– ?Ocurrir? ?Con que?

– Con todo. -Hizo esfuerzos por no echarse a llorar.

– No entiendo.

– Zigzag extendio el area de su cuerda de tiempo hasta una distancia inconcebible: la isla, el mar, el cielo… Ignoro si ese entrelazamiento ha tenido algun efecto sobre el tiempo presente… Ningun reloj funciona, estamos aislados… No podemos saber si algo ha cambiado fuera, ?comprende?

– Espere un momento… -Carter se removio, acercandose mas a ella-. ?Quiere decir que estamos viviendo en otro… mundo u otra epoca… o algo asi? -Elisa no respondio. Mantenia los ojos cerrados-. Use su sentido comun, por Dios. Mireme a mi. ?Acaso he cambiado? No soy mas viejo ni mas joven. ?No le basta con eso?

Por un instante el silencio entre ambos se asemejo a la oscuridad: lo llenaba todo, cada forma, cada resquicio; se agolpaba en sus rostros.

– Soy fisica -dijo Elisa entonces-. Solo conozco las leyes de la fisica. El universo se rige por ellas, no por nuestra intuicion o sentido comun… Mi sentido comun y mi intuicion me dicen que… estoy en Nueva Nelson, en el ano 2015, junto a usted, y que solo han pasado trece o catorce horas desde el ataque de Zigzag. Pero el problema consiste en que… -Hizo una pausa y tomo aliento-. Si las cosas han cambiado, las leyes fisicas pueden haber cambiado tambien. Asi que no puedo saber lo que dicen ahora. Y necesito saberlo, porque solo ellas dicen la verdad.

Tras otra larga pausa, oyo la voz de Carter casi remota:

– ?Acaso cree que esto que nos rodea… no es real? ?Cree que yo tampoco soy real, que voy a desaparecer de un momento a otro, que soy un sueno suyo?

Elisa no respondio. Ignoraba que podia decir. De improviso el ex militar se levanto y desaparecio por la esquina del barracon. Regreso poco despues, silencioso, y arrojo a la arena un objeto. Ella lo miro: un reloj de manecillas.

– Se ha parado -dijo Carter-. Era el reloj de su amigo, me acorde de que me dijo que era de cuerda… Pero tambien se ha parado a las diez y un minuto. Quiza se golpeo cuando cayo al suelo… Mierda… -Se acerco a Elisa y le hablo al oido, la voz convertida en un susurro violento-. ?Como quiere que se lo demuestre…? ?Como quiere que le demuestre mi realidad, profesora? Se me ocurren un par de cosas que… quiza se lo demostrarian sin lugar a dudas… ?Eh? ?Eh?

De pronto escucho algo que la dejo completamente petrificada.

Llanto.

Permanecio inmovil mientras oia llorar a Carter. Era horrible oirle llorar. Penso que a el tambien debia de parecerle horrible. Se entregaba al llanto como si fuese una bebida, una botella que deseara apurar hasta el final. Lo vio alejarse por la arena: una forma robusta subrayada por lineas blancas, debiles pinceladas de luna.

– La odio… -murmuro Carter entre las pausas de las lagrimas. Subitamente, se puso a gritar-: ?Los odio a todos ustedes, putos cientificos! ?Quiero vivir! ?Dejadme vivir en paz!

Mientras veia a Carter alejarse, Elisa cerro los ojos por fin y cayo en el sueno como si se hubiese desmayado.

El ruido que la desperto provenia de la verja: vio a Carter saliendo en direccion a la playa cargado con algo. Habia amanecido ya, y la temperatura era algo mas fria, pero ella estaba cubierta con una manta de mochila. El ex militar, al parecer, deseaba mostrarle su amabilidad, y de alguna manera Elisa sintio remordimientos al recordar su llanto de la noche previa.

Aparto la manta y se levanto, pero casi grito cuando el dolor del muslo le dijo que tambien se habia despertado con ella y se disponia a hacerle compania durante todo el tiempo que fuese preciso. No sabia como tenia la herida, sin duda peor. En todo caso, no queria saberlo. Un mareo repentino la obligo a buscar la muleta de la pared. Sentia un hambre violenta, incontenible.

Se dirigio a los barracones guiada por la reciente claridad. El sol consistia en un punto concreto del horizonte y las nubes mas densas se habian apartado hacia el sur revelando un cielo cada vez mas azul. Pero aun debia de ser muy temprano.

