El sabado, al salir de la capilla Sixtina, la madre les propuso dar una vuelta por la feria del libro.

– Quiero ver si tienen algunos libros que necesito y que me han encargado mis amigos. Ven con nosotros, te gustara.

Una vez en la feria, se separaron. La madre y Dirk fueron a buscar las publicaciones que les interesaban, y Nastia se quedo delante de las casetas encima de las cuales unas letras enormes anunciaban: «El best-seller europeo.» Se entretuvo en mirar las cubiertas multicolores, en leer los textos de las solapas, en sacar conclusiones: «Este libro lo leeria si tuviera tiempo, y este tambien, y este… En cambio, esta clase de novelas no me gusta nada.» Al acercarse a la caseta de turno, sintio que la tierra se le iba debajo de los pies. Justo delante de ella habia un libro titulado La sonata de la muerte, de un tal Jean-Paul Brizac. Sobre la lustrosa portada habia cinco rayas de un rojo sangriento que imitaban el pentagrama y una clave de sol de color verde claro.

Tras recuperar el sentido, Nastia cogio el libro y clavo la vista en el comentario de la contraportada. «Jean- Paul Brizac -rezaba aquel- es una de las figuras mas enigmaticas de la literatura europea contemporanea. Ni un solo periodista ha conseguido entrevistar a este autor de mas de una veintena de best-sellers. Una intriga tensa, la confrontacion entre el bien y el mal, los lados oscuros de la naturaleza humana, todo esto esta presente en la obra del misterioso anacoreta que no se deja fotografiar y se comunica con el mundo exterior por mediacion de su agente literario.»

Miro con atencion a la mesa de la caseta y descubrio otros libros de Brizac en aleman, frances e italiano. Vio a lo lejos a su madre y se abrio paso entre la muchedumbre.

– Mama, ?puede uno comprar estos libros que hay aqui?

– Claro que si. ?Has encontrado algo interesante? Vamos alla, te lo comprare, en cualquier caso no tendras dinero suficiente, todo lo que venden aqui esta por las nubes.

– Pero necesito muchos… -dijo Nastia indecisa.

– Entonces, compraremos muchos -contesto la madre con calma.

Nastia no conocia el aleman y se limito a seleccionar libros de Brizac en frances e italiano.

– ?Para que los quieres? -Nadezhda Rostislavovna torcio el gesto, despectiva-: ?Es que piensas leerte esas sandeces?

– Bueno… Siento curiosidad -fue la reticente respuesta de Nastia-. Un escritor anacoreta, los lados oscuros del alma humana… Si, me parece curioso.

La madre no oculto que desaprobaba el interes de la hija en el best-seller europeo y, al pagar el importe nada desdenable de la compra, dejo caer:

– Se pueden comprar libros de Brizac en cualquier quiosco de las estaciones de trenes o en el aeropuerto, y a un precio mucho mas razonable, por cierto. Tambien tienen mas titulos.

Segun Nadezhda Rostislavovna, Jean-Paul Brizac era un escritor popular pero superficial. Sus libros tenian buena acogida entre un publico poco exigente, que los compraba encantado para leerlos durante un viaje, por lo que se publicaban sobre todo en rustica, en formato de bolsillo. Pero una observacion de la madre capto la atencion de Nastia:

– No hace mas que seguir la moda. Sabes, desde hace unos anos todo lo ruso despierta mucha expectacion. Ademas, ahora hay cada vez mas emigrantes. Brizac tiene un ciclo de novelas sobre Rusia que, imaginate, gozan de gran demanda por parte de la emigracion rusa. Te dire una cosa, quien quiera que sea ese anacoreta, apuros no pasa. Sus libros se publican con tiradas descomunales, y escribe de prisa.

– ?Has leido algo suyo? -pregunto Nastia esperanzada.

– No soy emigrante. Y tampoco aficionada a los thrillers. No entiendo quien te habra contagiado el mal gusto.

– Pero, si no has leido sus libros, ?como sabes que son malos? -pregunto Nastia, que se sintio un poco herida en su amor propio con esos desaires al autor.

– Me basta con las opiniones de la gente cuyo buen gusto me merece plena confianza. Ademas, no sostengo que sean malos. Solo se que la buena literatura es fruto de un trabajo de anos. Y ese Brizac tuyo produce cinco creaciones inmortales al ano o quiza mas.

– Mama… -pregunto Nastia pensativa-, ?no podria ser que ese Brizac sea emigrante ruso?

