Capitulo 26
Francesca se sentia entumecida cuando volvio a la casa de Dallie. Cuando salio fatigosamente del coche, se encontro pegando de nuevo los anicos y los pedazos del encuentro en la cantera. La mayor parte de los hombres estarian contentos de haberse ahorrado la carga de un nino no deseado. ?Por que ella no podia haber escogido a uno de ellos?
– Uh. ?Senorita Day?
El corazon de Francesca se hundio cuando oyo la voz joven femenina que venia cerca de los arboles al lado del camino. No esta noche, penso. No ahora, cuando sentia como si llevara mil kilos sobre sus hombros. ?Como siempre lograban encontrarla?
Incluso antes de que se diera la vuelta en direccion a la voz, sabia que encontraria una cara desesperadamente joven, resistente y triste, ropa barata indudablemente encabezada por pendientes llamativos.
Hasta sabia la historia que oiria. Pero esta noche no escucharia. Esta noche tenia demasiados problema que nublaban su propia vida para fijarse en la de los demas.
Una muchacha vestida con vaqueros y una chaqueta sucia rosada dio un paso justo al borde de un charco de luz que brillaba debilmente por la ventana de la cocina. Llevaba demasiado maquillaje, y su pelo separado por raya en el centro caia como una puerta de dos batientes sobre su cara.
– Yo… uh… yo te vi antes en la gasolinera. Al principio no crei que fueras tu…uh… tuve noticias por una muchacha que me encontre hace mucho tiempo que…tu sabes… tu podrias, uh…
La vid de los fugitivos. La habia seguido de Dallas a San Louis, luego a Los Angeles y Nueva York.
La precedia su reputacion como la imbecil mas grande del mundo y hasta se habia extendido a pequenas ciudades como Wynette. Francesca penso en volverse y alejarse. Lo penso, pero sus pies no se movian.
– ?Como me has encontrado?
– Yo…uh…Yo he preguntado por ahi. Alguien me dijo que quizas estuvieras aqui.
– Dime tu nombre.
– Dora-Doralee -la muchacha levanto el cigarrillo que tenia entre sus dedos y dio una calada.
– ?Podrias ponerte a la luz para que pueda verte?
Doralee hizo como le pidio, moviendose de mala gana, como si el levantar sus botas de lona rojas requiriera un esfuerzo sobrehumano. No podia tener mas de quince anos, penso Francesca, aunque ella insistiera que tenia dieciocho. Acercandose mas, estudio la cara de la muchacha.
Sus pupilas no estaban dilatadas; su hablar habia sido entrecortado, pero no habia pronunciado mal. En Nueva York, si ella sospechaba que una muchacha estaba enganchada con las drogas, la llevaba a los viejos brownstone en Brooklyn controlados por las monjas que estaban especializados en la ayuda a adolescentes adictos.
– ?Cuanto tiempo hace que no has tenido algo decente para comer?
– Yo como -dijo la muchacha insolentemente.
Chocolatinas, adivino Francesca. Y pastelitos Styrofoam rellenos con sustancias quimicas. A veces los ninos de la calle reunian dinero y se atracaban de comida basura. -?Quieres venir dentro y conversar?
– De acuerdo -la muchacha encogio sus hombros y tiro el cigarrillo hacia el camino.
Cuando Francesca le condujo hacia la puerta de la cocina, penso que ya podria oir a Holly Grace con voz desdenosa burlandose de ella: '?Tu y tus putas adolescentes! Deja al gobierno que cuide a estos ninos como se supone que debe hacerlo. Juro por Dios, que no tienes mas sentido ahora que el dia que naciste'.
Pero Francesca sabia que el gobierno no tenia bastantes refugios para cuidar de todas estas ninas. Ellos simplemente las devolvian con sus padres donde, con frecuencia, los problemas comenzaban una vez mas.
La primera vez que Francesca se habia implicado con un fugitivo fue en Dallas despues de haber hecho uno de sus tempranos programas de television. El tema habia sido la prostitucion infantil, y Francesca habia quedado horrorizada ante el poder que los 'chulos' ejercian sobre las muchachas, que eran, despues de todo, todavia ninas.
