– Estoy demasiado blanda.

– Eres una mujer. Se supone que debes ser blanda.

– Pero yo soy…

Mick la tumbo en la cama y la miro desde arriba.

– Te miro y nada de lo que pienso me impide querer estar contigo. -Recorrio el rostro de Maddie con la mirada-. He intentado alejarme de ti. He intentado mantener las manos lejos de ti, pero no puedo. -La miro a los ojos-. Tal vez despues de esta noche lo consiga.

A Maddie se le atraganto el aliento en el pecho. No queria una noche. Queria muchas noches, pero el era Mick Hennessy y ella era Maddie Jones. Tendria que decirselo. Y pronto.

– Entonces sera mejor que nos apliquemos. -Maddie le puso la mano en la nuca y le acaricio el corto cabello con los dedos-. Manana podras volver a estar enfadado conmigo, y yo volvere a la abstinencia. Todo volvera a ser como era antes de esta noche.

Mick hizo una mueca.

– ?Tu crees?

Maddie asintio.

– Ninguno de los dos anda buscando el amor, ni siquiera un compromiso mas alla de esta habitacion. Ambos queremos lo mismo, Mick. -Maddie atrajo la boca de el hasta la suya y le susurro en los labios-. Sin ataduras. Solo un polvo de una noche.

Como creia que era la ultima vez que disfrutaba del sexo antes de volver a la abstinencia, se aseguraria de que fuera memorable.

Le dejo durante el tiempo de abrir el grifo de la banera de hidromasaje y verter jabon de bano con perfume a mango en el agua. Luego lo cogio de la mano y lo llevo al cuarto de bano. Jugaron con las burbujas de espuma y cuando llego el momento, lo cabalgo como si fuera un caballito de mar. Esta vez, cuando llego a la cima, se aseguro de que lo llamaba por su nombre.

Cuando terminaron y Mick tiro por el vater el ultimo condon, Maddie se quedo dormida con la espalda apretada contra el pecho de Mick y el con la mano en uno de sus senos. El le estaba hablado de algo, ella acurruco el trasero contra la entrepierna de Mick y se quedo dormida. Tenia intencion de ponerse una bata y acompanarle hasta la puerta, pero hacia tanto tiempo que no se sentia segura y protegida… Claro que era una ilusion. Siempre habia sido una ilusion. Nadie salvo ella misma podia hacer que estuviera segura y protegida de verdad, pero habia estado bien.

Por la manana, cuando se desperto, estaba sola. Tal como ella queria; sin ataduras, sin compromiso, sin exigencias. Mick ni siquiera se habia despedido.

Se puso de costado y miro las sombras de la manana que jugaban en la pared. Coloco la mano en el hueco de la otra almohada y apreto los dedos hasta cerrarla en un puno. Era mejor asi.

Aunque nunca le contase quien era ella, aunque se fuera de la ciudad y nunca volviera a poner los ojos en el, el acabaria descubriendolo. Lo descubriria cuando el libro se publicara.

Si, era mejor que se hubiera marchado sin despedirse. Una noche ya era demasiado; mas habria sido imposible.

Capitulo 12

La voz de Trina Olsen-Hays lleno el despacho de Maddie mientras ella tomaba notas en unas fichas, con la intencion de poner cierto orden en la conversacion que salia de la grabadora. Cuando acabo de transcribir la informacion pertinente, las barajo y las mezclo con las demas fichas que habia tomado, con el fin de establecer una cronologia que colgaria en las paredes de su despacho. En su primer libro habia aprendido que era mas facil organizar las cosas si estaban escritas en fichas, en lugar de tenerlas en folios.

Al cabo de una hora de escribir notas, apago la cinta y se reclino hacia atras en la silla. Bostezo llevandose los brazos a la cabeza. Era domingo e imaginaba que los ciudadanos de Truly estaban a punto de salir de la iglesia. A Maddie no la habian educado en ninguna religion. Como habia ocurrido con la mayoria de las cosas de su adolescencia, Maddie habia asistido a la iglesia arrastrada por los veleidosos caprichos de su tia o por de uno de sus «programas». Si la tia abuela Martha veia un episodio de 60 Minutos sobre la religion, le entraba preocupacion porque tal vez estaba descuidando su trabajo en lo referente a Dios y llevaba a Maddie a una iglesia cualquiera para convencerse, de camino a casa, de que habia sido una buena guardiana. Despues de algunos domingos, Martha se olvidaba de la iglesia y de Dios y se preocupaba por cualquier otra cosa.

