Sin asomo de verguenza, Joe levanto finalmente la mirada a su cara.
– Pregunta, aunque eso no quiere decir que vaya a contestarte -dijo, luego escribio algo a lapiz en la pared.
En el pasado Gabrielle habia pillado a algunos hombres clavando los ojos en sus atributos, pero al menos habian tenido la decencia de sentirse avergonzados.
– Joe, ?has estado casado alguna vez?
– No. Pero estuve cerca.
– ?Y prometido?
– No, aunque llegue a pensar en ello.
Ella no creia que pensar en ello fuera suficiente.
– ?Que paso?
– Conoci a su madre y escape como alma que lleva el diablo. -La miro otra vez y sonrio como si hubiera dicho algo realmente gracioso-. Ahora ya puedes soltar la cinta -dijo el, y cuando Gabrielle lo hizo, esta se cerro bruscamente pillandole el pulgar-. ?Mierda!
– ?Huy!
– Lo hiciste a proposito.
– Estas equivocado. Soy pacifista, aunque
– No tiene por que parecer una top model, simplemente debe ser razonablemente atractiva. Y nada de unas largas. Las mujeres con unas largas me asustan. -De nuevo sonrio, pero esta vez de una manera lenta y sensual-. No hay nada mas espeluznante que ver como esas largas dagas se acercan a mis joyas.
No pregunto si hablaba por experiencia. Realmente no queria saberlo.
– Pero estoy en lo cierto en la parte de Betty Crocker, ?no es asi?
El se encogio de hombros y puso la cinta metrica en posicion vertical, del suelo al techo.
– Es importante para mi. No me gusta cocinar. -Hizo una pausa para leer la medida y la anoto al lado de la primera-. No me gusta comprar, ni limpiar la casa, ni poner lavadoras. Son cosas de mujeres que no se me dan bien.
– ?Hablas en serio? -El parecia tan normal, pero en algun momento de su vida se habia vuelto un inepto-. ?Que te hace pensar que las mujeres saben limpiar y poner lavadoras? Quiza le asombre saber que no nacemos con una predisposicion biologica para lavar calcetines y restregar inodoros.
La cinta metrica se deslizo suavemente en la carcasa de metal y Joe la metio en el cinturon.
– Tal vez. Todo lo que se es que si una mujer no presta atencion a la limpieza y esas cosas, su hombre no lo hara. Igual que las mujeres son capaces de conducir veinticinco kilometros para ir a uno de esos talleres mecanicos de Jiffy Lube si el marido no les cambia el aceite del coche.
Por supuesto que las mujeres iban a un Jiffy Lube. ?Que clase de memo cambiaba por si mismo el aceite del coche? Ella sacudio la cabeza.
– Preveo que seguiras soltero mucho tiempo.
– ?Que pasa? ?Ahora eres adivina?
– No, no necesito ser adivina para saber que ninguna mujer querra ser tu chacha de por vida. A menos que saque algun beneficio con ello -anadio, pensando en alguna desesperada mujer sin hogar.
– Por supuesto que sacara beneficio. -En dos zancadas, acorto la distancia entre ellos-. Yo.
– Pensaba en algo bueno.
– Soy bueno. Realmente bueno -dijo lo suficientemente bajo para que no lo oyeran fuera del almacen-. ?Quieres que te lo demuestre?
– No. -Se enderezo apartandose de la pared, pero el se habia acercado tanto que ella podia ver los bordes negros de sus iris.
Joe levanto la mano, le coloco un mechon de pelo detras de la oreja y le acaricio la mejilla con el pulgar.
– Bueno, pues me toca.
Ella nego con la cabeza, temiendo que si el decidia demostrarle lo bueno que era, no seria capaz de detenerle.
– No, de verdad. Te creo.
Su risa suave lleno el pequeno almacen.
– Queria decir que me toca hacerte una pregunta.
– Ah -dijo ella y no supo por que se sentia tan decepcionada.
– ?Por que una chica como tu esta todavia soltera?
Ella se pregunto que queria dar a entender exactamente e intento mostrarse un poquito indignada, pero lo cierto era que sono mas balbuceante que ofendida.
– ?Como yo?
Joe le deslizo el pulgar por la barbilla y despues le acaricio el labio inferior.
– Con el pelo tan alborotado como si acabases de levantarte de la cama y esos grandes ojos verdes puedes llegar a conseguir que cualquier hombre se olvide de todo.
El calor de sus palabras se fundio en la boca de su estomago y le temblaron las rodillas
– ?Que se olvide de que?
– De que no es una buena idea que te bese -dijo el, y lentamente acerco su boca a la de ella- por todas partes. -Le acaricio la cadera con una mano y la atrajo hacia si. El cinturon de herramientas presiono su abdomen-. Del verdadero motivo de que este aqui, y por que no nos podemos pasar el dia haciendo lo que en realidad hariamos si fueras mi novia de verdad. -Sus labios acariciaron los de ella, que se abrieron para el incapaz de resistir el deseo que la recorrio de pies a cabeza. La punta de su lengua toco la de ella, luego penetro dentro de su calida boca. El se tomo su tiempo para besarla, provocando su placer con la caricia lenta y persistente de sus labios y su lengua. Al mismo tiempo la empujo hacia atras contra la pared, entrelazando sus manos con las de ella y levantandolas a ambos lados de su cabeza. Los labios humedos de Gabrielle se amoldaron a los suyos, zambullo la lengua en el interior de su boca con suavidad y luego se retiro.
La incito, jugueteando con su boca. La mantuvo sujeta contra la pared, apretando sus senos con su duro pecho. Sus pezones se endurecieron cuando el profundizo el beso y Gabrielle se olvido de todo, derritiendose por dentro. Un fuego liquido ardio en su vientre arrancando un gemido de su pecho. Gabrielle lo oyo pero apenas se percato de que aquel sonido procedia de ella.
Luego oyo como si Joe se aclarara la garganta, pero sumida en el cautivador embrujo de su profunda aura roja se pregunto como podia aclararse la voz cuando aun tenia la lengua en su boca.
– Cuando acabes con el manitas, Gabe, necesito que mires las facturas del lote danado de platos de sushi.
Joe se aparto de su boca y parecio tan aturdido como ella.
Gabrielle se dio cuenta que no habia sido el quien habia hablado y giro la cabeza justo a tiempo de ver como Kevin salia del almacen para dirigirse al frente de la tienda. Al mismo tiempo, sono la campanilla avisando de que habia entrado un cliente. Si Kevin habia dudado alguna vez de que eran novios, estaba claro que ahora ya no lo haria.
Joe retrocedio y se paso los dedos por el pelo. Solto una bocanada de aire y dejo caer las manos. Parecia perplejo, como si algo le hubiera golpeado en la cabeza.
– Tal vez no deberias llevar puestas cosas como esa al trabajo.
Con el deseo aun rugiendo por sus venas, Gabrielle se balanceo sobre los talones y bajo la mirada desconcertada al vestido. El dobladillo la cubria hasta los tobillos y el corpino suelto apenas revelaba nada.
– ?Esto? ?Que le pasa?
El cambio el peso de pie y cruzo los brazos sobre el pecho.
– Es demasiado sexy.
El asombro la dejo sin habla durante un momento, pero cuando lo miro a los ojos y se percato de que estaba hablando en serio no pudo evitarlo, estallo en carcajadas.
– ?Que es tan gracioso?
– Ni echandole toda la imaginacion del mundo se puede considerar sexy este vestido.
El sacudio la cabeza.