En el barracon, algunas mochilas habian sido abiertas. Por lo visto, Carter tambien habia sentido hambre. Encontro galletas y chocolatinas, y las devoro con autentica ansia. Luego hallo agua en una cantimplora. Tras resolver aquellas necesidades, se dirigio cojeando a la playa.

El mar estaba tranquilo y despejado. La luz revelaba distintas franjas de azul sobre su dorso. Frente a ese inmenso decorado, Carter se afanaba como una hormiga. Habia hecho dos fogatas y se disponia a encender una tercera. Las tres se hallaban en linea frente a la orilla. Elisa se acerco y lo vio trabajar.

– Siento lo de anoche -dijo el por fin, sin mirarla, concentrado en su tarea.

– Olvidelo -dijo Elisa-. Gracias por la manta. ?Que esta haciendo?

– Tomando precauciones, simplemente. Supongo que saben donde nos encontramos, pero una ayuda adicional nunca esta de mas, ?no cree? ?Le importaria situarse delante de mi? Con este viento es muy dificil encender las cerillas…

– A estas horas ya deberian haber llegado -dijo ella escrutando el azul en el limite de su mirada.

– Depende de muchas circunstancias. Pero estoy seguro de que apareceran.

Las ramas empezaron a arder. Carter las contemplo un instante; luego se levanto y se reunio con ella en la orilla.

Elisa miraba el mar, hipnotizada: el mecanismo incesante de la ola que llega y se repliega dejando un joyero de espuma que la siguiente ola se encarga de recubrir. Recordo aquel mar paralizado en el tiempo, de aristas de cristal y alambres de nieve, y se estremecio de horror y asco. Se pregunto que habria pensado Carter de haber visto algo parecido.

– ?Aun sigue creyendo que todo es un sueno suyo, profesora? -dijo Carter. Habia desenvuelto una barra de chocolate y le daba grandes mordiscos. Restos de chocolate destacaban sobre su barba y bigote-. Bah, piense lo que quiera. Yo no soy cientifico, pero se que estamos en 2015, y que hoy es lunes dieciseis de marzo, y que vendran a por nosotros… Usted piense lo que quiera con su privilegiada cabeza. Yo le digo lo que se.

Elisa siguio mirando el horizonte vacio. Recordaba las palabras de uno de sus profesores de fisica de la universidad: «La ciencia es la unica que sabe, la unica que emite un veredicto. Sin ella, seguiriamos creyendo que el sol gira a nuestro alrededor y la Tierra no se mueve».

– ?Quiere que apostemos algo? -continuo Carter-. Estoy seguro de que ganare. A usted le habla el cerebro, a mi el corazon. Hasta ahora hemos estado confiando en el primero, y ya ve en que lio nos ha metido… -Hizo un gesto con la cabeza hacia los barracones-. Ya ha comprobado de que cosas es capaz su maravilloso cerebro. ?No le parece que ya es hora de confiar en el corazon, profesora?

Elisa no respondio.

La ciencia es la unica que sabe.

Oyo a Carter reir suavemente, pero no lo miro.

Siguio oteando el cielo, que continuaba tan inmovil y vacio como si el tiempo se hubiese detenido.

Nota del autor

Varias personas me invitaron a conocer la compleja y desquiciante mansion de la fisica moderna. La profesora Beatriz Gato Rivera, del Instituto de Matematicas y Fisica Fundamental del CSIC, contesto con amabilidad y paciencia a todas mis preguntas, desde las referidas a los estudios universitarios hasta las mas enrevesadas relacionadas con la fisica teorica, y le estoy enormemente agradecido. Tambien al profesor Jaime Julve, del mismo instituto, por esa tarde calurosa en que charlamos de lo divino y lo humano, y al profesor Miguel Angel Rodriguez, del departamento de Fisica Teorica de la Universidad Complutense, que busco un momento en la siempre apretada jornada de final de curso para atenderme. Otros profesores de otras universidades espanolas han preferido quedar en el anonimato, pero me recibieron con identico entusiasmo y paciencia, e incluso revisaron el manuscrito e hicieron importantes correcciones, y a todos ellos quiero enviar tambien mi agradecimiento. Resulta obvio anadir que los distintos errores y fantasias, asi como ciertas desagradables opiniones sobre la fisica y los fisicos de ciertos personajes de esta novela, no pueden achacarse en modo alguno a mis excelentes

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