brazos. Teddy era adorable, y Holly Grace al instante lo habia amado con todo su corazon, pero era mas o menos el bebe mas feo que alguna vez hubiera visto.
El no era para nada en absoluto como Danny.
Quienquiera que hubiera engendrado a esta pequena criatura feucha, no podia haber sido Dallie Beaudine.
Cuando los anos pasaron, la edad habia mejorado algo la belleza de Teddy. Su cabeza estaba ya bien formada, pero era aun demasiado grande para su cuerpo. Tenia el pelo castano, fino y lacio, las cejas y pestanas tan palidas que eran casi invisibles, y los pomulos que parecian no crecer.
A veces cuando giraba la cabeza, de alguna manera, Holly Grace pensaba que vislumbraba como seria su cara cuando fuera un hombre… fuerte, con personalidad, bastante atractivo. Pero hasta que creciera en esa cara, ni su propia madre alguna vez cometio el error de jactarse sobre la belleza de Teddy.
– ?Venga, Holly Grace! -la cabeza de Teddy salia por la puerta de entrada artesonada blanca-. ?No llegas nunca!
– No llegare nunca -gruno, pero anduvo el resto del camino mas rapidamente. Cuando entro en el pasillo, se quito la chaqueta y se subio las mangas de su camisa blanca, en las piernas llevaba un par de botas italianas de cuero decoradas con flores de bronce. Su pelo rubio de marca registrada caia por delante de sus hombros, su color ahora destacado con palidas rayas plateadas. Llevaba un rastro de rimel marron de cibelina y un poco de colorete, pero poco mas maquillaje.
Consideraba que las lineas finas que habian comenzado a formarse en las esquinas de sus ojos imprimian caracter. Ademas, era su dia libre y no tenia paciencia.
La sala de estar del apartamento de Francesca tenia las paredes amarillo palidas, molduras color melocoton, y una exquisita alfombra Heriz con tonos de azul. Con sus toques de jardin ingles de zaraza de algodon y seda damask, el cuarto era exactamente la clase de lugar con gusto elegante y extravagantemente caro que a las revistas como Casa y Jardin les gustaba fotografiar para sus brillantes paginas, pero Francesca rechazaba colocar a un nino en un escaparate y como por accidente, habia saboteado un poco el trabajo de su decorador.
El paisaje de Hubert Robert sobre la chimenea italiana de marmol habia cedido el paso a un dibujo con pinturas minuciosamente enmarcado de un dinosaurio rojo brillante (Theodore Day, alrededor de 1981). Un busto italiano del siglo XVII habia sido movido varios pies del centro para hacer sitio al puf de vinilo naranja favorito de Teddy, y al lado del busto habia una figura de Mickey Mouse llamando por telefono que Teddy y Holly Grace habian comprado como un regalo para Francesca en su cumpleanos numero treinta y uno.
Holly Grace entro, dejando caer su bolso sobre una copia del New York Times, y saludando a Consuelo, la mujer hispana que cuidaba de forma maravillosa de Teddy, pero dejaba todos los platos para que Francesca los lavara cuando volviera a casa. Cuando se alejaba de Consuelo, Holly Grace encontro a una chica acurrucada en el sofa absorta en una revista.
La muchacha tenia alrededor de dieciseis o diecisiete anos, con el pelo mal tenido y una contusion descolorida sobre su mejilla. Holly Grace la miro y luego se dio la vuelta sobre Teddy con un susurro vehemente:
– Tu madre lo ha hecho otra vez, no es verdad?
– Mama dijo que no dijera nada que la asustara.
– Esto es lo que me pasa por ir a California durante tres semanas -Holly Grace agarro a Teddy del brazo y tiro de el hacia su dormitorio fuera del alcance del oido de la chica.
En cuanto cerro la puerta, exclamo con frustracion.
– ?Maldita sea!, ?es que no hable con ella? No puedo creer que hiciera esto otra vez.
Teddy cogio una caja de zapatos que contenia su coleccion de sellos y toco con suavidad la tapa.
– Su nombre es Debbie, y es bastante agradable. Pero el departamento de bienestar finalmente encontro una casa de acogida para ella, y se marcha en unos dias.
