– Voy a hacer la cena. Puedes quedarte si quieres. -Su tono no era demasiado entusiasta.

– ?Estas invitandome a cenar contigo? ?Como si fueras mi novia de verdad?

– Tengo hambre y tu no has comido. -Ella se encogio de hombros y se encamino hacia la puerta trasera-. Dejemos las cosas asi.

Paseo la mirada por los rizos mojados y las gotitas de agua que goteaban de los cabellos para deslizarse por la espalda.

– ?Sabes cocinar?

– Soy una cocinera estupenda.

Mientras caminaba detras de ella, bajo los ojos al balanceo de las caderas, al redondeado trasero que tanto habia apreciado la semana pasada y al borde de la toalla que rozaba la parte de atras de las rodillas. Cena preparada por una cocinera maravillosa sonaba genial. Y por supuesto, era una buena oportunidad para ambos: el para preguntarle cosas sobre su relacion con Kevin y ella para no estar tan tensa con el.

– ?Que hay para cenar?

– Pasta con stroganoff, pan frances y ensalada. -Ella subio los peldanos hacia la puerta de tela metalica y la abrio.

Joe, que la seguia muy de cerca, se le adelanto agarrando la parte superior del marco de madera por encima de la cabeza y sujetando la puerta abierta.

Ella se paro bruscamente y si el no hubiera prestado atencion, la hubiera arrollado. Su torso choco ligeramente con su espalda desnuda. Gabrielle se giro y le acaricio el pecho con el hombro a traves del delgado algodon de la camiseta.

– ?Eres vegetariano? -pregunto ella.

– Dios me libre. ?Y tu?

Sus grandes ojos verdes buscaron los suyos y arrugo la frente. Luego hizo algo extrano -aunque sabia que no debia sorprenderse de nada de lo que ella hiciera-, respiro profundamente por la nariz como buscando algo con el olfato. Joe no podia oler nada mas que la esencia floral de su piel. Luego ella sacudio la cabeza ligeramente como para aclarar la mente y se adentro en la casa como si no hubiese ocurrido nada. Joe la siguio resistiendo el impulso de olerse las axilas.

– Intento ser vegetariana -lo informo mientras atravesaban una pequena habitacion donde estaban la lavadora y la secadora para llegar a la cocina pintada de un amarillo brillante-. Es un estilo de vida muy saludable. Pero por desgracia no soy practicante.

– ?Eres vegetariana no practicante? -El nunca habia escuchado semejante cosa, pero ?de que se sorprendia?

– Si, trato de resistirme a mis deseos carnivoros, pero soy debil. Tengo problemas de autocontrol.

El autocontrol normalmente no era problema para el, por lo menos hasta ahora.

– Me encantan la mayoria de las cosas que son malas para mis arterias. Algunas veces estoy a medio camino de McDonald's antes de darme cuenta.

La vidriera de encima del rincon del desayuno arrojaba parches de color sobre la habitacion y la hilera de frascos de cristal que habia sobre la pequena mesa de madera. La habitacion olia como Anomaly, a pachuli y aceite de rosas, pero a nada mas, o por lo menos a nada que hiciera sospechar que alli habia una cocinera maravillosa. Ni Thermomix lleno de stroganoff burbujeante sobre la encimera. Ni aroma a pan cocido al horno. Sus sospechas se confirmaron cuando ella abrio la nevera y cogio un bote de salsa, un paquete de pasta fresca y una barra de pan frances.

– Creia que eras una cocinera maravillosa.

– Lo soy. -Ella cerro la nevera y coloco todo sobre la encimera-. ?Me haces el favor de coger dos cazuelas de la alacena de abajo, a tu izquierda?

Cuando el se agacho y abrio la puerta, le cayo un colador sobre el pie. Los armarios de Gabrielle estaban todavia peor que los suyos

– Oh, bien. Eso tambien lo vamos a necesitar.

Cogio las cazuelas y el colador y se enderezo. Gabrielle se recosto contra la puerta de la nevera con un trozo de pan en la mano. El observo como ella deslizaba la mirada desde el frente de los pantalones vaqueros a su pecho. Mastico lentamente, luego trago. Con la punta de la lengua se lamio una miga de la comisura de la boca y finalmente lo miro a los ojos.

– ?Quieres un poco?

