– Si. -Metio una mano en el bolsillo delantero de los Levi's y saco un juego de llaves-. Salvo el viernes, ese dia tengo que ir de testigo al juzgado, asi que probablemente no llegare hasta despues del mediodia.

– Estare en el Coeur Festival el viernes y el sabado.

– De acuerdo. Me pasare por la caseta y echare un vistazo.

Gabrielle necesitaba un descanso de Joe y de la tension nerviosa que le creaba.

– No es necesario.

El levanto la vista de las llaves que tenia en la mano y ladeo la cabeza.

– Me pasare de todas maneras, simplemente para que no me eches de menos.

– Joe, te echare de menos tanto como a un dolor de muelas.

El se rio entre dientes, luego se volvio hacia la puerta trasera.

– Es mejor que tengas cuidado, he oido que mentir crea mal karma.

El Bronco rojo de Joe entro por el acceso mas alejado del aparcamiento en Albertson. Tenia el cuatro por cuatro desde hacia dos meses y no queria que ningun crio le dejara senales en las puertas. Pasaban de las ocho y media, y el sol poniente se ocultaba tras la cima de la montana que rodeaba el valle. No habia demasiado movimiento en la tienda de comestibles cuando Joe entro y agarro una bolsa de zanahorias baby, las favoritas de Sam.

– Hola, ?no eres Joe Shanahan?

Joe levanto la vista de las zanahorias a una mujer que cargaba coles en un carrito. Era menuda y llevaba el grueso pelo castano recogido en una coleta en lo alto de la cabeza. Iba muy poco maquillada y tenia el tipo de cara bonita a la que parecia que habian sacado brillo. Los grandes ojos azules que se clavaban en el le parecian vagamente familiares y se pregunto si alguna vez la habria arrestado.

– Soy Ann Cameron. Crecimos en el mismo barrio. Solia vivir algo mas abajo que tus padres. Saliste con mi hermana mayor, Sherry.

Ah, por eso le parecia familiar. En decimo grado el habia hecho cosas muy excitantes con Sherry en el asiento trasero del Chevy Biscayne de sus padres. Ella habia sido la primera chica que le habia dejado tocar sus senos por debajo del sosten. La palma desnuda sobre un pecho desnudo. Un hito historico para cualquier tio.

– Claro que te recuerdo. ?Como estas, Ann?

– Bien. -Ella puso algunas coles mas en el carro y luego cogio una bolsa de zanahorias-. ?Como estan tus padres?

– Mas o menos como siempre -contesto, mirando el monton de verduras de su carro-. ?Tienes muchos hijos que alimentar o crias conejos?

Ella se echo a reir y nego con la cabeza.

– Ni una cosa ni otra. No estoy casada y no tengo hijos. Tengo un bar en la Octava, y hoy me quede sin suministros y no puedo esperar hasta que llegue el siguiente reparto de verdura fresca manana por la tarde. Seria demasiado tarde para mis clientes del mediodia.

– ?Un bar? ?Eres buena cocinera?

– Soy una cocinera estupenda.

El habia oido esa misma declaracion dos horas antes a una mujer con un bikini plateado que habia desaparecido en su dormitorio dejando que el preparara la cena. Y luego para mayor escarnio, la senora apenas habia probado la comida que el habia preparado.

– Deberias venir un dia y probar mis bocadillos, o pasta si lo prefieres. Hago un scampi de camaron con cabello de angel para chuparse los dedos. Rallado, por supuesto. Y mientras podemos ponernos al dia.

Joe le miro los ojos azul claro y los hoyuelos de las mejillas cuando le sonrio. Normal. Sin senales de locura, aunque no podia asegurarlo a simple vista.

– ?Crees en karmas, auras o escuchas a Yanni?

Su sonrisa desaparecio y lo contemplo como si estuviera chillado. Joe se rio, lanzo la bolsa al aire y la atrapo.

– Bien, me pasare por alli. En la Octava, ?no?

