No hubo ninguna respuesta. Ella sintio un hormigueo detras de su cuello, y el corazon comenzo a acelerarse. Estaba segura de quien estaba alli; su oido se esforzo por coger un sonido.
– ?Teddy? -susurro-. Teddy…soy mama.
– Soy yo, senorita Pantalones de Lujo -la voz de Dallie era baja y amarga, diciendo su mote en un tono que parecia una obscenidad-. Tenemos una conversacion pendiente. Encuentrate conmigo en la cantera al norte del pueblo en media hora.
Oyo el caracter definitivo de su voz y gimio,
– ?Espera! ?Esta Teddy contigo? ?Quiero hablar con el!
Pero la linea se corto.
Corrio hacia abajo, precipitandose hacia el armario del pasillo, cogio la chaqueta de ante y se la puso sobre el sueter y los vaqueros. Aquella manana, habia atado su pelo en la nuca con una bufanda, y ahora, con su prisa, consiguio que la fina seda se enredada en el cuello de la chaqueta.
Sus manos temblaban cuando tiro de la bufanda. ?Por que le hacia esto? ?Por que no habia llevado a Teddy a la casa? ?Y si Teddy estaba enfermo? ?Y si le habia pasado algo?
Su respiracion era rapida y superficial cuando entro en el coche y lo saco a la carretera. No haciendo caso al limite de velocidad, condujo hasta la primera estacion de servicio que pudo encontrar y pregunto.
Las instrucciones eran complejas, y omitio un indicador de ruta al norte de la ciudad, pasandose varias veces antes de que encontrara el camino de tierra que conducia a la cantera. Le dolian las manos de lo fuerte que apretaba el volante. Habia pasado mas de una hora desde su llamada.
?El la esperaria? Se dijo que Teddy estaba a salvo…Dallie podria hacerla dano, pero nunca lastimaria a un nino. El pensamiento le trajo un pequeno consuelo.
La cantera estaba al final del camino como una herida gigantesca, triste y desolada en la luz gris de invierno, agobiante por su tamano. El ultimo turno de trabajadores al parecer habia terminado ya, pues todo se veia desierto. Camiones vacios estaban al lado de las piramides rojizas.
Los kilometros de correas transportadoras silenciosas pintadas de verde parecian tentaculos gigantes canalizados encima de la tierra. Francesca se dirigio a traves del patio hacia un edificio de metal acanalado, pero no vio ningun signo de vida, ningun vehiculo mas que los camiones de cantera parados.
Llegaba muy tarde, penso. Dallie ya se habia marchado. Con la boca seca por la ansiedad, condujo fuera del patio y a lo largo del camino al centro de la cantera.
Francesca lo contemplo, en su estado de animo inquieto, como si un cuchillo gigantesco hubiera abierto la tierra, haciendo un camino directamente hacia el infierno. Solitario, misterioso, crudo, el canon de la cantera achicaba todo sobre el horizonte.
Unos arboles dispersos con sus ramas desnudas encima del borde sobre el lado de enfrente se parecian a palillos, las colinas en la distancia como el bebes de montana. Incluso el cielo que se oscurecia parecia enorme; parecia mas bien una tapa que habia sido dejada caer abajo sobre una enorme caldera vacia.
Se estremecio cuando se obligo a dirigirse al borde, donde doscientos pies de granito rojo habian sido cortados capa por la capa, el proceso de profanacion revelando paradojicamente los secretos de su creacion.
Con lo ultimo de la luz, debilmente pudo distinguir uno de los coches de juguete de Teddy en el interior.
Por una fraccion de segundo se sintio desorientada, y luego comprendio que el coche era de verdad, no un juguete en absoluto. Era tan verdadero como el hombre Lilliputiense que se apoyaba contra el capo.
Cerro los ojos un momento, y su barbilla temblo. El habia escogido este lugar horrible deliberadamente porque queria que ella se sintiera pequena e impotente. Luchando para recuperar el control, condujo a traves del borde, casi omitiendo un escarpado camino de grava que conducia a las profundidades de la cantera. Despacio, comenzo su pendiente.
Como las paredes oscuras de la cantera se elevaban encima de ella, mentalmente se estabilizo. Durante anos, habia estado luchando con barreras aparentemente impenetrables, aporreandose contra ellas hasta que cedieron. Dallie era simplemente otra barrera que tenia que mover.
