dejamos entrar a los admiradores hasta despues de la actuacion. Y solo pueden entrar los que han pagado por ver el espectaculo.
El corazon me palpito con fuerza. Me dio la terrible sensacion de que me iba a echar. Tartamudee que lo unico que queria era ver la llegada de los artistas y que no tenia dinero para presenciar el espectaculo, pero que, si lo tuviera, sin duda pagaria por entrar en una sala con tanta categoria. Los ojos del portero brillaron y las comisuras de su boca formaron un amago de sonrisa.
Un hombre que llevaba un traje muy usado con las rodillas desbastadas y una camisa blanca que mas bien presentaba una tonalidad grisacea se dirigio hacia nosotros. Su mirada estaba fija sobre un pedazo de papel arrugado que sostenia en la mano. Llevaba la otra mano metida en el bolsillo.
El hombre se detuvo durante un instante y levanto la mirada, pero no contesto al saludo. Murmuro algo para sus adentros y subio las escaleras. El portero alzo la voz y repitio:
Puesto que el otro hombre seguia sin responder, el portero bloqueo el callejon poniendose en medio y cruzo los brazos sobre el pecho.
– Ya demuestra bastante mala educacion al no saludarme a mi -le espeto-. Pero podria hacer el favor de al menos decirles
El hombre contemplo al portero y despues se volvio sobre sus talones y me lanzo una mirada aterradora.
El hombre arrugo el entrecejo como si se acabara de despertar de un sueno.
Su rostro lleno de picaduras y aquellos ojos hundidos me provocaron una sensacion macabra. Me pregunte si seria uno de aquellos magos sobre los que habia leido, que practicaban la magia negra y cortaban a bonitas mujeres en dos con una sierra.
El portero contemplo al hombre mientras desaparecia.
– Ese es el humorista -aclaro sonriendo.
Resonaron unos tacones sobre los adoquines de la acera, ?clic, clac, clic, clac! Los tres levantamos la mirada. Camille venia caminando por el callejon, con las piernas desnudas a causa del calor. Llevaba un vestido rojo y se habia peinado el pelo hacia un lado con una peineta. Justo detras de la oreja se habia colocado una orquidea. Cogia uvas del racimo que llevaba en la mano y se las comia de una en una, masticando cada una de ellas con aire pensativo mientras miraba al infinito. Detras de ella, resonaron unos pasos mas pesados. Adverti a un hombre con sombrero de copa y frac que doblo la esquina con un voluminoso ramo de rosas bajo el brazo. Me estaba preguntando que tipo de espectaculo haria, cuando el hombre emitio un gemido de dolor:
– ? Caaaamiiiilleee!
Senti escalofrios al oirlo. Pero si aquel hombre estaba esperando que Camille reaccionara, no lo logro. Ella siguio acercandose tranquilamente con los ojos fijos en la puerta de artistas, sin ni siquiera verme a mi. El rostro del hombre enrojecio y se mordio el labio. Tenia aproximadamente treinta anos, pero sus abultadas mejillas y su exigua barbilla le conferian el aspecto de un bebe.
– ???Camille!!! -suplico, corriendo hacia ella.
Camille fruncio el entrecejo y se volvio para encararse con su perseguidor.
– ?No puedes dejarme en paz ni un minuto? -rezongo.
El hombre se paro en seco, trago saliva y avanzo un paso mas.
– Pero me lo prometiste…
– Me estas aburriendo. Largate ya -le espeto ella, elevando el tono de voz.
El hombre se puso tenso. Le dedico una mirada al portero, que lo contemplo con ojos compasivos.
– Nos encontraremos despues del espectaculo, ?verdad?
– ?Para que? -le contesto Camille, encogiendose de hombros-. ?Para que me des otro perro? Ya he regalado el primero.
– Escuchame bien -le espeto Camille, clavandole la punta del dedo en el pecho-. No dejo que me traten como a un juguete. No tengo tiempo para nadie que no vaya en serio.
Lo aparto de su camino y ya habia subido la mitad de las escaleras cuando monsieur Gosling dejo escapar otro gemido y cayo de rodillas al suelo. Pense que se iba a desmayar o que se iba a arrastrar tras ella. Saco el ramo de rosas que llevaba bajo el brazo. No me cupo la menor duda de que aquel no era el momento adecuado para ofrecerselo a Camille, cuya boca se curvo en una sonrisa cruel. Daba la sensacion de que estaba a punto de lanzarle otro comentario mordaz, cuando se paro en seco y contemplo las flores. Vio algo en ellas que le hizo cambiar de opinion. Se le dulcifico la expresion como un capullo abriendose para recibir la lluvia.
– ?Monsieur Gosling! -ronroneo, pasandose los dedos por el cuello antes de hundir la mano en los petalos y sacar algo de entre ellos.
Brillo a la luz del sol. Era un brazalete de diamantes.
La confianza de monsieur Gosling aumento cuando vio que Camille estaba disfrutando. El tono de ella paso de ser gelido a un murmullo provocativo cuando le dijo:
– Asi esta mejor.
Y lo beso en la mejilla. El era como un cachorrillo que habia complacido a su duena por haber orinado en el lugar adecuado.
– ?Despues del espectaculo…? -comenzo a decir, tratando de adoptar un tono varonil y exigente, pero, aun asi, seguia sonando dubitativo.
– De acuerdo, despues del espectaculo… -respondio Camille antes de escabullirse junto al portero hacia la oscuridad.
El portero puso los ojos en blanco. Monsieur Gosling bajo brincando las escaleras, pero se sobresalto cuando me vio, o mas bien cuando vio a
– ?Ese es…? Debo preguntarle… ?Ese es? -tartamudeo, acercandose a mi.
– Si -le conteste-. Este es el cachorro que le regalo a mademoiselle Casal. Yo lo paseo todos los dias.
Abrio mucho los ojos y se echo a reir, mostrando unos dientes torcidos. Yo hubiera salido huyendo de no haber estado el portero alli tambien. Monsieur Gosling palmoteo y miro hacia el cielo, sonriendo de oreja a oreja.
– ?Despues de todo, me quiere! -grito, lo bastante alto como para que lo oyera toda Marsella-. ?Ella me quiere!
No pude ir al teatro la noche siguiente. Tenia a
– Puedes combinar ambos paseos -me sugirio.
«En realidad no», pense yo, sabiendo que no podria ir hasta el despacho de su abogado en la Rue Paradis y despues dirigirme al teatro.
Al dia siguiente, mientras estaba ajustandole la correa a
