bebidas, instalado en una zona inferior de la explanada. Se dijo que, ya que habia venido con tanto esfuerzo, tras un deplorable viaje en autocar, no hacia mal quedandose un rato, aunque sospechaba que aquello no iba a ser otra cosa que una aburrida fiesta en un ambiente vulgar.

Ignoraba hasta que punto aquella tarde constituiria el comienzo del horror.

Pegados en la barra del bar se hallaban los tipicos carteles jocosos de los estudiantes de las respectivas carreras de ciencias. El de Fisica tenia impresas unas frases en letras grandes, sin dibujos:

A Elisa le hizo gracia aquella pirueta intelectual. Habia pedido una Coca-Cola light y sostenia el vaso de plastico con una servilleta de papel buscando algun rincon tranquilo para beber y marcharse despues. Distinguio a lo lejos a Victor Lopera charlando con su amigo, el inefable Valente Sharpe, y otros de su especie. No le apetecia unirse en aquel momento a la Mesa Redonda de los Grandes Sabios, de modo que lo dejo para mejor ocasion. Bajo el terraplen y se sento en el suelo de hierba, apoyando la espalda en el tronco de un pino.

Desde alli podia ver el cielo oscurecerse, y hasta un plano general de la luna alzandose en el horizonte. Estuvo contemplandola mientras bebia lentos sorbos de refresco. La atraccion que experimentaba desde nina por los cuerpos celestes le habia hecho desear al principio ser astronoma, pero luego habia descubierto que las simples matematicas eran infinitamente mas maravillosas. Las matematicas eran algo cercano que ella podia manipular, la luna no. Con la luna solo podia embelesarse.

– Los antiguos decian que era una diosa. Los cientificos dicen cosas menos bonitas sobre ella.

Al tiempo que oia la voz, penso, sorprendida, que por segunda vez aquella tarde alguien a quien no conocia se dirigia a ella. Mientras se volvia para ver a su interlocutor, su cerebro emitia a toda velocidad un informe sobre la posibilidad mas probable (?y mas deseable?). Pero se equivocaba: no era «Cuatro- Centesimas-Menos-Valente Sharpe» (?como habia podido imaginarlo?) sino otro joven, un chico alto y atractivo, de pelo castano oscuro y ojos claros. Vestia camiseta y bermudas color caqui.

– Me refiero a la luna: estabas mirandola de una manera muy curiosa. -Llevaba una mochila que dejo en el cesped mientras le tendia la mano-. Javier Maldonado. Ella es la luna. Y tu debes de ser Elisa Robledo. Vi tu foto en la revista de la facultad y ahora te encuentro aqui. Que suerte. ?Te importa que me siente?

A Elisa si le importaba, mas que nada porque el chico se habia sentado ya, invadiendo su espacio personal y obligandola a echarse a un lado para que sus pies calzados con gruesas chanclas no la rozaran. Sin embargo, al mismo tiempo respondio que no. Estaba intrigada. Veia al joven sacar unos papeles de la mochila. Aquella forma de ligar le resultaba novedosa.

– Me he colado por la puerta de atras -le confeso Maldonado con aires de secreto compartido-. En realidad, no soy de ciencias. Estudio periodismo en Alighieri, y nos han mandado elaborar un reportaje como trabajo especial de fin de curso. A mi, en concreto, me toca entrevistar a estudiantes de ultimos cursos de fisica: ya sabes, hacerles preguntitas sobre su vida, sus estudios, que hacen en su tiempo libre, como practican el sexo… - Quiza percibio la tranquila seriedad con que Elisa lo miraba, porque se detuvo de improviso-. Bueno, soy un gilipollas. El cuestionario es serio, de verdad. -Le mostro los papeles-. Os he elegido a vosotros porque sois famosos.

– ?A nosotros?

– Los estudiantes del cursillo de Blanes. Joder, dicen que sois el no va mas de la fisica… ?Te importaria responder a las preguntas de este aspirante a periodista?

– En realidad, pensaba irme ya.

De repente Maldonado adopto una comica postura de rodillas.