– Es poco probable -dijo categoricamente Nadezhda Rostislavovna, que hojeaba distraidamente una de las novelas que habian comprado-. Solo un nativo puede dominar asi el frances. Es suficiente leer dos o tres parrafos para verlo. Por lo demas -anadio pasando la vista por una pagina abierta al azar-, tiene buen vocabulario, un lenguaje incisivo, en sus dialogos hay vida, las metaforas son interesantes… Tal vez, de veras no sea mal escritor. Pero es un frances nacido en Francia, no te quepa la menor duda.

Al dia siguiente, Nastia, junto con toda la delegacion, regreso a Moscu. En el avion leyo La sonata de la muerte esperando atisbar una minima pista, una sugerencia infinitesimal de la explicacion para la increible coincidencia entre el dibujo de la portada y el que Boris Kartashov habia bosquejado siguiendo las indicaciones de la difunta Yeriomina. Fuese como fuese, ahora Nastia estaba completamente segura de una cosa: Vica no habia padecido de ningun trastorno mental. Era cierto que pudo haber oido por la radio la descripcion de su sueno, pues muchas emisoras de radio occidentales que transmitian en ruso incluian en su programacion fragmentos de las novedades editoriales. La idea de que alguien quisiera influir sobre su comportamiento desde una emisora de radio no era engendro de una imaginacion enferma. Pero ?como explicar la coincidencia entre ambos dibujos? ?Una coincidencia completa, hasta el ultimo detalle, hasta el color verde claro de la clave de sol?

Por supuesto, la explicacion mas facil, la mas lapidaria, seria la siguiente: Vica oye por la radio un trozo de La sonata de la muerte (Nastia sabia incluso cual exactamente). Luego se lo cuenta sin omitir detalle a Boris, que lo dibuja tal y como su amiga se lo relata. Si despues de esto tiene una pesadilla, es posible que guarde un remoto parecido -o tal vez ninguno- con lo que narra La sonata y representa el dibujo de Kartashov. Algun desajuste debe de producirse en la cabeza de Vica y le parece que… Pero entonces habria que reconocer que, en efecto, estaba enferma. No, esto tampoco cuadraba, volvia a encontrarse en un atolladero…

El dia anterior el caso del asesinato de Yeriomina adolecia de falta de informacion y ahora, en un periquete, se habia embrollado mas alla de lo imaginable.

CAPITULO 7

– Tendremos que volver a empezar desde el principio -dijo Nastia mirando con consternacion a Chernyshov, Morozov y Mescherinov.

– ?Por quinta vez? -pregunto Andrei sarcastico, cruzando las piernas y arrellanandose en su asiento.

Se habian reunido en casa de Nastia. Esa tarde de domingo, Nastia, nada mas cruzar el umbral, habia llamado por telefono a sus colegas para pedirles que fueran a verla con urgencia. En el recibidor, su bolsa de viaje seguia sin abrir y para entrar en la cocina se tenia que pasar por encima de ella. Por algun motivo, a nadie, ni siquiera a la propia Nastia, se le habia ocurrido moverla a un rincon donde no molestase.

– Que mas da que sea la quinta vez -le corto Nastia-. Abordaremos el asunto por los dos extremos al mismo tiempo. Esta vez creo que obtendremos algun resultado. Oleg, vaya manana por la manana al archivo y encuentre el expediente de Yeriomina madre, que fue abierto cuando se la inculpo de asesinato. Andrei y Zhenia se encargaran de las pesquisas en las redacciones y editoriales partiendo de las amistades de Valentin Kosar.

– ?Y tu asumiras el mando ideologico general? -se mofo con malicia Morozov, sin intentar siquiera disimular su descontento porque le habian sacado de casa un domingo por la tarde.

Nastia, que entendia perfectamente su malestar, opto por no hacer caso de la pulla.

– Yo leere la obra imperecedera de Brizac -contesto ella con calma-, puesto que ninguno de vosotros sera capaz de hacerlo. ?Satisfecho?

– Habia hecho otros planes para manana -continuo quejandose Morozov-. ?Crees que no tengo otras cosas en que pensar aparte de ese asesinato de hace cien anos? Solo vosotros, alli en Petrovka, que sois la gente guapa de la policia, podeis permitiros eso, escoger un caso de cien y darle duro todos juntitos, al alimon, mientras que los noventa y nueve restantes nos tocan a nosotros, a los curritos de distrito.

– Venga ya, Zhenia, menos lobos -dijo Chernyshov reconciliador-, los jefes nos han mandado trabajar con Anastasia, asi que a buenas horas… Corta el rollo.

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