Escruto su cara buscando un doble sentido, pero no vio ninguna provocacion en aquellos ojos verde claro. Si hubiera sido cualquier otra mujer, le habria gustado mostrarle exactamente lo que queria, comenzando por su boca y abriendose camino lentamente hacia la pequena marca del interior del muslo. Le hubiera gustado llenarse las manos con sus grandes senos cremosos que se apretaban contra la parte superior del biquini. Pero ella no era cualquier otra mujer y el tenia que comportarse como un Boy Scout.

– No, gracias.

– Bien. Voy a cambiarme de ropa. Mientras lo hago, pon la salsa stroganoff en la cazuela pequena, luego llena la otra de agua. Cuando el agua comience a hervir, anade la pasta. Dejalas cocer durante cinco minutos. -Se aparto del refrigerador y mientras pasaba de largo se detuvo un segundo e inspiro profundamente por la nariz. Como antes, arrugo la frente y sacudio la cabeza-. De todas maneras, estare de vuelta para entonces.

Joe la observo salir con rapidez de la habitacion, partio un poco de pan y se pregunto como habia pasado de ser un invitado a cenar por una mujer en biquini que decia ser una cocinera maravillosa, a cocinar mientras ella se cambiaba de ropa. Y ?que era esa cosa del olor? Lo habia hecho dos veces ya y empezaba a sentirse un poco paranoico.

Gabrielle volvio a asomar la cabeza por la puerta de la cocina.

– No iras a ponerte a buscar el Monet mientras me arreglo, ?Verdad?

– No, esperare hasta que regreses.

– Estupendo -dijo con una amplia sonrisa y se marcho de nuevo.

Joe fue al fregadero y lleno la cazuela mas grande de agua. Un gato negro y gordo se le rozo contra las piernas y le enrollo la cola en la pantorrilla. A Joe no le gustaban los gatos, creia que eran bastante inutiles. No como los perros que podian adiestrarse para olfatear droga o las aves que podian amaestrarse para hablar y colgar cabeza abajo por un pie. Empujo al gato a un lado con la puntera de la bota de trabajo y se volvio hacia el fogon.

Desvio la mirada a la puerta y se pregunto cuanto tardaria en regresar. Aunque no tenia ningun reparo en registrar sus alacenas mientras ella estaba fuera de la habitacion, tenia dos razones muy buenas para no hacerlo. Primero, creia que no encontraria nada. Si Gabrielle hubiera estado involucrada en el robo de la pintura del senor Hillard, dudaba que lo hubiera invitado a su casa. Estaria demasiado nerviosa para conversar sobre la salsa stroganoff si tuviera un Monet dentro del armario. Y en segundo lugar, necesitaba su confianza y eso nunca ocurriria si lo cazaba registrando la casa de arriba abajo. Necesitaba demostrarle que no era un mal tipo y estaba convencido de que no le resultaria demasiado dificil. No era el tipo de hombre que se jactaba de sus conquistas cuando bebia cervezas, y a las mujeres generalmente les gustaba. Sabia que era un buen amante. A pesar de lo que Meg Ryan dijera, sabia perfectamente cuando una mujer estaba fingiendo. Siempre se aseguraba de que las mujeres que pasaban por su cama disfrutaran tanto como el. No caia redondo justo despues de hacer el amor para comenzar a roncar y no se desplomaba, aplastando a la mujer bajo su peso.

Echo la salsa stroganoff en la cazuela, la puso a medio fuego y revolvio. Aunque no fuese uno de esos idiotas sensibles que lloraban delante de las mujeres, estaba bastante seguro de que lo consideraban un tio majo.

Algo se sento sobre su pie y miro hacia abajo, al gato situado en lo alto de su bota.

– Pierdete, bola de pelo -dijo y empujo al gato con el pie lejos de el.

Gabrielle se abrocho el sosten entre los senos, luego se paso una camiseta corta de color azul por la cabeza. Aunque Joe le habia dicho que no registraria la cocina, no le habia creido.

No confiaba en el cuando estaba fuera de su vista. Caray, ni siquiera confiaba en el cuando no le quitaba ojo de encima. Pero Joe tenia razon en algo, debia reconciliarse consigo misma para tolerarlo en su tienda y en su vida. Tenia un negocio que dirigir y no podia hacerlo si tenia que vigilar cada movimiento que el hacia o escabullirse antes de la hora.

Se puso unos vaqueros descoloridos y se los abotono justo por debajo del ombligo. Ademas de no ser bueno

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