– Te lo suplico… Hasta ahora no he logrado que nadie acepte… Debo hacer este trabajo o no me querran ni como redactor en las revistas del corazon… Peor aun: me obligaran a ir al Congreso de los Diputados a entrevistar a un politico. Ten compasion. Juro que no te quitare mucho tiempo… Sonriendo, Elisa miro el reloj y se levanto.

– Lo siento, pero el ultimo autocar para Madrid sale dentro de diez minutos y no puedo perderlo.

Maldonado se levanto tambien. En su rostro, no carente de encanto segun Elisa, flotaba una expresion maliciosa que la divirtio. Seguro que se cree muy guapo.

– Oye, mira, hagamos un trato: tu respondes algunas preguntas y yo te llevo en coche hasta tu casa. Hasta tu misma casa, palabra de honor.

– Gracias, pero…

– No te apetece, claro. Te comprendo. A fin de cuentas, acabamos de conocernos. Pues a ver que te parece esto. Hoy te hago unas cuantas preguntas, y solo si tu quieres continuamos otro dia, ?vale? No te quitare mas de cinco minutos. Llegaras a tiempo para tomar ese autocar.

Elisa seguia sonriendo, entre intrigada y divertida. Iba a decir que aceptaba cuando Maldonado hablo otra vez.

– Esto si te parece bien, ?eh? Pues venga.

Le indicaba el mismo lugar del que acababan de levantarse. Puedo escuchar durante cinco minutos las preguntas que tenga que hacerme, se dijo.

En realidad, escucho durante mas tiempo y hablo durante mucho mas aun. Pero no podia culpar a Maldonado, que, lejos de jugar sucio, se mostraba amable y atento. Hasta le recordo, en el momento oportuno, que ya habian pasado los cinco minutos.

– ?Lo dejamos? -pregunto.

Elisa se detuvo a considerar la otra opcion. Le resultaba insoportable la idea de marcharse de aquella especie de pequeno eden campestre para introducirse en el horrendo autocar de regreso. Ademas, a lo largo de los ultimos meses habia estado viviendo en el interior de su cerebro, y ahora que empezaba a hablar con alguien (alguien que la respetaba como persona, no como simple alumna brillante o simple chica atractiva) descubria hasta que punto lo necesitaba. «Aun tengo un rato», dijo. Maldonado volvio a interrumpir las preguntas poco despues para advertirle que iba a perder el autocar. Aquella cortes preocupacion le agrado. Le dijo que siguieran adelante. El no volvio a recordarselo.

Elisa se sentia muy bien charlando. Habia respondido preguntas sobre su deseo de estudiar fisica, el ambiente en su facultad, su curiosidad inagotable por la naturaleza… Maldonado la dejaba expresarse a placer, al tiempo que tomaba breves apuntes. En un momento dado dijo:

– No encajas en la imagen que tengo de un cientifico, tia. Para nada.

– ?Y que imagen tienes de un cientifico? Maldonado sopeso la pregunta.

– Un tio bastante feo.

– Te aseguro que tambien los hay guapos, y algunos son tias -sonrio ella. Pero, por lo visto, ahora llegaba el momento de la seriedad, porque el no siguio la broma.

– Hay otra cosa que me intriga de ti. Eres la primera de tu promocion, tienes asegurada una beca en el mejor lugar del mundo, tu futuro laboral te sonrie… Por si fuera poco, acabas de terminar la carrera y podrias…, no se, dormir veinte horas seguidas, escalar los Alpes… Pero no has dudado en presentarte a una prueba de admision putisima para obtener una de las veinte plazas del curso de dos semanas de David Blanes… Digo yo que Blanes tiene que valer la pena.

– Mucho. -Los ojos de. Elisa se iluminaron-. Es un genio.

Maldonado escribio algo.

– ?Le conoces personalmente?

– No, pero admiro su trabajo.

– Se lleva a parir con la mayoria de las universidades publicas de este pais, ?lo sabias? Ya ves: ha tenido que organizar su curso en una privada…

– Estamos rodeados de envidiosos -admitio Elisa-. Sobre todo en lo que respecta al mundo cientifico. Pero tambien es verdad que, segun dicen, el caracter de Blanes es especial.

– ?Te gustaria hacer la tesis con el?

– Ya lo creo.

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