– Vera usted… -vacilo el medico.

Tenia muchas ganas de agradar a Arsen y trataba de adivinar la respuesta que este deseaba oir.

– Asi en general… Todo depende del estado de la actividad cardiaca… En realidad, habria que saber si su salud es buena, si ha soportado recientemente alguna enfermedad grave.

– No se vaya por las ramas -se enfado Arsen-. Me resulta mucho mas facil colaborar con su mujer. Siempre valora con precision tanto la situacion como sus propias posibilidades y no tiene miedo a defender sus opiniones. Usted trabaja para mi como especialista y debe tener criterio propio. Si pudiera resolver los problemas medicos yo solo, no le pagaria el dineral que me cuestan sus servicios. Asi que haga el favor de ganarse su sueldo. Por ejemplo, acaba de ponerle una inyeccion. ?Cuanto tiempo duraran los efectos?

– Doce horas.

– ?De manera que manana a las ocho de la manana habra que poner otra?

– Bueno… En principio, si.

– ?Que significa «en principio»?

– Empieza a ser arriesgado. Una nueva dosis puede matarla. Ya no despertaria.

– Vaya, por fin hay algo de claridad -rezongo Arsen-. Pero tambien puede suceder que un pinchazo mas no le haga dano, ?verdad?

– Desde luego. Ya le he dicho que depende de su estado de salud, del corazon…

– Bien, pues la situacion se presenta de este modo -resumio Arsen-: manana por la manana, usted examina a la nina y me comunica si es posible administrarle otra inyeccion. Si es posible, se la administra. Si no, yo decidire si la despertamos o si seguimos con el tratamiento. Por la manana dispondre de informacion suficiente para adoptar la decision.

– Pero se da cuenta de que despues de la inyeccion de manana la nina puede… -el medico se corto y trago saliva convulsivamente.

Arsen levanto un poco la cabeza y fijo sus ojos, pequenos y muy palidos, en la cara del medico. La pausa se prolongaba y el silencio fue mucho mas expresivo y amenazador que las palabras mas duras y denigrantes. Al final, el brillo colerico de sus ojos se apago y la cara del viejo recobro su aspecto anodino y corriente.

– ?Como se encuentra el emperador? -pregunto casi alegremente, estudiando el horario de trenes de cercanias que habia extraido del bolsillo.

– ?Cesar? Esta fenomenal. Come por dos, da la lata con sus caprichos por tres, y en lo que respecta a la mala baba, la que tiene alcanzaria para diez chuchos.

En la voz del medico resono un alivio indisimulado. No solo queria agradar a Arsen, tambien le tenia un miedo cerval.

– No le preguntare por su hijo, estoy al tanto de sus asuntos. ?La esposa sigue con buena salud?

– Gracias, estamos bien todos.

– Aqui hace fresquito -observo Arsen estremeciendose otra vez de frio-. ?No se nos va a resfriar la nina?

– Esta bien abrigada. Por lo demas, conviene mantener el ambiente fresco. En una habitacion demasiado caldeada, el sueno inducido por psicotropicos se soporta peor -aclaro el medico competentemente-. Como ve, aqui solo hay un radiador, y es mas que suficiente. En cambio, en la habitacion de al lado, donde estan sus chicos, hace mucho mas calor. Alli hay dos radiadores y, ademas, tienen enchufado el infiernillo constantemente, estan todo el tiempo hirviendo el agua para el te.

– Esta bien, amigo mio, tengo que irme. -Arsen acababa de elegir el tren y tenia prisa-. Manana a las ocho examinara a la nina, espero su llamada a las ocho y cuarto. Si decido no continuar con las inyecciones, les dira a los guardias que la lleven a la ciudad y que la dejen en el jardin, ellos saben cual.

– ?Y si…? -pregunto el medico acobardado.

– Entonces, le pondra la inyeccion. Y quitese de la cabeza todas esas tonterias que le preocupan.

Arsen salio de la habitacion, bajo del porche y piso la nieve fresca, que crujio bajo sus pies. Alli, en el campo, el invierno habia llegado de veras, la nieve no se derretia nada mas pisarla los viandantes y las ruedas, sino que se extendia como un manto de azucar blanco y solido. El viejo sabia que, desde el campamento de pioneros, el campamento infantil, abandonado en invierno, hasta el apeadero se tardaba exactamente veintitres minutos caminando a paso normal. Habia emprendido el camino justo veintitres minutos antes de la llegada del tren para no permanecer ni un segundo esperando en el anden, para no dar la nota sin necesidad.