Gabrielle se consideraba una limpiadora compulsiva. Cuando la compulsion la atacaba, limpiaba. Desafortunadamente, la compulsion por limpiar armarios y alacenas solamente le ocurria una vez al ano y duraba unas pocas horas. Si se hallaba fuera de casa cuando sucedia, los armarios tenian que esperar un ano mas.

Introdujo jabon con olor a limon en el fregadero y lo mezclo con agua caliente. Tal vez despues de lavar la cazuela del stroganoff, le quedaria energia suficiente para emprenderla con los armarios y asi el colador no volveria a caer a los pies de otro invitado como habia ocurrido antes con Joe.

Tan pronto como se puso un par de guantes amarillos, sono el telefono. Lo cogio al tercer timbrazo y oyo la voz de su madre.

– ?Como esta Beezer? -pregunto Claire Breedlove sin saludar.

Gabrielle miro por encima del hombro a la bola de pelo tumbada sobre la alfombra delante de la puerta trasera.

– Tumbada y feliz.

– ?Se esta portando bien?

– La mayor parte del tiempo solo come y duerme -contesto Gabrielle-. ?Donde estas? ?Aqui en la ciudad?

– Yolanda y yo estamos con tu abuelo. Viajaremos a Boise manana.

Gabrielle apoyo el auricular del telefono entre el hombro y la oreja y pregunto:

– ?Que tal en Cancun?

– Ah, estuvo bien, pero sucedio algo. Tu tia y yo tuvimos que interrumpir el viaje porque tuve un mal presentimiento. Senti que algo malo iba a ocurrir en el barrio y que tu abuelo estaria involucrado, asi que volvi a casa para advertirle, pero llegue tarde.

Gabrielle volvio la atencion a los platos del fregadero. Su vida ya era un caos cosmico y realmente no estaba de humor para viajar a Los limites de la realidad con su madre.

– ?Que paso? -pregunto, aunque sabia que su madre se lo diria de todos modos.

– Hace tres dias, mientras tu tia Yolanda y yo estabamos en Mexico, tu abuelo atropello al perro de la senora Youngerman.

Ella casi dejo caer el telefono y tuvo que agarrarlo con una mano jabonosa.

– ?Oh, no! ?El pequeno Murray?

– Si, me temo que si. Quedo mas plano que un crepe. Su alma volo al paraiso de los perros, pobrecito. No estoy totalmente segura de que fuera un accidente y tampoco lo esta la senora Youngerman. Ya sabes lo que pensaba tu abuelo sobre Murray.

Si, Gabrielle sabia lo que sentia su abuelo por el perro de la vecina. El pequeno Murray no solo habia sido un ladrador incansable, sino tambien un obstaculo habitual para sus piernas. A Gabrielle no le gustaba pensar que su abuelo habia atropellado al perro a proposito, pero tambien sabia que Murray habia dirigido una ferviente atencion a la pantorrilla de su abuelo en mas de una ocasion y no podia descartar tal posibilidad.

– Eso no es todo. Esta tarde, Yolanda y yo hicimos una visita de condolencia, y mientras estabamos sentadas en la sala de la senora Youngerman, intentando calmarla, vi una imagen clara en mi mente. En serio, Gabrielle, esta es la vision mas fuerte que he tenido nunca. Podia ver los rizos de pelo oscuro acariciandole las orejas. Es un hombre alto…

– Ya, ?alto, moreno y apuesto? -Se coloco de nuevo el telefono entre el hombro y la oreja, y se puso a limpiar los platos.

– Oh, si. No puedo decirte lo excitada que me puse.

– Bueno, lo supongo -murmuro Gabrielle. Metio los platos bajo el agua y luego los dejo en el escurreplatos.

– Pero el no es para mi.

– Vaya. ?Es para tia Yolanda?

– Es tu destino. Vas a tener un romance apasionado con el hombre de mi vision.

– No quiero tener un romance, mama -dijo Gabrielle suspirando y metiendo los cuencos de la ensalada y los

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