El dia 14 de abril, aniversario de la Republica, recibio un telegrama que decia: 'Salgo en coche ahora mismo para Gerona'. El general, mientras con un raspador vaciaba su pipa, regalo de un aviador aleman, contemplo en el mapa de Espana -?cuantas veces lo miraba al cabo del dia!- el trayecto desde Madrid. Calculo los litros de gasolina que su mujer gastaria en el viaje. No le gustaban las ventajillas, pero ?que remedio! Dona Cecilia tenia sus pequenos caprichos: le gustaba cambiar a menudo de sombrero, llevar guantes blancos y pasearse en automovil mirando a uno y otro lado…

La Prensa publico la noticia. El nuevo obispo de Gerona, el representante de la Iglesia en la ciudad, habia sido nombrado.

– ?Cuando llega?

– No se sabe la fecha exacta. Pero es de suponer que no tardara.

– ?De donde es?

– De Zaragoza.

– ?Joven?

– ?Quia! Sesenta anos…

Se llamaba Gregorio Lascasas. Canonigo de la Seo de Zaragoza, el nombramiento lo pillo desprevenido. Nunca habia sonado en ser elevado a tan alta dignidad. Sin embargo, el hecho no le desagrado. Tenia sus ideas y tal vez ahora, desde su sede episcopal, pudiera, ?por fin!, llevarlas a la practica.

El doctor don Gregorio Lascasas preparo en seguida su viaje. Llevaria consigo a un joven sacerdote, mosen Iguacen, que era diligente y que conocia su manera de hacer.

– ?Tiene usted algun inconveniente en acompanarme?

– ?Ninguno! Le agradezco mucho que me haya elegido.

– Pues andando.

El nuevo obispo tenia el caracter autoritario. Su infancia, y casi toda su epoca de Seminario, lo habian templado con una serie de asperas enfermedades, que lo llevaron a aprenderse de memoria el libro de Job. Siempre decia que le agradecia a Dios que le hubiera enviado semejantes pruebas. 'El Senor me vacuno contra la frivolidad'. Por si fuera poco, la guerra civil lo habia tambien herido en la carne. Perdio a una hermana suya, monja en un convento de Huesca. Los 'rojos' se la llevaron y nunca mas se supo de ella. Asimismo murio, en el frente, uno de sus sobrinos; una muerte ejemplar. Apenas si le quedaba familia, pero no renegaba de la soledad. 'La soledad es una gran escuela para fortalecer el alma'. Mosen Iguacen, que iba a ser su amigo y su familiar, mientras preparaba sus maletas escuchaba estas sentencias del nuevo obispo con una mezcla de admiracion y de temor. Porque el era de talante quebradizo, extremadamente afectivo y desde el primer momento se pregunto si estaria a la altura de las circunstancias.

– ?Por favor, no ponga usted esa cara! Dios no nos exige nunca nada que no podamos cumplir.

Todo a punto, el ilustrisimo y reverendisimo doctor Lascasas hizo su triunfal entrada en la ciudad de Gerona el 20 de abril; es decir, pocos dias despues que las tropas italianas ocuparan, sin mas, Albania. Siguiendo una inveterada costumbre, pese a ser el hombre austero por naturaleza, entro en coche descapotado y bajo arcadas de flores que adornaban todo el recorrido. Los gerundenses lo obsequiaron con un recibimiento apoteosico, avidos como estaban, despues de tanto ayuno espiritual, de contar con un pastor que los guiase. Colgaduras en las fachadas, palmas, cohetes e incluso palomas mensajeras, traidas de no se sabia donde. Y, por supuesto, el profesor Civil y su mujer, en el balcon. Y la viuda de don Pedro Oriol en el suyo. Y, en el suyo, frente al Cafe Neutral -que ahora se llamaba Cafe Nacional- la familia Alvear… ?Oh, como grito, como se desgarganto Carmen Elgazu al ver aparecer en la Rambla el coche descapotado del senor obispo! '?Viva el senor obispo…!'. '?Viva el ilustrisimo y reverendisimo senor obispo…!'. '?Viva Franco! ?Arriba Espana!'. Matias Alvear, a su lado, intentaba calmarla y le decia, sonriendo: 'Pero, mujer, ?crees que su Excelencia Reverendisima va a oirte?'.

El prelado siguio su marcha por la calle de las Ballesterias y se dirigio a San Felix, en cuya iglesia, limpia ya de chatarra y basura, penetro para implorar el auxilio del patron de la ciudad, San Narciso, cuyas reliquias habian sido profanadas. Luego se dirigio a la Catedral, abarrotada como el dia de la entrada de las tropas, y alli, rodeado de todas las autoridades, inicio, como era de rigor, el canto del Te Deum, canto que fue coreado por la multitud. Finalmente, siempre acompanado por mosen Alberto, que habia ido a esperarlo al termino de la diocesis y que se habia constituido en su lazarillo, dirigiose a tomar posesion del Palacio Episcopal, cuyos enormes salones vacios recorrio a buen paso comentando: '?Dios mio, cuanto costara reorganizar todo esto! ?Cuanto costara…!'. Hasta que, de pronto, en una de las habitaciones, la que habia de ser su dormitorio, se detuvo vivamente impresionado, pues en la desnuda pared mosen Alberto habia colgado un retrato del obispo predecesor, aquel que murio martir en el cementerio, a mano de un grupo de milicianos capitaneados por Merche, la hija del Responsable. El nuevo obispo se arrodillo ante el retrato y rezo fervorosamente para que el cielo bendijese su labor.