Sin saber exactamente como ocurrio, se habia encontrado llevando a dos de ellas a su casa y luego atormentando al sistema de asistencia social para que fomentaran casas de acogida para ellas.
El boca a boca habia funcionado, y cada pocos meses desde entonces se encontraba con un fugitivo en sus manos.
Primero en Dallas, luego en Los Angeles, despues en Nueva York, volvia del trabajo de noche para encontrarse alguien esperandola fuera del edificio, que habia oido en las calles que Francesca Day ayudaba a muchachas que estaban en problemas.
Con frecuencia solamente querian comida, otras veces un lugar para ocultarse de sus 'chulos'. Raras veces hablaban mucho; habian sufrido demasiados rechazos. Ellas solamente se sentaban con los hombros caidos delante de ella como esta muchacha, fumando un cigarrillo o mordiendose las unas y esperando que Francesca Day estendiera que era su ultima esperanza.
– Tengo que llamar a tu familia -anuncio Francesca mientras calentaba un plato de restos en el microondas y se lo ofrecio, con una manzana y un vaso de leche.
– A mi madre le importa una mierda lo que me pase -dijo Doralee, sus hombros cayeron hacia adelante y las puntas de su pelo casi tocaron la mesa.
– Aun asi tengo que llamarla -contesto Francesca firmemente. Mientras Doralee empezaba a comer Francesca llamo al numero de Nuevo Mexico que la muchacha de mala gana le habia dado. Era tal como habia dicho. A su madre no le importaba una mierda.
Despues que Doralee termino de comer, comenzo a responder a las preguntas de Francesca. Habia estado haciendo autostop cuando vio el coche de Francesca en la estacion de servicio pidiendo la direccion de la cantera.
Ella habia vivido en las calles de Houston un tiempo y habia pasado algun tiempo en Austin. Su 'chulo' la golpeba porque no ganaba bastante dinero. Y comenzaba a preocuparse por el SIDA.
Francesca lo habia oido tantas veces antes… estas pobres ninas, tristes, salian demasiado jovenes al mundo. Una hora mas tarde, metio a la muchacha en la pequena cama plegable en el cuarto de costura y luego con cuidado desperto a la Senorita Sybil para contarle lo que habia pasado en la cantera.
La Senorita Sybil se quedo con ella durante varias horas hasta que Francesca insistio para que volviera a la cama. Francesca sabia que ella no podria dormir, y volvio a la cocina donde enjuago los platos sucios de la cena de Doralee y los metio en el lavavajillas.
Forro los cajones de la cocina con papel nuevo que encontro en la alacena. A las dos por la manana, comenzo a cocer al horno. Algo para hacer que las largas horas de la noche pasaran mas rapido.
– ?Que es eso de ahi, Skeet? -Teddy salto en el asiento trasero e indico la ventana del coche-. ?Ahi! ?Esos animales por las colinas!
– Pense que te habia ordenado ponerte el cinturon de seguridad -dijo Dallie detras del volante-. ?Joder!, Teddy, no te quiero brincando alrededor asi cuando conduzco.Te pones el cinturon de seguridad ahora mismo o paro inmediatamente el coche.
Skeet miro con ceno fruncido a Dallie y luego por encima de su hombro a Teddy, que fruncia el ceno detras del cuello de Dallie exactamente del mismo modo que Skeet habia visto poner a Dallie con la gente que no le gustaba.
– Esas son cabras de angora, Teddy. La gente por aqui las cria para sacar mohair y hacer sueteres de lujo.
Pero Teddy habia perdido el interes por las cabras. Se rascaba el cuello y jugueteaba con el final del cinturon de seguridad abierto.
– ?Te lo has puesto?
– Uh-huh -Teddy aseguro el cinturon tan despacio como se atrevio.
– Si, senor -reprendio Dallie-. Cuando hables con adultos, dices ' senor 'y' senora '. Solamente porque vives en el Norte no significa que no puedes tener algunos modales. ?Me entiendes?
– Uh-huh.
Dallie giro hacia el asiento trasero.