Y ademas tenia una ventaja que el no podia preveer. A pesar de lo que habia oido de ella, el esperaba encontrarse a la muchacha que recordaba, sus Pantalones de Lujo de veintiun anos.
Cuando habia mirado fijamente hacia abajo donde estaba en la cantera, habia presentido que estaba el solo. Segun se iba acercando, no vio nada que la hiciera pensar de manera diferente.
Teddy no estaba alli.
Dallie queria extraer su libra de carne antes de que le entregara a su nino. Aparco su coche en un angulo frente a el, pero casi a veinte metros de distancia. Si esto era un enfrentamiento, jugaria su propia guerra de nervios. La luz casi se habia ido y dejo los faros encendidos.
Abriendo la puerta, salio despacio… sin ninguna prisa, ningun movimiento malgastado, ningun vistazo de mas hacia las enormes paredes de granito. Fue hacia el despacio, andando por el camino que abrian las luces de los faros con los brazos a los lados y la espalda recta.
Una rafaga de viento helado levanto su bufanda y la azoto contra su mejilla. Cerro los ojos un instante.
El estaba esperandola apoyado en el coche, las caderas inclinadas en un angulo contra el frente del capo, los tobillos cruzados, los brazos cruzados… todo en el parecia duro y remoto.
Llevaba la cabeza descubierta, y una camiseta sin mangas debajo de la camisa de franela. Sus botas polvorientas con la arena roja de la cantera, como si hubiera estado alli durante algun tiempo.
Ella se acerco el, con la barbilla alta, y la mirada fija. Solo cuando estuvo bastante cerca pudo ver su mal aspecto, nada que ver con la fotografia de la portada de la revista. Con la luz del coche, noto sus ojeras y su palided, y su mandibula con barba de varios dias. Solo aquellos ojos Newman-azules le eran familiares, pero se habian vuelto tan frios y dificiles como la roca bajo sus pies. Se paro delante de el.
– ?Donde esta Teddy?
Una rafaga de viento barrio la cantera, levantando el pelo de su frente. Se retiro del coche y se incorporo en toda su altura. De momento el no dijo nada.
Solamente se quedo alli mirandola como si ella fuera un pedazo particularmente asqueroso de desecho humano.
– Solo he golpeado a dos mujeres en mi vida -finalmente dijo el-.Y a ti no te cuento porque eso fue mas una accion refleja ya que tu me golpeaste primero. Pero tengo que decirte que despues de averiguar lo que me has hecho, he estado pensando en buscarte y darte una buena zurra.
Ella necesito toda su fuerza de voluntad para hablar con calma.
– Vamos a ir a algun lugar donde podamos sentarnos y tomar una taza del cafe mientras hablamos de todo esto.
Su boca se torcio en una fea mueca.
– ?No pensaste en sentarnos y tomar un cafe hace diez anos, despues de que supiste que ibas a tener a mi hijo?
– Dallie…
El levanto la voz.
– ?No crees que podias haberme llamado por telefono y haberme dicho, '?Eh!, Dallie, tenemos un pequeno problema aqui y creo que tal vez deberiamos sentarnos y conversar sobre ello'
Ella enterro sus punos en los bolsillos de su chaqueta y encorvo sus hombros contra la frialdad, intentando no dejarle ver cuanto la asustaba. ?Donde estaba el hombre que una vez habia sido su amante… con la risa facil, un hombre divertido por las debilidades humanas, su hablar tibio y suave como miel caliente?
– Quiero ver a Teddy, Dallie. ?Que has hecho con el?
– Tiene la misma cara que mi viejo -declaro Dallie con ira-. Una replica casi exacta de aquel viejo bastardo de Jaycee Beaudine. Jaycee maltrataba mujeres, tambien. El era verdaderamente bueno en ello.
Entonces asi es como el lo habia sabido. Ella gesticulo hacia su coche, decidida a no seguir mas en esa oscura cantera y no escuchar nada sobre palizas a mujeres.
– Dallie, vamos a ir…
– ?No te imaginaste que Teddy pudiera parecerse a Jaycee, verdad? Nunca pensaste que lo reconoceria cuando planeaste esta pequena guerra sucia privada.
– No planee nada. Y esto no es una guerra. Hice lo que tenia que hacer. Recuerda lo que yo era entonces. No podia volver a ti corriendo y alguna vez tenia que crecer.
– No era solamente tu decision -dijo el, sus ojos chispeando de colera-. Y no quiero oir ninguna gilipollez