Como siempre, la conversacion con el medico le dejo la sensacion de cierta leve aprension. El hombre, diligente pero tambien pacato y servil, aunque sin lugar a dudas leal, a Arsen le gustaba mucho menos que su mujer. Esta si que era un autentico hallazgo. Realmente valia su peso en oro. No obstante, no podia prescindir del medico, tenia que atarle corto pero sin espantarle. Le habia resultado util a la hora de decidir que hacer con la nina. Arsen se daba perfecta cuenta de que soltar a Nadia seria peligroso, ya tenia uso de razon y podia ayudar a detectar alguna pista que condujese hacia el. Pero al mismo tiempo devolverla era preciso para mantener la influencia que tenia sobre Lartsev y, recientemente, sobre Kamenskaya. La idea de drogar a la nina resolvia el problema de la mejor manera: no veia nada, no oia nada, por lo que se la podria dejar marchar sin correr el menor riesgo, y al mismo tiempo el desobediente de su papa comprenderia que, si no se comportaba, la proxima vez la suerte de la nina seria distinta. La experiencia demostraba que las cosas nunca llegaban hasta el punto de necesitar recurrir a esa proxima vez; un padre insumiso se volvia blando, pues el terror experimentado durante la ausencia de su retono le acompanaba hasta el final de sus dias. El secuestro de Nadia Lartseva era el quinto en la historia de Arsen y de su Oficina, y contar con un medico en semejantes situaciones era absolutamente imprescindible.

Arsen piso el anden en el momento en que las puertas automaticas del tren se abrian justo delante de el. Entro en el vagon, donde la calefaccion funcionaba a tope, se sento en un rinconcito, apoyo la cabeza en la pared y entorno los ojos.

El coronel Gordeyev estaba reflexionando sobre las noticias que Oleg Mescherinov le habia traido tras visitar a la viuda de Arkady Nikiforchuk. El dia anterior, el 29 de diciembre, Victor Alexeyevich habia recibido la primera informacion sobre el hombre que junto con Gradov protagonizo el episodio ocurrido en el piso de Tamara Yeriomina. Lastima que el instructor Smelakov no se acordase del nombre del instituto donde estudiaban aquellos jovenes a los que tuvo que «borrar» con tanta urgencia de los informes de la causa criminal. Mientras Nastia «calculaba» a Gradov, a quien habia identificado gracias a que sus senas coincidian con las de un implicado en el caso de Yeriomina y, mientras otros recababan sus datos, indagaban donde habia estudiado la carrera y buscaban a su companero de estudios, Nikiforchuk, el tiempo se les habia ido volando. Contabilizado de forma normal, no habian pasado mas de unas cuantas horas, una verdadera minucia. Pero para los funcionarios operativos estas pocas horas se transformaban en un abismo infranqueable, que ni el propio Gordeyev sabria superar, pues cuando a su mesa llegaron los documentos fechados dos anos atras sobre el hallazgo del cadaver de Arkady Nikiforchuk, Nastia ya estaba confinada en su casa y no podia llamarle. Ahora Victor Alexeyevich lo lamentaba sinceramente porque dichos documentos contenian un detalle de importancia crucial. Entonces, dos anos atras, la muerte de Nikiforchuk fue considerada accidental. ?No morian acaso tantos y tantos alcoholicos al no poder hacer frente a la atraccion irresistible del licor, a pesar de las serias advertencias del medico especialista en desintoxicacion, que les habia colocado bajo la piel la ampolla antialcoholica? Los funcionarios de la policia habian trabajado a conciencia pero no lograron detectar enemigos del traductor borrachin, y los motivos economicos tampoco parecian probables. Pero ahora, ese detalle, sumado a todos los acontecimientos de los ultimos dos meses, arrojaba una luz nueva sobre las circunstancias de la muerte de Arkady.

Este habia sido el motivo por el que el dia anterior el coronel Gordeyev mando al estudiante Mescherinov a entrevistar a la viuda del fallecido.

Victor Alexeyevich no podia saber que despues de recibir la orden, Oleg llamo a Arsen, al que informo detenidamente.

– Ve alli pero, antes de decirle nada a Gordeyev, llamame y te dare instrucciones -ordeno el viejo.

Aquella noche, Mescherinov no encontro a la mujer en casa, era camarera y no salia de trabajar antes de la una y media de la madrugada. El estudiante no se atrevio a molestarla en el trabajo por un motivo tan delicado. Se presento en su casa a la manana siguiente, aclaro todo lo que le interesaba y se lo conto con vividos detalles a Arsen. En esos momentos, el jefe de la Oficina ya estaba enterado de que Gordeyev habia llamado a Kamenskaya para quejarse de las fuertes presiones que recibia desde arriba. La informacion sobre Nikiforchuk no hizo mas que reafirmarle en su proposito de romper con Gradov y abandonarle a su propia capacidad de encontrar la solucion a

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