– Realmente no me preocupa si me crees o no.

Holly Grace siguio moviendo su tenedor hacia adelante y hacia atras en los frijoles, convirtiendo el ala del angel en un circulo.

– El es muy sensible en el tema de los ninos. Si me estas mintiendo…

Su estomago dio un vuelco, Francesca tomo un riesgo deliberado.

– Supongo que seria mejor si le dijera que es su hijo. Seguramente podria sacar algun dinero en efectivo.

Holly Grace embistio como una leona que salta a la defensa de los suyos.

– No se te ocurra hacerle una jugada sucia, porque juro por Dios que declarare en el tribunal todo que me has dicho hoy. No pienses ni por un segundo que me mantendre al margen y mirare como Dallie te pasa billetes de un dolar para ayudarte a criar el nino de otro hombre. ?Lo entiendes?

Francesca oculto su alivio detras de un arco aristocratico de sus cejas y un suspiro aburrido, como si todo esto fuera tambien, demasiado aburrido para decirlo con palabras.

– Dios, vosotros los americanos estais llenos de melodrama.

Los ojos de Holly Grace brillaron con fuerza como zafiros.

– No intentes envolverlo en esto, Francie. Dallie puede tener un matrimonio poco ortodoxo, pero eso no significa que nosotros no nos apoyemos el uno al otro.

Francesca se arreglo un poco el vestido y miro hacia su barriga.

– Tu eres la que ha originado esta conversacion, Holly Grace. Puedes hacer lo que quieras -se cuidar de mi, penso con ferocidad. Y se cuidar de lo que es mio.

Holly Grace no la miraba exactamente con respeto, pero no dijo nada, tampoco. Cuando acabo por fin su comida, Francesca cogio la cuenta, aun cuando no pudiera permitirselo. Durante los siguientes dias, miro con inquietud hacia la puerta de la calle de la emisora, pero como Dallie no aparecio, concluyo que Holly Grace habia mantenido su boca cerrada.

Sulphur City era una ciudad pequena, modesta que solo tenia fama por sus celebraciones del 4 de Julio, que era considerada la mejor al condado, principalmente porque la Camara de Comercio construia una gran plataforma con arena de rodeo y se hacian espectaculos del Salvaje Oeste.

Ademas de la plataforma giratoria, las tiendas y toldos rodeaban el perimetro de la arena y sobresalian por el aparcamiento de grava mas alla. Bajo un toldo verde y blanco rayado, mujeres de Tiipperware exponian pasteles de lechuga, mientras en las tiendas siguientes la Asociacion Pulmonar del Condado presentaba fotografias de organos de enfermos. Y muchos mas puestos, con todo tipo de parafernalia de globos y recuerdos del 4 de julio.

Francesca se movio torpemente por la muchedumbre hacia la alejada tienda de la KDSC, sus dedos del pie hinchados, su mano apretada en los rinones, que le habian estado doliendo desde ayer por la tarde. Aunque fuera apenas las diez de la manana, el mercurio ya habia alcanzado treinta y cinco y el sudor corria entre sus pechos.

Miro anhelante hacia la maquina de Sno-cono Kiwanis, pero tenia que estar en el aire en diez minutos para entrevistar a la ganadora del concurso de belleza de Sulphur City y no tenia tiempo para pararse. Un ranchero de mediana edad con patillas canosas y una nariz gorda redujo la marcha de sus pasos y la estudio larga, apreciativamente. Ella no le hizo caso.

Con una barriga de nueve meses que sobresalia delante de ella como un Hindenburg, apenas podia creer que alguien la mirara con deseo sexual. El hombre era obviamente algun tipo de pervertido que le iban las mujeres embarazadas.

Casi habia alcanzado la tienda de la KDSC cuando le llego el sonido de una trompeta del area cerca de las plumas de becerro donde los miembros de la banda de instituto estaban ensayando. Giro la cabeza para mirar a un muchacho joven y alto con melena rubia cayendole sobre los ojos y una trompeta en su boca.

Cuando el muchacho empezo los acordes de 'Yankee Doodle Dandy,' giro su cabeza para que la campana del instrumento cogiera el sol. Los ojos de Francesca comenzaron a molestarle por la luz, pero no pudo apartar la mirada.