El doctor don Gregorio Lascasas, esforzado pastor de la grey gerundense, desplego desde el primer momento tal actividad que su figura, alta y ascetica, con un mirar iluminado que contrastaba con su complexion atletica y con sus heredadas manos de campesino, se hizo muy pronto popular. Su tarea era, desde luego, tan ingente que concederse un minuto de descanso le hubiera parecido un pecado. Por suerte, a sus sesenta anos cumplidos se sentia fuerte como un roble, excepto cierta propension a resfriarse, sin apenas resabio de las dolencias que lo aquejaron en la juventud.

Cuantos los rodeaban se dieron cuenta en seguida de que el nuevo obispo era hombre metodico, tenaz y amante de las fichas y de las estadisticas. Oir las expresiones 'mas o menos', 'aproximadamente', y, sobre todo, 'es de suponer', lo ponia nerviosisimo. Mosen Iguacen, su familiar, se las vio y deseo para no verse sepultado por el alud de carpetas que en un santiamen invadieron el despacho de Secretaria y habitaciones contiguas, y el primer mueble que ingreso en el Palacio Episcopal fue un monumental archivador metalico que llegaba casi al techo. 'A eso lo llamo yo un mueble practico -comento el doctor Gregorio Lascasas, probando una y otra vez los cajones correderos-. ?Palabra que antes de un mes estara hasta el tope!'.

El personal de Palacio fue elegido con tanto escrupulo como el mueble archivador: una serie de monjas, algunas de las cuales habian ya servido al obispo anterior y que fueron seleccionadas con extremo cuidado por mosen Alberto. El doctor Gregorio Lascasas impresiono tanto a las monjas que cuando lo veian pasar iniciaban una genuflexion… 'Por Dios, hermanas, nada de eso… ?Hay otras cosas mas urgentes que hacer!'.

Tareas urgentes… La principal, encauzar debidamente la vida espiritual de las almas que le habian sido confiadas, almas que a lo largo de casi tres anos no habrian vivido otro clima que el del ateismo, sin poderle oponer siquiera, salvo en casos excepcionales, la insustituible gracia de los sacramentos.

Ahora bien ?por donde empezar? La mayoria de sacerdotes y religiosos de la diocesis habian sido sacrificados, y destruidos casi todos los templos. ?Ni siquiera podria contar, de momento, con el Seminario, convertido en carcel! El nuevo obispo, pensando en esto, se dirigia a los ventanales que daban a la Plaza de los Apostoles y se quedaba plantado alli, respirando hondo. Lo estimulaba ver erguirse desde su base el campanario de la Catedral. Aquella flecha petrea apuntaba al cielo y era simbolo de eternidad. 'Las puertas del infierno no prevaleceran…' Pero ?y mientras tanto?

Falta de 'operarios para la vina del Senor'… Esa iba a ser la mas dolorosa dificultad. El prelado aragones deberia arreglarselas con los supervivientes, por fortuna mas numerosos de lo que en principio se sospecho, y asignar a cada uno la mision mas conveniente, de acuerdo con su estado de salud -?que aspecto tenian, Virgen Santa, la mayoria de ellos!- y con sus aptitudes. Algunos sacerdotes deberian ocuparse, en el campo, de varias parroquias a un tiempo y en los conventos, sobre todo en los dedicados a la ensenanza, resultaria imposible completar la plantilla. En cuanto a las nuevas vocaciones, si es que llegaban -mosen Iguacen afirmaba que si, que llegarian, en virtud de la llamada de la Gracia, presente siempre despues de las persecuciones-, tardarian anos en formarse y convertirse en sacerdotes. 'Eso es lo malo -decia el senor obispo-. Una boda puede arreglarse en quince dias. ?Pero formar un ministro de Dios!'.

– ?Ah, si tuviera la suerte de que los jesuitas volvieran a Gerona! Significarian para mi una ayuda inapreciable… San Ignacio los marco con el signo de la eficacia.

Segunda dificultad: la reconstruccion de los templos. El doctor Gregorio Lascasas fue informado de que podria utilizar para ello a determinado numero de prisioneros, pues los habia que querian redimir, de acuerdo con la ley, sus penas por el trabajo. ?Buena noticia! Sin embargo, la tarea seria tambien lenta y costosa. El doctor Gregorio Lascasas lo comprobo con sus propios ojos, al recorrer una por una las iglesias de la capital y las de los pueblos vecinos, ante cuyo aspecto tuvo que esforzarse para contener las lagrimas. Los muros aparecian ennegrecidos por los incendios, faltaban los confesonarios y los pulpitos, algunas sirvieron de garajes, ?o de cuadras!, y nunca faltaba en cualquier rincon un brazo del Nino Jesus, un tronco de la Dolorosa con las espadas clavadas, o los

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