para el negocio, tampoco era bueno para ella. No sabia cuanto tiempo mas podria soportar el estres que provocaba aquellos dolores de cabeza o los tics faciales sin que derivase en problemas mas serios de salud, como un desequilibrio hormonal o una glandula pituitaria hiperactiva.

Agarro un cepillo del tocador y se lo paso por el pelo humedo. Mientras estaba sentada sobre la colcha, se recordo a si misma que todo el mundo entraba en su vida por una razon. Si abria la mente, podria descubrir la razon de por que habia conocido a alguien como Joe. La imagen de el cuando se habia agachado para coger las cazuelas de la alacena le cruzo por la mente y miro frunciendo el ceno a su reflejo en el espejo del otro lado de la habitacion. La forma en que el rellenaba los vaqueros no tenia absolutamente nada de espiritual.

Dejando el cepillo a un lado, se hizo una trenza floja, luego aseguro la punta con una cinta azul. Joe era un moreno y duro policia que ademas de sacarla de quicio, habia conseguido poner su vida patas arriba y desequilibrado su cuerpo, mente y espiritu. Era la guerra por la supremacia. La anarquia total. Realmente no veia ningun proposito superior en todo eso.

Excepto que olia bien.

Cuando entro en la cocina varios minutos mas tarde, Joe estaba de pie delante del fregadero escurriendo la pasta con el colador. Una nube de vapor le rodeaba la cabeza mientras el gato de su madre hacia un ocho entre sus pies, envolviendo la cola alrededor de sus pantorrillas y maullando con fuerza.

– ?Beezer? -Levanto en brazos al gato y lo sujeto contra los pechos-. No molestes al detective o te aplastara contra el suelo y te arrestara. Lo se por experiencia.

– Nunca te aplaste contra el suelo -dijo Joe mientras desaparecia el vapor-. Si alguien sufrio, fui yo.

– Ah, es verdad. -Sonrio ante el recuerdo de el tirado en el suelo con las pestanas pegoteadas-. Te gane un asalto.

El la miro sobre el hombro y sacudio el colador. Una leve sonrisa curvo sus labios; la humedad le habia rizado el pelo de las sienes.

– ?Pero quien acabo encima, Senorita Mala Leche? -Deslizo la mirada desde su trenza a sus pies desnudos, luego volvio a subir-. La pasta ya esta.

– Pues sigue y mezclala con la salsa stroganoff.

– ?Que vas a hacer tu?

– Darle de comer a Beezer o nunca te dejara tranquilo. Sabe que estas haciendo la cena y esta obsesionado con la comida. -Gabrielle fue hacia el armario que habia tras la puerta y cogio una bolsa de comida para gatos Tender Vittles-. Cuando termine, hare la ensalada -dijo, rasgando la parte superior de la bolsa. Echo la comida en un platillo de porcelana y una vez que Beezer comenzo a comer, abrio la nevera y cogio una bolsa de lechuga picada.

– Ya veo.

Gabrielle miro a Joe, que estaba delante del fogon mezclando la pasta y la salsa con una cuchara de palo. La sombra de la barba le oscurecia las mejillas bronceadas y resaltaba las lineas sensuales de su boca.

– ?Que?

– Esa lechuga ya esta preparada. ?Sabes? Esta es la primera vez que me invitan a cenar y preparo yo la cena.

En realidad no habia pensado en el como un invitado, sino mas bien como una compania inevitable.

– Que extrano.

– Si, extranisimo. -El senalo con la cuchara el rincon del desayuno-. ?Que es todo eso?

– Los aceites esenciales para el Coeur Festival -explico ella mientras ponia la lechuga en dos cuencos para ensalada-. Hago mis propios aromas y aceites curativos. Hoy es el primer dia que tengo libre para probar un filtro para el sol que elabore con sesamo, germen de trigo y lavanda. Eso es lo que estaba haciendo en la piscina.

– ?Funciona?

Ella bajo el cuello de la camiseta y estudio la linea del bikini, el contraste entre la piel blanca y morena.

– No me queme. -Ella levanto la vista, pero el no le miraba ni la cara ni la marca del biquini. Clavaba los ojos en su estomago desnudo; la mirada era tan ardiente que un calor intenso traspaso su piel-. ?Que alino te gusta en la ensalada? -pregunto.

