo y mato a alguien mas que a si misma. Volo en pedazos las vidas de sus dos hijos, y Meg nunca se recupero.
– No lo se, Meggie. La abuela creia que no.
Pero aquello no queria decir nada, Loraine siempre habia evitado ver y habia hecho oidos sordos a los lios y ofensas de su marido y de su hijo, y luego a todo lo que Mick habia hecho. Vivio toda su vida en la negacion. Habia sido mas facil para ella fingir que todo era maravilloso, sobre todo cuando no lo era.
– Pero la abuela no vivia con nosotros entonces. No sabia como era aquello, ni tu tampoco. Eras demasiado pequeno. No te acuerdas.
– Recuerdo lo suficiente. -Levanto las manos para frotarse el rostro. Ya habian tenido aquella conversacion antes y nunca resolvia nada-. ?Que importa eso ahora?
– ?Dejo de querernos, Mick?
Mick dejo caer las manos a los lados y noto que algo en el fondo de su cabeza se tensaba. Por favor, basta, penso.
Las lagrimas discurrieron por las mejillas de Meg.
– Si el aun nos queria, ?por que ella le disparo? Habia tenido otros lios de faldas antes. Segun toda la ciudad, habia tenido muchos lios.
Se acerco a su hermana y le puso las manos sobre los hombros enfundados en la bata de rizo rosa.
– Olvidalo.
– Lo he intentado. He intentado ser como tu, y a veces lo consigo, pero… ?por que no la enterraron con su anillo de boda?
La pregunta del millon era: ?por que habia cargado la treinta y ocho? ?Realmente queria matar a alguien o solo darle un susto de muerte a Lock y a su joven amante? ?Quien sabe? Pensar en ello no servia de nada mas que para hacer enloquecer a alguien.
– Ahora no importa. Nuestra vida no esta en el pasado, Meg.
Meg respiro hondo.
– Tienes razon. Guardare el anillo y me olvidare de el. -Sacudio la cabeza-. Es solo que a veces no consigo quitarmelo de la cabeza.
La atrajo contra su pecho y la abrazo fuerte.
– Lo se.
– Me da tanto miedo…
A el tambien le daba miedo. Miedo de que Meg cayera en la espiral descendente en la que se habia sumido su madre y de la que nunca salio. Mick siempre se preguntaba si su madre habia pensado por un momento en Meg y en el. Si habia pensado en la desolacion y la perdida que estaba a punto de dejar en el suelo de un bar. Aquella noche, mientras cargaba el arma, ?se le habia pasado por la imaginacion que estaba a punto de dejar a sus hijos huerfanos o que sus actos les obligarian a vivir con la terrible secuela? Mientras conducia hasta Hennessy, ?habia
