entre mis brazos. El corazon me palpitaba con fuerza en el pecho. Contemplar el espectaculo era como ser abatido por un rayo. Me quemaba la piel y me latian las sienes. Nunca antes habia experimentado algo asi.
Espie de nuevo a traves del telon y parpadee. Unos seres fantasmales se movian desordenadamente por el escenario. Levantaron algo sobre el telon de fondo que se desenrollo con un ruido sordo como el de una vela desplegandose al viento. Empujaron el totem hacia los bastidores y en su lugar colocaron tres objetos que parecian arboles. Unos minutos mas tarde, las tenebrosas siluetas se retiraron, como asesinos escabullandose entre las sombras. Me di cuenta de que se escuchaba una voz apagada y comprendi que otro numero estaba teniendo lugar delante del telon. Los hombros redondeados y la postura adusta me resultaban familiares y supuse que era el humorista hurano. No alcanzaba a oir lo que estaba diciendo porque proyectaba su voz hacia el publico, pero fuera lo que fuera no les gustaba. Le estaban abucheando y golpeaban los punos contra los laterales de sus asientos.
– ?Saquen a las chicas! -grito una voz hosca por encima de la algarabia.
No me entere de si el humorista habia terminado su numero o no, pero instantes despues el arpa comenzo una melodia cantarina. Se le unio una flauta, que arrastraba las notas como si se tratara de una serpiente. Una luz dorada inundo el escenario. El publico se quedo boquiabierto y yo tambien. El decorado estaba ambientado en el antiguo Egipto con un telon de fondo de arena, piramides y palmeras. Las coristas estaban de pie o arrodilladas delante de una escalera que desaparecia por el techo. Vestian tunicas blancas atadas a un hombro con un broche dorado y todas ellas tenian un aspecto muy similar, con pelucas de color ebano y los ojos alargados con una gruesa raya negra. Los eunucos se encontraban de pie a ambos lados del escenario, agitando abanicos de plumas de pavo real. Las coristas cantaron y sus voces recibieron respuesta de otra voz que provenia ce mas arriba.
Unos pies enjoyados con tobilleras plateadas aparecieron en lo cito de la escalera y comenzaron a descender. Despues, les siguieron unas estilizadas piernas y un torso. Cuando la mujer surgio por completo, se impuso un silencio ahogado entre el publico. Llevaba cubiertas las caderas con una gasa de muselina que se le cerraba a la cintura con una hebilla en forma de cobra. Toda ella relucia por las joyas que la adornaban de pies a cabeza. Brillaban en los lobulos de sus orejas y en sus munecas, y en la parte superior de cada brazo tenia un brazalete dorado. Sobre el pecho le colgaban tiras de cuentas que apenas escondian sus senos turgentes. Fue avanzando paso a paso, deslizandose escalera abajo. Gracias a aquella elegante manera de andar logre reconocerla. Era Camille. Habia pasado de ser una hermosa mujer a transformarse en un exotico objeto de deseo. De repente, comprendi la obsesion de monsieur Gosling.
Camille alcanzo el final de las escaleras y se movio hacia las candilejas, donde comenzo a hacer ondas con los brazos y a contonear las caderas al ritmo de la musica. Un hombre de la primera fila se tapo la boca con la mano sin poder apartar los ojos de ella. El resto del publico no se movio ni lo mas minimo. Se quedaron inmoviles, agarrados a sus asientos. Camille movio sensualmente los hombros y las caderas y giro en circulo. Alcance a ver un instante el brillo de sus ojos, su expresion altiva. Todos los demas artistas que la acompanaban en escena se desvanecieron, se volvieron insignificantes. La voz de Camille era fina pero su presencia sobre el escenario resultaba formidable. Un barco de velas purpuras aparecio deslizandose desde los bastidores y se detuvo a los pies de la escalera. Flanqueada por las coristas, Camille se subio a el. Se volvio y le dedico al publico un ultimo y descarado contoneo de caderas antes de desaparecer como por arte de magia. Las luces se apagaron. El baile habia terminado. El publico se puso en pie y aclamo, su aplauso fue tan ensordecedor como un trueno. Aprete a
Tras varios bises, en ninguno de los cuales aparecio Camille de nuevo, me di cuenta de que se me estaba haciendo tarde y que tendria que perderme el segundo acto. Me levante para irme a casa.
Albert estaba fumando en el rellano y le di las gracias por haberme dejado ver el espectaculo, pero apenas oi mis propias palabras, pues todavia resonaba en mis oidos el vivido recuerdo de la musica y del aplauso del publico. Camine por la Canebiere como en suenos y las patitas de
Llegue a la puerta principal cuando se estaba poniendo el sol y levante el pestillo. Pero la chica que habia dejado la casa aquella tarde no era la misma que regresaba. Entonces supe que tenia que lograr subirme al escenario o mi vida no valdria nada.
Capitulo 4
Le Chat Espiegle no era precisamente un teatro de variedades de primera categoria con un gran presupuesto de produccion ni un publico entre el que se contaran duques y principes. Pero para mi se trataba de un lugar magico. Pensaba que las luces y la musica, aquellos trajes brillantes y las coristas eran el colmo del
A veces, algunas actuaciones se pasaban del segundo acto al primero de la representacion y una vez asisti a la matine del domingo cuando a tia Augustine le dio una migrana y me ordeno que no la molestara ni hiciera ningun ruido en la casa. De esa manera, tuve la oportunidad de ver los numeros de otros interpretes. Los artistas y el empresario teatral, monsieur Dargent, me descubrian de vez en cuando, pero no decian nada. Incluso Camille hacia caso omiso de mi presencia: permanecia distante sin delatarme a tia Augustine y seguia pagandome por pasear a
El mimo se llamaba Gerard Chalou. Aunque solo podia verle la espalda durante su representacion, me solia tropezar con el entre bastidores mientras practicaba la postura de los hombros contra una pared o se tumbaba boca arriba y contraia y relajaba los musculos del abdomen. A veces calentaba en la caja en la que yo me sentaba y a menudo se pasaba cuatro o cinco minutos moviendo solamente los ojos.
– Son los que lo comunican todo -aclaro, ante mi expresion sorprendida-. Tambien hay que calentarlos.
Una vez, durante el intermedio, Chalou nos ofrecio a Albert y a mi una representacion de su numero sobre un caniche maleducado. Para enfatizar los momentos comicos, se quedaba congelado en algunas posturas. Escudrine sus labios y el pecho en busca de algun indicio que demostrara que estaba respirando, pero no encontre ninguno. Madeleine y Rosalie, dos coristas que aparecian desnudas en el espectaculo excepto por sus
– Podeis practicar corriendo -les indico-. Y despues, quedaos quietas en una postura. No debeis mover ni un musculo. Pero tampoco puede parecer que estais muertas. A traves de la mirada, teneis que transmitir vida.
Madeleine y Rosalie trotaron por la habitacion como caballos. Cuando Gerard grito: «?Quietas!», se pararon en seco, tratando de no tambalearse sobre los tacones de aguja que llevaban y sosteniendo sus boas de plumas tras ellas, como si fueran alas. Pero por mucho que lo intentaran, cada vez que lo hacian, algo siempre las delataba. Un pendiente tintineaba contra su tocado; una pulsera que se deslizaba brazo abajo; o sus pechos, que continuaban rebotando. Aunque se suponia que aparecian desnudas, sus
