y el contacto de sus senos, pero habia cometido un grave error. Le habia metido la lengua en la boca y habia descubierto que ella sabia a una mezcla de menta y pasion. Ahora sabia como se sentian sus dedos entre aquellos rizos suaves y que olia a flores exoticas. Gabrielle no lo habia apartado ni se habia resistido y su respuesta lo habia hecho reaccionar, cogiendolo por sorpresa. Se habia puesto duro en menos que canta un gallo. Se habia controlado por los pelos y habia tenido que hacer un gran esfuerzo para mantener las manos quietas, para no llenarlas con sus pechos. Era poli, pero tambien un hombre.
Mientras permanecia en el patio trasero de la casa de Gabrielle deslizando la mirada por el pequeno triangulo plateado que cubria su entrepierna, sus pensamientos no tenian nada de policia y todo de hombre. Su mirada se movio a la pequena marca de nacimiento en el interior del muslo derecho, recorrio las largas piernas hasta las unas de los pies pintadas de color purpura, despues la volvio a pasear por el aro del ombligo hasta la parte superior del biquini plateado. La costura de la tela cruzaba por sus pezones y cenia los dos perfectos monticulos bronceados de sus pechos. La tierra se movio bajo los pies de Joe, temblo y se abrio bajo el con intencion de engullirle. Ella era su confidente. Era una chiflada. Pero tambien era atractiva y no deseaba otra cosa que arrancarle el biquini como si fuera el papel de estano de un bocadillo para poder enterrar la cara entre sus pechos.
Movio la mirada al hueco de su garganta, pasando de la barbilla a la boca voluptuosa. Observo el movimiento de sus labios y, por primera vez desde que habia puesto los pies en el patio trasero, se dio cuenta de que sonaba una suave voz de hombre diciendo algo sobre una caverna.
–
La tierra regreso bajo sus pies, solida otra vez. De nuevo, todo estaba bien en el mundo de Joe Shanahan. En perfecto equilibrio. Ella aun estaba loca y nada habia cambiado. Sintio un abrumador deseo de reirse, como si se hubiera burlado de la muerte.
– Deberia haber imaginado que te gusta Yanni -dijo lo suficientemente alto para que le oyera sobre la cinta.
Gabrielle abrio los ojos de golpe y se incorporo bruscamente. La piscina se movio y Joe observo como brazos y piernas se hundian en el agua. Cuando logro sentarse en el fondo de la piscina, tenia petalos rosados y rojos pegados al pelo. Las rodajas de limon habian caido al agua y las flores silvestres se movian a su alrededor.
– ?Que haces aqui? -farfullo.
– Tenemos que hablar -respondio el con una sonrisa que intento contener, pero que no logro reprimir.
– No tengo nada que decirte.
– Entonces puedes escuchar. -Se dirigio hacia el cassette-. Pero antes tenemos que deshacernos de Yanni.
– No escucho a Yanni. Eso es meditacion yoga.
– Vale. -Pulso el boton de stop y se volvio para enfrentarse a ella.
El agua se deslizo por el cuerpo de Gabrielle mientras se levantaba y el no pudo evitar notar que una ramita de flores purpura se habia pegado a la parte superior del biquini.
– Era de esperar. -Se echo el pelo sobre un hombro y lo exprimio-. Justo cuando encuentro mi equilibrio interior entras en el patio y lo arruinas todo.
Joe no creia que ella conociera nada que pudiera denominarse equilibrio. Cogio una toalla blanca del respaldo de una silla de mimbre y se dirigio hacia la piscina. Fuera o no una desequilibrada tenian que fingir que eran novios, sin embargo, durante los ultimos dos dias ella se habia comportado como si el fuera el azote de la peste. Kevin seguia sin sospechar nada, pero Joe no podia seguir justificando ese comportamiento hostil con celos y calambres menstruales.
– Tal vez podemos dedicarnos a eso -le dijo y le dio la toalla.
Sus manos se quedaron inmoviles y lo miro fijamente; achico los ojos verdes con desconfianza.
– ?Dedicarnos a que? -Tomo la toalla y salio de la piscina.
– A como comportarnos el uno con el otro. Se que piensas que soy tu enemigo, pero no lo soy. -Aunque no confiara en ella, necesitaba que ella confiara en el. Era responsable de su seguridad y protegerla fisicamente era parte de su trabajo.
Y no podia protegerla si seguia de parte de Kevin cuando las cosas se pusieran feas. En realidad no creia que Kevin lastimara a Gabrielle, pero si habia algo que podia esperar era precisamente lo inesperado. Era la unica manera de que nunca lo sorprendieran con los pantalones bajados.
– Tienes que dejarme hacer mi trabajo. Cuanto antes consiga lo que necesito, antes estare fuera de tu vida. Tenemos que llegar a algun tipo de acuerdo.
Ella se palmeo la cara y el cuello con la toalla y arranco las flores purpura del biquini.
– ?Quieres decir un compromiso?
Algo asi. Queria que dejara de actuar como una neurotica y empezara a comportarse como si estuviera loca por el. Y que no lo llamara demonio del infierno.
– Exacto.
Ella lo estudio y lanzo la ramita de flores de vuelta a la piscina.
– ?Como?
– Primero tienes que calmarte y dejar de actuar como si
– ?Y segundo?
– Puede que no nos guste a ninguno de los dos, pero se supone que eres mi novia. Deja de actuar como si fuera un asesino en serie.
Cuando ella se palmeo la parte superior de los senos con la toalla, el no aparto los ojos de su cara. De ninguna manera pensaba bajar la mirada y ser engullido otra vez por la tierra.
– ?Y si lo hago? -pregunto-. ?Que haras por mi?
– Probar que realmente no estas implicada.
– Aja. -Ella sacudio la cabeza y se envolvio la toalla alrededor de la cintura-. Esa amenaza ya no me asusta, detective, porque no creo que Kevin sea culpable.
Joe cambio el peso de pie y cruzo los brazos sobre el pecho. Conocia la situacion. Ahora era cuando los colaboradores lo extorsionaban para conseguir dinero o querian que todas sus multas de trafico impagadas desaparecieran mas rapido que una bolsa de marihuana en un centro de rehabilitacion; o tal vez quisiera algo distinto y personal.
– ?Que quieres?
– Quiero que tengas una actitud abierta. Simplemente no creo que Kevin sea culpable.
Las multas de trafico habrian sido mas faciles. Para Joe no habia lugar a dudas de que Kevin Carter era tan culpable como el pecado, aunque si habia algo que habia aprendido como policia infiltrado era a mentir a destajo sin sentir ni una pizca de remordimiento.
– De acuerdo. Tendre una actitud abierta.
– ?En serio?
Relajo las comisuras de los labios y se inclino hacia ella con una sonrisa amigable.
– Absolutamente.
Ella lo miro a los ojos como si estuviera tratando de leerle el pensamiento.
– Te crece la nariz, detective Shanahan.
Su sonrisa se volvio genuina. Ella estaba loca, pero no era estupida. Tenia suficiente experiencia para conocer la diferencia y si le daban a elegir, preferiria antes a un loco que a un estupido. Levanto las manos con las palmas en alto.
– Puedo intentarlo -dijo, y bajo los brazos-. ?Que te parece?
Ella suspiro e hizo un nudo con la toalla sobre la cadera izquierda.
– Supongo que si eso es lo mejor que puedes ofrecer, tendra que ser suficiente. -Ella fue hacia la casa, luego volvio a mirarlo por encima del hombro-. ?Has cenado ya?
– No. -Habia pensado parar en la tienda de comestibles al ir a casa y comprar un pollo para el y unas zanahorias para