El momento colgo suspendido en el tiempo como el sol de Texas que le quemaba, blanco y despiadado. Notaba el olor de las palomitas de maiz calientes, el polvo mezclado con el olor de abono y gofres belgas.

Dos mujeres mexicanas pasaron charlando en espanol con ninos sujetos a sus cuerpos rechonchos con mantones drapeados. La plataforma giraba y hacia un ruido a lo largo de su pista ruidosa, y las mujeres mexicanas se rieron, y una ristra de petardos explotaron cerca y Francesca comprendio que estaba totalmente integrada.

Estaba integrada perfectamente mientras los olores y las vistas la absorbian. De algun modo, sin saberlo, ya formaba parte de este enorme y cotidiano crisol de un pais… este lugar de rechazados y desarraigados.

La brisa caliente movio su pelo y lo sacudio sobre su cabeza pareciendo una agitada bandera castana. En aquel momento, se sintio mas en casa, mas completa, mas viva, que alguna vez se hubiese sentido en Inglaterra. Sin saber exactamente como habia pasado, habia sido absorbida por esta mezcolanza de un pais, siendo transformada por ello, hasta, de algun modo, ser ella, tambien, una batalladora, resuelta, de la clase mas baja de americanos.

– Mejor resguardate de este sol, Francie, antes de que sufra un golpe de calor.

Francesca se giro alrededor para ver a Holly Grace andar hacia ella, llevando vaqueros de diseno y comiendose un helado de uva. Su corazon dio un salto gigantesco en direccion a su garganta. No habia visto a Holly Grace desde su almuerzo juntas dos semanas antes, pero habia pensado en ella casi sin cesar.

– Pensaba que ahora ya estarias en Nueva York -dijo con cautela.

– En realidad, estoy a punto de marcharme, pero decidi quedarme algo mas y volver a verte.

– ?Esta Dallie contigo? -exploro a escondidas la muchedumbre detras de Holly Grace.

Para alivio de Francesca, Holly Grace nego con la cabeza.

– Decidi no decirle nada. El juega dentro de una semana un torneo, y no necesita ninguna distraccion. Y supongo que verte le desconcentraria.

– Yo lo creo, tambien -otra vez intento frotarse el dolor en los rinones, y luego, cuando Holly Grace la miro comprensiva se sentio muchisimo mas sola-. El doctor piensa que me queda una semana.

– Estas asustada

Coloco la mano contra el lado donde un piececito le daba patadas.

– He pasado tanto este ultimo ano, que no puedo imaginarme que el parto pueda ser peor -echando un vistazo hacia la tienda de la KDSC, vio a Clara haciendole desordenadamente gestos-. Ademas, espero acostarme dentro de unas horas.

Holly Grace rio por lo bajo y se puso a andar a su lado.

– ?No piensas que ya deberias dejar de trabajar y descansar hasta el parto?

– Me gustaria, pero mi jefa no me dara mas que un mes de lactancia, y no quiero que empiece a contar hasta el bebe haya nacido.

– Esa mujer parece que come microfonos para el desayuno.

– Solo los tornillos.

Holly Grace se rio, y Francesca tuvo un sorprendente sentido de camaraderia con ella. Siguieron andando hacia la tienda juntas, charlando torpemente sobre el tiempo. Una rafaga de aire caliente pego su vestido flojo de algodon a su prominente barriga. Una sirena de bomberos dejo de oirse, y el bebe dio tres duras patadas.

De repente sintio una ola de dolor rasgado a lo largo de su espalda, una feroz sensacion le doblaba las rodillas. Instintivamente extendio la mano hacia Holly Grace.

– Ah, Dios mio…

Holly Grace dejo caer su helado y la agarro de la cintura.

– Apoyate sobre mi.

Francesca gimio y se inclino hacia adelante tratando de recobrar el aliento. Un chorrito de fluido amniotico comenzo a escaparse a lo largo del interior de sus piernas. Se apoyo en Holly Grace y ando un paso, la humedad repentina posicionandose dentro de sus sandalias. Agarrandose el abdomen, jadeo:

– Ah, Natalie… no actuas… como si quisieras ser… una damita.

Por las plumas de becerro, los platillos sonaron y el muchacho con la trompeta giro otra vez la campana de su

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