fotografias.
– Si.
– ?Aqui?
Maddie penso la respuesta y decidio decirle la verdad.
– Si.
– ?Que mas?
– Ademas de los informes de la policia y de la escena del crimen, tengo entrevistas, articulos de periodicos, graficos y el informe del forense.
Mick abrio los ventanales y salio afuera. Los altos pinos ponderosa proyectaban sombras oscuras sobre la terraza, persiguiendo los apagados grises del ocaso. Una ligera brisa perfumaba la noche con olor a pino y despeinaba los cabellos de Mick que le caian sobre la frente.
– Una vez fui a la biblioteca cuando tenia unos diez anos, con la idea de echar un vistazo a los viejos articulos de los periodicos, pero la bibliotecaria era amiga de mi abuela, asi que me marche.
– ?Has leido algun relato sobre aquella noche?
– No.
– ?Te gustaria?
Mick sacudio la cabeza.
– No. No tengo demasiados recuerdos de mis padres, y leer acerca de lo que paso aquella noche estropearia los pocos que tengo.
Maddie tenia un monton de recuerdos de su madre. Ultimamente, con la ayuda de los periodicos habia recuperado unos pocos.
– Tal vez no.
Mick sonrio sin ganas.
– Hasta que llegaste a la ciudad, yo no sabia que mi madre habia visto morir a mi padre. No sabia que le odiase tanto.
– Puede que no lo odiara. El amor y el odio son dos emociones poderosas. Las personas matan a quienes aman a menudo. Yo no lo comprendo, pero se que ocurre.
– Eso no es amor. Es otra cosa. -Se acerco al borde oscuro de la terraza y se agarro a la barandilla de madera. Al otro lado del lago, la luna empezaba a alzarse sobre las montanas y reflejaba una imagen perfecta en las aguas lisas-. Hasta que llegaste a la ciudad todo estaba enterrado en el pasado al que pertenece. Luego empezaste a hurgar y a husmear, y la gente de por aqui no puede dejar de hablar de ello. Lo mismo que cuando yo era nino.
Maddie se acerco a el y apoyo el trasero en la barandilla. Se cruzo de brazos y miro el perfil oscuro de su rostro. Estaba tan cerca que la mano de Mick descansaba junto a ella sobre la barandilla.
– Salvo en tu casa, supongo que el tema de tu padre y tu madre solia comentarse mucho.
– Y que lo digas.
– ?Por eso te peleabas tanto?
Mick la miro a los ojos y sonrio debilmente.
– Quiza era solo que me gustaba pelear.
– O tal vez no te gustaba que la gente dijera cosas feas de tu familia.
– Crees que me conoces. Crees que has averiguado como soy.
Maddie encogio un hombro. Si, lo conocia. En cierto sentido, imaginaba que habian vivido vidas paralelas.
– Creo que debe de haber sido un infierno vivir en una ciudad donde todo el mundo sabe que tu madre mato a tu padre y a su joven amante. Los ninos pueden ser muy crueles. No es solo un cliche. Creeme, lo se muy bien. Los ninos son malos.
La brisa movio unas cuantas mechas de cabello hacia la mejilla de Maddie y Mick levanto una mano para apartarselas de la cara.
– ?Que te hacian? ?No te elegian para jugar a la pelota?
– No me elegian para jugar a nada. Era un poco regordete.
Mick le coloco el cabello detras de la oreja.
– ?Un poco?
– Mucho.
– ?Cuanto pesabas?
– No lo se, pero en sexto grado me regalaron unas botas negras impresionantes. Tenia las pantorrillas tan grandes que no pude abrocharmelas. Asi que me las doble hacia abajo y me engane a mi misma pensando que todos creerian que asi era como se suponia que se llevaban. Nadie se lo trago y yo nunca volvi a ponerme las botas. Ese fue el ano en que empezaron a llamarme Cincinnati Maddie. Al principio estaba muy contenta de que ya no me llamaran Maddie la gorda. Luego descubri por que me llamaban asi y no estuve tan contenta. -A traves del oscuro espacio que los separaba, Mick enarco una ceja interrogativa y ella explico-: Decian que yo estaba tan gorda porque me habia comido Cincinnati [8].
– Pequenos cabrones. -Mick bajo la mano-. No me extrana que tengas tan mal genio.
?Tenia mal genio? Tal vez.
– ?Que excusa tienes tu?
Noto que Mick le acariciaba el rostro con la mirada durante unos instantes antes de responder.
– Yo no tengo mal genio.
– Ya -se burlo.
– Bueno, no lo tenia hasta que tu llegaste a la ciudad.
– Mucho antes de que yo me mudara a esta ciudad, tu ya se las hacias pasar moradas al sheriff Potter.
– Crecer en esta ciudad a veces era un infierno.
– Me lo imagino.
– No, no te lo imaginas. -Respiro hondo-. La gente se ha preguntado toda mi vida si yo iba a perderme como mi madre y matar a alguien. O si creceria para ser como mi padre. Para un nino es muy duro vivir con eso.
– ?Alguna vez te preocupa eso?
Mick sacudio la cabeza.
– No, nunca. El problema de mi madre, uno de sus problemas, era que nunca debio haber soportado a un tipo que la enganaba constantemente. Y el problema de mi viejo era que nunca debio casarse.
– ?Asi que tu solucion es evitar el matrimonio?
– Exacto. -Se sento a su lado en la barandilla y la cogio de la mano-. Igual que tu resolviste el problema de sobrepeso evitando los hidratos de carbono.
– Eso es distinto. Yo soy una hedonista y tengo que evitar algo mas que los hidratos de carbono.
En aquel momento, su naturaleza hedonista notaba el calor de la mano de Mick que le subia por el brazo hasta el pecho.
– Tambien evitas el sexo.
– Si, y si abandono la abstinencia en cualquiera de estos dos ambitos, podria volverme horrible.
– ?Como de horrible?
De repente Mick estaba demasiado cerca y ella se puso de pie.
– Me atiborraria.
– ?De sexo?
Intento apartar la mano, pero el no la soltaba.
– O de hidratos de carbono.
Mick puso la otra mano en su cintura.
– ?De sexo?
– Si.
La blanca y seductora sonrisa de Mick centelleo a traves de la oscuridad que los separaba.
– ?Como de horrible te volveras?
La atrajo hacia si despacio hasta sujetarla entre sus muslos.
La calidez de la mano, el contacto con los muslos y la sonrisa picara de Mick se unian en una conspiracion
