– Cuando Von Bader me dijo que usted era un famoso detective aleman y que habia investigado muchos casos de desapariciones en Berlin antes de la guerra, creo que perdi interes por el plan. O quien sabe. Mire, fui yo quien le hablo a Anna Yagubsky de usted. Y quien le sugirio que hablase con usted para pedirle ayuda. Pense que si ayudaba a Anna a encontrar a sus tios tambien me ayudaria a mi a encontrar a mis hermanas. Y, dado que usted me estaba ayudando, aunque a traves de una representante, yo decidi ayudarle a usted. Decidi ponerle al corriente, en la medida de lo posible, de lo que estan tramando el coronel y Von Bader. Mire, la chica, Fabienne, ha desaparecido con su madre y nadie sabe donde esta. Eso es todo lo que se. Von Bader quiere abandonar el pais, pero hasta que sepa que estan. a salvo no puede marcharse. Algo asi, vaya. En todo caso, corro un gran peligro al contarle esto.
– ?Pero por que lo hace?
– Porque Anna dice que usted es el hombre que va a resolver el enigma. Y no me refiero al paradero de Fabienne y su madre, sino al de nuestros familiares. Los tios de Anna y mis hermanas. -Continue -dije con un suspiro-. Hableme de ellas. Hableme de usted. -Me encogi de hombros-. ?Por que no? Al fin y al cabo, he pagado por su tiempo.
– Mi madre me saco de Polonia justo antes de la guerra. Yo tenia veinticinco anos. Me dio unas joyas y logre llegar a Argentina. Mis dos hermanas eran demasiado pequenas para venir conmigo. Una tenia diez anos y la otra ocho. El plan era que yo mandase a alguien a buscarlas cuando pudiera. Escribi a mi madre para contarle que estaba bien y recibi una carta de un vecino que me dijo que mi madre y mis hermanas estaban escondidas en Francia. Despues, en 1945, supe que mis dos hermanas viajaban como falso peso en un buque de carga desde Bilbao.
– ?Falso peso?
– Si, es como llaman a los inmigrantes ilegales en un barco. Sin embargo, cuando el barco atraco aqui en Buenos Aires, no habia ni rastro de ellas. Mi marido de entonces hizo algunas indagaciones. Era ex policia. Averiguo que las habia vendido el capitan a una
Hice un gesto negativo.
– Una
Cuando volvio, se habia gastado hasta el ultimo centimo y tuve que ganarme la vida como fuese. Asi que aqui estoy, como ve. Actuo, bailo, un poco de todo. A veces algo mas, si el hombre me gusta. De todos modos, mi nueva vida tenia una gran ventaja. Me permitia buscar a mis hermanas, y hace un par de anos descubri que las habian detenido el ano anterior, en una redada policial en una casita. Se las llevaron a la carcel de San Miguel. Pero en lugar de comparecer ante los magistrados, se esfumaron de la carcel. Desde entonces no se nada de ellas. Nadie sabe nada. Es como si no hubieran existido.
» Fue mi ex marido, Pablo, el que me presento al coronel. Y la verdad es que acepte el trabajo del senor Von Bader con la esperanza de tener una oportunidad de preguntar al coronel por mis dos hermanas.
– ?Y lo hizo?
– No. Por la sencilla razon de que el y Von Bader hicieron ciertos comentarios sobre los judios. Comentarios antisemiticos. ?Se acuerda?
– Si, me acuerdo.
– Por lo tanto, no me parecio probable que se mostrase muy comprensivo con mi situacion. Entonces m~ di cuenta de que a usted tampoco le gustaron los comentarios. Vi la amabilidad de sus ojos. Y decidi renunciar a mi plan de hablar con el coronel para hablar con usted. O al menos convenci a Anna para que hablase con usted sobre nuestra situacion. El resto ya lo sabe. Ella no tiene dinero, claro, pero es muy guapa. Yo no esperaba que nos ayudase a cambio de nada. Le aseguro que en este pais nadie hace nada a cambio de nada.
– No cuente con que suceda muy a menudo. Yo pago con la misma facilidad que cualquiera. A veces pierdo la aureola y me entra apetito de los vicios comunes y hasta de los menos comunes. -Lo tendre en cuenta -dijo-. Me dara algo en que pensar la proxima vez que no pueda dormir.
