– Hola, Madeline. Espero no molestar -empezo Meg-. Acabo de dejar a Pete en la casa de al lado y me preguntaba si querrias hablar conmigo un momento.
– ?Los Allegrezza han vuelto tan pronto?
– Si. Volvieron a casa esta manana.
Una ligera brisa jugaba con las puntas del cabello oscuro de Meg; no parecia agitada ni trastornada, y Maddie se retiro para dejarla pasar.
– Adelante.
– Gracias.
Meg se coloco las gafas en la coronilla y entro. Llevaba una falda caqui y una blusa negra de manga corta. Se parecia tanto a su madre que daba un poco de impresion, pero se suponia que Maddie no era quien para juzgarla por el comportamiento de su madre, igual que la gente no era quien para juzgar a Maddie por el de la suya.
– ?En que puedo ayudarte? -pregunto Maddie mientras las dos entraban en el salon.
– ?Estuvo mi hermano aqui anoche?
Las piernas de Maddie flaquearon una fraccion de segundo antes de seguir cruzando el salon. Cuando se pregunto que habia traido a Meg hasta su porche, no se le ocurrio que quisiera hablar de su encuentro sexual. Tal vez al fin y al cabo iba a necesitar la Taser.
– Si.
Meg suspiro.
– Le dije que no viniera. Soy una adulta y puedo ocuparme de mi misma. Le preocupa que si hablo contigo de mama y papa, me ponga mal.
Maddie sonrio aliviada.
– Por favor, sientate -le dijo indicandole el sofa-. ?Quieres beber algo? Me temo que solo tengo Coca-Cola light o agua.
– No, gracias. -Meg se sento y Maddie ocupo el sillon-. Siento que Mick creyera necesario venir a tu casa y pedirte que no hablases conmigo.
Hizo mas que eso.
– Igual que tu, yo tambien soy adulta y no acepto ordenes de tu hermano. -Salvo cuando se habian metido en la banera y el le habia mirado con aquellos preciosos ojos y le habia dicho: «Ven, sientate en mi regazo».
Meg dejo el bolso sobre la mesa del cafe.
– Mick no es mala persona, es solo que se comporta de modo muy protector. Ha tenido una infancia muy dura y no le gusta hablar de nuestros padres. Si lo conocieras en otras circunstancias, seguro que te gustaria.
Le gustaba mas de lo que era prudente, dadas las circunstancias. No queria ni pensar en lo mucho que le habria gustado sentarse en su regazo si no fuera un Hennessy.
– Estoy segura de que es cierto.
Meg fruncio el ceno.
– Por la ciudad corre el rumor de que se va a hacer una pelicula de tu libro.
– ?En serio?
– Si. Carleen vino a mi trabajo ayer y me dijo que Angelina Jolie iba a interpretar el papel de mi madre y Colin Farrel de mi padre.
Colin Farrell no tenia sentido, porque era irlandes, pero ?Angelina Jolie?
– No he recibido ninguna oferta para hacer la pelicula. -Mierda, ni siquiera le habia hablado a su agente del libro-. Asi que puedes decirle a todo el mundo que no va a venir ningun equipo de cine por el momento.
– Eso es un alivio -dijo Meg, luego dirigio su atencion hacia los ventanales-. Tu gato quiere entrar.
– No es mio. Creo que es un gato callejero. -Maddie sacudio la cabeza y se recosto en el sillon-. ?Quieres un gatito?
– No. No soy persona de tener animales. Le he prometido a mi hijo un perro si se porta bien durante un mes. -Se echo a reir-. Y no creo que tenga que cumplir mi promesa por el momento.
Cuando Meg reia se parecia un poco a Mick.
– Yo tampoco soy persona de tener animales -le confeso Maddie y se pregunto si Meg habia ido a su casa para charlar de animales o de sus padres-. Son una carga.
– ?Oh, a mi no me importa eso! Yo no quiero tenerlos porque se mueren.
Por lo que a Maddie respectaba, eso era lo unico bueno de los gatos.
– De ninos teniamos un caniche llamado Princesa. Era de Mick.
?Mick tenia un caniche? No solo no imaginaba a Mick con un caniche, sino que no lo podia imaginar llamandolo Princesa.
– ?Le puso el ese nombre?
– Si, y se murio a los trece anos. La unica vez que he visto a Mick llorar fue cuando enterro a esa perra. En el funeral de nuestros padres se comporto como un estoico hombrecito. -Meg sacudio la cabeza-. He visto morir a demasiada gente en mi vida. No quiero encarinarme de un animal y que se me muera. La mayoria de la gente no lo entiende, pero eso es lo que siento.
– Lo entiendo. -Y era cierto. Mas de lo que Meg imaginaba, al menos por el momento.
– Te estaras preguntando por que me he pasado por aqui en lugar de esperar a que te pusieras en contacto conmigo.
– Supongo que estas nerviosa por hablar de tu madre y tu padre y de lo que sucedio aquella noche de agosto.
Meg asintio y se coloco el cabello detras de las orejas.
– No se por que quieres escribir sobre lo que ocurrio, pero lo cierto es que quieres. Asi que he pensado que deberias oirlo de boca de mi familia, y Mick no va a hablar contigo. De modo que solo quedo yo.
– ?Te importa si grabo la conversacion?
Meg tardo mucho rato en contestar, y ella penso que se negaria.
– Supongo que esta bien. Mientras podamos pararla si me siento incomoda.
– Claro que si. -Maddie se levanto del sillon y fue al escritorio. Metio una cinta nueva en la pequena grabadora, cogio una carpeta y un boligrafo y regreso al salon-. No tienes que decir nada que no quieras decir.
Lo dijo a sabiendas que su trabajo era conseguir que Meg lo escupiera todo. Acerco la grabadora a su boca y dijo el nombre de Meg y la fecha, luego la dejo en el borde de la mesa de cafe.
– ?Por donde empiezo? -pregunto Meg mirando la grabadora.
– Si te sientes comoda, ?por que no hablas de lo que recuerdas de tus padres? -Maddie se recosto hacia atras en el sillon y descanso las manos en el regazo. Paciente y nada amenazadora-. Ya sabes, los buenos tiempos.
Y despues de que Meg hablase de ellos, llegarian a los malos.
– Estoy segura de que has oido que mis padres se peleaban.
– Si.
– No estaban todo el tiempo peleandose, era solo que cuando lo hacian… -Se callo y se miro la falda-. Mi abuela solia decir que eran muy apasionados. Que se peleaban y se amaban con mas pasion que los demas.
– ?Tu crees?
Meg fruncio un poco el ceno y crispo las manos en el regazo.
– Yo solo se que mi padre era… formidable. Siempre estaba contento. Siempre cantaba cancioncillas. Todo el mundo lo queria porque tenia algo. -Levanto la mirada y sus ojos verdes se encontraron con los de Maddie-. Mi madre se quedaba en casa con Mick y conmigo.
– ?Era feliz tu madre?
– Ella… a veces estaba triste, pero eso no significa que fuera una mala madre -dijo Meg, y siguio hablando de las maravillosas meriendas campestres y las fiestas de cumpleanos, de las grandes reuniones familiares y de cuando Rose les leia cuentos a la hora de dormir; hacia que su familia pareciera la viva imagen de la felicidad hogarena.
Mierda. Maddie llevaba treinta minutos escuchando a Meg sublimando el pasado.
– ?Que pasaba cuando tu madre estaba triste? -pregunto Maddie.
Meg se sento hacia atras y se cruzo de brazos.