De haber tenido que elegir una religion, lo mas probable era que Maddie hubiera elegido el catolicismo. Si mas no, por las vidrieras, las cuentas del rosario y la Ciudad del Vaticano. Maddie habia visitado el Vaticano hacia unos anos y le habia parecido imponente, incluso para una infiel como ella, pero si se hacia catolica tendria que ir a la iglesia y confesar los numerosos pecados carnales que habia cometido con Mick Hennessy. Si entendia bien en que consistia la confesion, tendria que sentirse arrepentida, pero no era asi. Lo de mentir a un sacerdote podia pasarlo, pero a Dios no habia quien lo enganara.

Maddie se puso en pie y se dirigio al salon. La noche anterior habia pasado un buen rato con Mick. Habian practicado el sexo, sexo del bueno, y ahora se habia acabado. Sabia que deberia sentirse mal por no haberle dicho que su madre era Alice Jones, pero lo cierto era que no era asi. Bueno, tal vez un poco, pero no tanto como habria debido. Podia sentirse peor si tenia algun tipo de relacion con Mick, pero no la tenia. Ni siquiera una amistad, y si se encontraba mal por algo era porque ella y Mick nunca podrian ser amigos. Le habria encantado, no solo por el sexo, sino porque el le gustaba.

Se acerco a los ventanales y miro el lago. Pensaba en Mick, en su hermana y en su insistencia en que no hablara con Meg. ?Por que? Meg era una mujer adulta. Una madre divorciada que cuidaba de ella misma y de su hijo. ?Que temia Mick que sucediera?

– Miau.

Maddie bajo la vista. Al otro lado de la puerta de cristal habia un gatito. Era muy blanco y tenia un ojo azul y otro verde. La cabeza parecia demasiado grande para el cuerpo, como si fuera un poco deforme.

– Vete a casa -le dijo senalandolo.

Odiaba a los gatos. Los gatos eran criaturas asquerosas. Te hacian trizas la ropa, aranaban los muebles con las unas y dormian todo el dia.

– Miau.

– Olvidalo.

Se volvio y se dirigio al dormitorio. Las sabanas, las fundas de las almohadas y el edredon de plumas estaban tirados en el suelo en un monton, las cogio y las llevo al lavadero, que estaba al lado de la cocina. Necesitaba sacar de su casa cualquier cosa que le recordara a Mick. Ni huellas en las almohadas, ni envoltorios de condones vacios en la mesita de noche. Mick era un pastel de queso y no podia tener nada alrededor que le recordara lo mucho que le gustaba, y echaba de menos, el pastel de queso. Sobre todo cuando era tan bueno que habia llegado al coma la noche anterior.

Metio las sabanas y las fundas de las almohadas en la lavadora, anadio jabon y la puso en marcha. Mientras cerraba la tapa, sono el timbre y noto en el estomago una especie de levedad y de peso al mismo tiempo. Solo habia una persona que llamara a su timbre. Intento ignorar la sensacion del estomago y el subito aceleron del ritmo cardiaco, mientras se dirigia a la parte delantera de la casa. Se miro la camiseta verde Nike y los pantalones cortos negros. Eran viejos y comodos; no precisamente el tipo de prendas que inspiran deseo, pero tampoco lo inspiraban la sudadera y los pantalones que llevaba la noche anterior y a Mick no le habia importado.

Ojeo por la mirilla, pero no era Mick. Meg estaba en el porche, con gafas oscuras, y Maddie se pregunto como sabia donde vivia. Tal vez gracias a Travis. Tambien se pregunto que podia querer Meg un domingo por la manana. La respuesta obvia era que queria hablar con Maddie sobre el libro, pero Meg se parecia tanto a su madre que se le ocurrio otra cosa: habia ido buscando algun tipo de confrontacion. Maddie se preguntaba si debia sacar la Taser, pero habria estado feo disparar a Meg una descarga de cincuenta mil voltios solo por ir a hablar de algo que habia ocurrido veintinueve anos atras. No habria sido de buena educacion, sino mas bien contraproducente, porque queria oir lo que Meg tuviera que decirle. Maddie abrio la puerta.

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