– Teddy, probablemente esa muchacha es una drogadicta. Seguramente tiene marcas de agujas en el brazo -el comenzo a inflar sus mejillas, un habito que tenia cuando no queria hablar sobre algo. Holly Grace gimio por la frustracion-. Mirame, carino, ?por que no me llamaste a L.A. enseguida? Se que solo tienes nueve anos, pero ese coeficiente de genio que tiene conlleva algunas responsabilidades, y una de ellas debe ser intentar mantener a tu madre al menos parcialmente en contacto con la realidad. Sabes que ella no tiene un gramo de sentido comun en estas cosas acogiendo en su casa a fugitivos, rescatando a chicas de dudosa vida. Se rige por su corazon en vez de por su cabeza.
– Me gusta Debbie -dijo tercamente Teddy.
– Te gustaba el caracter de Jennifer, tambien, y te robo cincuenta dolares de tu hucha de Pinocchio antes de irse.
– Me dejo una nota diciendome que me lo devolveria, y ella fue la unica que alguna vez cogio algo.
Holly Grace vio que luchaba una batalla perdida.
– Al menos deberias haberme llamado.
Teddy saco la tapa de su caja con la coleccion de sellos y la puso sobre su cabeza, dando por terminada con decision la conversacion. Holly Grace suspiro. A veces Teddy era sensible, y a veces actuaba exactamente como Francesca.
Media hora mas tarde, Teddy y ella se movian poco a poco por las calles atestadas de trafico hacia Greenwich Village. Cuando Holly Grace se paro en un semaforo, penso en el Ranger de Nueva York con el que habia quedado para cenar esa noche. Estaba segura que seria fabuloso en la cama, pero el hecho que no podria aprovecharlo la deprimia. El SIDA era realmente temible.
Justamente cuando las mujeres estaban finalmente tan sexualmente liberadas como los hombres, esta horrible enfermedad tuvo que venir y parar toda la diversion. Ella solia disfrutar de sus encuentros de una sola noche. Deleitaba a su amante con todos sus mejores trucos y luego lo echaba antes de que el tuviera una posibilidad para esperar que ella hiciera el desayuno para el. Alguien dijo que el sexo con un forastero degradaba, tuvo que ser alguien a quien le gustaba hacer el desayuno.
Con resolucion, aparto la imagen obstinada de un hombre de cabellos morenos cuyo desayuno le habria gustado cocinar. Ese asunto habia sido una locura pasajera por su parte… un caso desastroso de sus alocadas hormonas que le cegaban el juicio.
Holly Grace continuo cuando la luz del semaforo cambio y un idiota en un Dodge Daytona la adelanto, pasando a milimetros del guardabarros de su nuevo Mercedes. Le parecia que el SIDA habia afectado a todos en algun sentido. Incluso su ex marido habia sido sexualmente monogamo durante el ano pasado. Fruncio el ceno, todavia trastornada con el. Ciertamente no tenia nada contra la monogamia estos dias, pero lamentablemente Dallie practicaban esto con alguien llamada Bambi.
– ?Holly Grace? -dijo Teddy, mirandola desde las profundidades suaves del asiento de pasajeros-. ?Crees que un profesor tiene razon en suspender a un nino simplemente porque quiza ese nino no hace un trabajo de ciencia tonto para su clase dotada como se supone que lo hara?
– Esto no suena exactamente como una pregunta teorica -contesto Holly Grace secamente.
– ?Que significa eso?
– Eso significa que deberias haber hecho tu trabajo de ciencia.
– Es que era tonto -Teddy fruncio el ceno-. ?Por que alguien querria ir por ahi matando bichos y pegandolos a una tabla con alfileres? ?No piensas que eso es tonto?
Holly Grace comenzaba a seguir el hilo. A pesar de la inclinacion de Teddy por simulacros de combate y llenaba cada hoja de papel de dibujo con armas y cuchillos, la mayor parte de ellos goteando sangre, el nino era en el fondo un pacifista. Lo habia visto una vez llevar una arana diecisiete pisos abajo en el ascensor para liberarla en la calle.
– ?Has hablado con tu mama de esto?
– Si. Llamo a mi profesora para preguntarle si yo podia dibujar los bichos en vez de matarlos, pero cuando la senorita Pearson dijo que no, empezaron a discutir y la senorita Pearson colgo. Mama no hace como la senorita Pearson. Piensa que ella pone demasiada presion sobre los ninos. Finalmente mama dijo que ella mataria los bichos por mi.
Holly Grace puso los ojos en blanco ante la idea de que Francesca matara algo. Si alguien tenia que matar a los bichos, tenia una nocion bastante clara de quien terminaria haciendo el trabajo.
– ?Eso parece solucionar tu problema, entonces, verdad?