El se encogio de hombros y volvio la atencion al stroganoff. Ella se pregunto si se habria imaginado la forma en que la habia mirado.

– Salsa de barbacoa.

– Ah. -Se dio la vuelta hacia la nevera para ocultar su confusion-. Bueno, solo tengo salsa italiana y salsa italiana light.

– ?Por que me preguntaste como si hubiera algo que elegir?

– Lo hay. -Si el podia pretender que nada habia pasado entre ellos, tambien podia hacerlo ella, aunque sospechaba que el era mejor actor-. Puedes elegir salsa italiana o salsa italiana light.

– Italiana.

– Estupendo. -Aderezo la ensalada, luego llevo los dos cuencos al comedor y los coloco en la mesa desordenada. No tenia compania para cenar demasiado a menudo y tuvo que poner sus catalogos y recetas de aceites dentro de la vitrina de la porcelana china. Una vez que la mesa estuvo libre, coloco una pequena vela en el centro y la encendio. Saco los mantelitos individuales de lino y las servilletas a juego, un par de servilleteros de plata y la vajilla de plata antigua que habia heredado de su abuela. Cogio dos platos Villeroy pintados con amapolas rojas y se dijo que no estaba tratando de impresionar al detective. Queria usar la mejor vajilla porque casi nunca tenia la oportunidad de exhibirla. No habia otra razon.

Con su porcelana mas fina en las manos volvio a la cocina. El seguia donde lo habia dejado. Se detuvo en la puerta, devoro con los ojos el pelo oscuro y la nuca, los anchos hombros y la espalda. Dejo que su mirada vagara por los bolsillos traseros de los Levi's y bajara por las largas piernas. No podia recordar la ultima vez que habia tenido en casa a cenar un tio tan guapo. Sus dos ultimos novios no contaban porque no habian estado precisamente bien dotados en el apartado del aspecto. Harold habia sido genial y le habia encantado escucharle hablar de la luz espiritual. No habia sido un rollo ni demasiado aburrido, pero Francis estaba en lo cierto, Harold era demasiado viejo para ella.

Antes de Harold, habia salido con Rick Hattaway, un hombre bastante agradable, que hacia relojes zen para ganarse la vida. Pero ningun hombre le habia acelerado el pulso ni le habia provocado mariposas en el estomago, ni le habia abrasado la piel con la mirada. La atraccion que sentia por ambos, Harold y Rick, no habia sido sexual y la relacion no habia progresado mas alla de los besos.

Habian pasado anos desde que habia juzgado a un hombre por el aspecto y no por la calidad de su alma. Habia sido antes de su conversion ecologista, cuando odiaba tanto lavar los platos que solo los habia usado de papel. Los tipos con quienes habia salido en esos dias probablemente no habrian notado la diferencia entre una porcelana Wedgwood y una Chinet. En aquel momento de su vida se habia considerado una artista seria y habia escogido a los hombres por razones puramente esteticas. Ninguno de ellos habia sido muy culto y algunos no habian sido demasiado inteligentes pero realmente el intelecto no habia sido el punto a tener en cuenta. Solo los musculos. Musculos, un buen trasero prieto y resistencia era lo que contaba.

La mirada de Gabrielle subio por la espalda de Joe y de mala gana admitio que habia anorado tener al otro lado de la mesa a un macho bien parecido y cargado de testosterona. Joe ciertamente no parecia preocupado por la iluminacion espiritual, pero parecia mas inteligente que los musculitos comunes. Entonces lo vio levantar el brazo, doblar la cabeza y olerse la axila.

Gabrielle miro los platos que llevaba en las manos. Deberia haber cogido platos de papel.

Capitulo 7

Gabrielle se sorprendio de los modales que Joe exhibio en la mesa. Se asombro de que no masticara con la boca abierta, ni se rascara la barriga, ni eructara como si fuera un adolescente que acabara de tomarse una cerveza Old Milwaukee. Se habia puesto la servilleta en el regazo y la entretenia con historias escandalosas sobre su loro Sam. Si no lo conociera mejor, podria llegar a pensar que estaba tratando de cautivarla o que quiza tuviera un alma decente en algun lugar recondito de aquel fornido cuerpo.

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