– ?Que edad tenian sus hermanas cuando llegaron aqui?
– Catorce y dieciseis.
– ?Hay mucha trata de blancas aqui en Buenos Aires?
– Mire, de eso hay en todas partes. Las chicas llegan a un lugar que esta muy lejos de su pais natal. Estan sin dinero, sin papeles, y no tienen forma de volver. Comprenden que tienen que trabajar para pagar los gastos ocultos de su pasaje. Tengo suerte de que no me sucediese lo mismo a mi. Todo lo que hago, lo hago por eleccion. Mas o menos.
– ?Quien se encarga de la compra y de la venta?
– ?Quiere decir del equipaje? ?Las chicas?
Asenti.
– Para empezar, esto ya no sucede con mucha frecuencia. Ha disminuido el suministro de chicas nuevas. Normalmente los vendedores eran los mismos que organizaban el pasaje de las chicas. Capitanes de barco, primeros oficiales, en puertos como Marsella, Bilbao, Vigo, Oporto, Tenerife e incluso Dakar. Las chicas mas jovenes, como mis hermanas, eran de «peso escaso». Otras eran de «sobrepeso», Si eran muy jovenes, las llamaban «fragiles», demasiado jovenes para ver la luz del dia durante el viaje. La mercancia era controlada por un polaco de Montevideo llamado Mihanovich. Montevideo era donde atracaban todos los barcos antes de venir a Buenos Aires. Algunos se quedaban en Uruguay, pero normalmente enviaban a las chicas aqui, donde se podia ganar dinero con su venta. Mihanovich llegaba a un acuerdo con los hombres del Centro, que es como se llama el crimen organizado en esta ciudad. Se llama el Centro porque tiene su sede en la zona comprendida entre Corrientes, Belgrano, el puerto y San Nicolas. En gran parte esta controlado por familias francesas, una de Marsella y las otras de Paris. Asi que los hombres del Centro compraban chicas a Mihanovich, les metian el miedo en el cuerpo cuando llegaban aqui, y las ponian a trabajar en las casitas de Buenos Aires. El sitio ideal para los marineros salidos y con unos dias de permiso. Hay mas casitas en esta zona de Buenos Aires que en el resto de Argentina. Hasta los polis se pasan mucho por aqui. Asi que ya se imagina como me senti al saber que mis dos hermanas adolescentes entraron a trabajar en ese negocio. -Nego con la cabeza, amargamente-. Esta ciudad es como una escena del Juicio Final.
Encendi otro cigarro y deje que las volutas de humo me envolviesen los ojos. Queria castigarlos por mirarle el escote justo cuando necesitaba que cumpliesen con su trabajo y la mirasen fijamente a la cara, con el fin de dilucidar si me decia la verdad. Pero supongo que para eso se inventaron los escotes. Me movi en la silla y eche un vistazo al local. Isabel Pekerman hacia que Buenos Aires se pareciese mucho a Berlin durante los ultimos anos de la Republica de Weimar. No obstante, para mis cinicos ojos, lo que habia visto en Buenos Aires no era comparable con la antigua capital alemana. Las chicas que bailaban llevaban algo de ropa encima y sus parejas al menos eran hombres, en su mayoria, no una cosa intermedia. Los musicos tocaban una melodia sin pretensiones. No ponia en duda lo que habia dicho Isabel Pekerman. Pero, a diferencia de Berlin, que alardeaba del vicio y la corrupcion, Buenos Aires atendia su ansia de depravacion como un viejo sacerdote que echa un trago a una botella de conac escondida en el bolsillo de la sotana.
Me cogio la mano, abrio la palma y la observo atentamente.
– Segun su mano, vamos a pasar la noche juntos, despues de todo -dijo mientras recorria con el indice las diversas arrugas y monticulos.
– Como le dije, he tenido un dia tremendo.
– Me mirarian mal si no lo hiciera -dijo, contradiciendo gran parte de lo que habia dicho antes-. Al fin y al cabo, ya ha pagado por ello. Blue Vincent pensara que he perdido facultades.
– No pensara eso. Si tiene ojos en la cara.
– ?Ah, no? -dijo, abrazandome-. Venga. Lo pasaremos bien. Hace anos que no me acuesto con un hombre que me guste de verdad.
– Que coincidencia -dije, y me levante para marcharme. Y mas valdria que me hubiera quedado.
