mesa y empezo a juguetear con sus anillos-. No se por que, siento algo que me impulsa a hablar con usted. - Aparto los ojos del oro de sus dedos y miro a ?ora-. Quiza porque ya no volvere a verla. Quiza porque necesito una oportunidad para justificar mis actos, pues mi conducta ha tenido estas espantosas consecuencias.

?ora solo pudo pensar que aquellas espantosas consecuencias se referian a la muerte de Harald.

– No tiene que justificarme nada en absoluto -dijo ?ora-. No soy una ingenua y se que con frecuencia detras de lo que parece a primera vista se esconden muchas otras cosas.

La mujer esbozo una sonrisa apagada. A ?ora le llamaba la atencion lo cuidada que estaba. Claro que la edad habia dejado ya sus marcas sobre ella, pero seguia siendo elegante, aunque de una forma en que la belleza solo cedia ante la dignidad. Sus ropas invitaban a mirarlas. ?ora adivino que el vestido oscuro y el abrigo costaban mas de lo que ella gastaba en ropa a lo largo de un ano entero.

– Harald era un nino precioso -dijo la mujer, como en un ensueno-. Cuando nacio, nos sentimos enormemente felices. Primero habiamos tenido a Bernd, que ya tenia dos anos, y luego llego aquel chiquillo precioso. Los anos siguientes, hasta que nacio Amelia, son en mi memoria como lo que uno imagina que puede ser el cielo. En ningun momento aparecio siquiera una nube.

– La nina era debil, ?no? -pregunto ?ora- ?Nacio ya con alguna enfermedad?

La sonrisa de Amelia desaparecio tan rapidamente como habia aparecido.

– No. No nacio debil. Nacio totalmente sana. Era mi vivo retrato, a juzgar por las fotos mias de cuando era bebe. Era preciosa, igual que el resto de mis hijos… dormia, y casi nunca lloraba. Ninguno de ellos tuvo problemas de estomago o padecio de los oidos. Unas criaturas encantadoras -?ora se limito a asentir, porque no sabia que decir en aquel momento. Vio una lagrima aparecer en el rabillo del ojo de la mujer-. Harald… -Se le quebro la voz. Hizo una pausa e intento recomponerse antes de continuar. Restano la lagrima con un rapido movimiento de la mano-. No he hablado de esto con nadie, aparte de mi marido y de nuestro medico. Mi marido hablo del tema con sus padres y nadie mas. No somos una familia abierta y nos resulta dificil hablar las cosas… preferimos no andar recurriendo a la compasion de nadie. Al menos, creo que ese es el motivo.

– Puede ser dificil -dijo ?ora, sin hacerse una idea clara en realidad. Afortunadamente, ella nunca habia llegado a necesitar tanta compasion.

– Harald era muy celoso, por muy encantado que estuviera con su hermanita pequena. El habia sido mi favorito durante mas de tres anos y le resulto dificil hacerse a la idea de que habia un nuevo miembro en la familia. No lo tomamos muy en serio, suponiamos que se le pasaria -las lagrimas descendian ahora por las mejillas-. El la dano, la dejo caer al suelo. -Guardo silencio y se volvio otra vez a observar los pajaros.

– ?Dejo caer a la nina al suelo? -pregunto ?ora, intentando no mostrarse demasiado alarmada. Un violento escalofrio le recorrio la columna.

– La nina tenia cuatro meses, estaba durmiendo en el cochecito. Acababamos de volver de hacer compras. Fui a quitarme el abrigo y, cuando volvi, Harald tenia a la nina en brazos. En realidad, no exactamente en brazos. La sujetaba como si fuera un animalito de trapo. Con aquellos meneos, la nina se desperto y se puso a lloriquear. Harald la rino y la zarandeo. Corri hacia el, pero era demasiado tarde. Me miro y sonrio. Y la dejo caer. La nina se estrello contra las baldosas del suelo. -Las lagrimas corrian una tras otra, dejando tras de si surcos brillantes en el rostro de la mujer-. Jamas pude apartar aquella imagen de mi mente. Siempre que miraba a Harald veia su gesto cuando dejo caer a la nina. -La mujer callo, hizo acopio de fuerzas y continuo-. Se le fracturo el craneo, entro en coma en el hospital y tuvo secuelas cerebrales. Cuando salio del coma, ya no era la misma. Pobre angelito mio.

– ?Se produjeron sospechas de maltrato infantil? En este pais se habria abierto una investigacion.

El gesto de Amelia indico que pensaba que ?ora era un poco simple.

– Nosotros no tuvimos que aguantar nada por el estilo. Los medicos de la familia nos apoyaron, y otros que la atendieron mostraron tambien la mayor comprension. Harald fue enviado al psicologo, pero no sirvio de mucho. No mostro senal alguna de tener un conflicto psicologico. No era mas que un nino celoso que cometio un espantoso error.

?ora se permitio dudar de que aquella manera de proceder pudiera considerarse una forma normal de conducta de un nino, pero no dijo nada. A fin de cuentas, ?que sabia ella de esos temas?

– ?Harald lo sabia, o lo olvido con el paso del tiempo? -pregunto, en cambio.

– Sencillamente, lo ignoro. Hablabamos poco Harald y yo. Creo que probablemente lo sabia… por lo menos siempre se comporto maravillosamente bien con Amelia Maria hasta que ella encontro el reposo con la muerte. Mi sensacion fue siempre que el estaba intentando compensar lo que le habia hecho.

– ?Y su relacion con Harald estuvo marcada por eso todos estos anos?

– No se podia hablar de relacion. A mi me resultaba muy dificil mirarle, no digamos ya tener una verdadera relacion con el. Y lo mismo sucedia con su padre. A Harald le resultaba muy dificil al principio, no comprendia por que su madre no le queria tener cerca. Luego se acostumbro. -Habia dejado de llorar y la rigidez habia desaparecido de su semblante-. Naturalmente yo habria tenido que perdonarle… pero no pude. Quiza habria debido acudir al psicologo, y tal vez eso habria dado otro cariz a las cosas. Y Harald habria sido un hombre distinto al que fue.

– ?No era bueno? -pregunto ?ora, recordando lo que habia dicho de el su hermana-. Elisa parece recordarle como una buena persona.

– Siempre estaba buscando -dijo la mujer-, podriamos expresarlo asi. Siempre estuvo intentando ganarse el carino de su padre… que nunca logro. Enseguida la tomo contra mi. Afortunadamente para el, su abuelo se llevaba estupendamente con el. Pero al morir, fue cuando Harald empezo a ir realmente mal. Estaba estudiando en Berlin y enseguida empezo a tomar drogas y a juguetear con la muerte. Uno de sus amigos murio en una practica de aquellas. Por eso nos enteramos.

– ?Y no intentaron ustedes frenarle de algun modo? -?ora sabia de antemano la respuesta.

– No -respondio la mujer, laconica-. Despues de todo aquello le vino un enorme interes por todo lo relacionado con la magia, se lo contagio su abuelo. Cuando murio Amelia Maria, se enrolo en el ejercito. No hicimos nada para impedirlo. Aquella decision no tuvo consecuencias nada felices… no quiero hablar de ello, pero lo enviaron a casa al cabo de menos de un ano. Por entonces tenia ya dinero de sobra, que habia heredado de su abuelo, y no le veiamos mucho. Pero se puso en contacto con nosotros cuando decidio venir a este pais; llamo para comunicarnoslo.

?ora miro pensativa a la mujer.

– Si espera una justificacion, no soy yo quien puede darsela. Pero la compadezco. No se como habria reaccionado yo en su lugar… quiza exactamente de la misma forma. Aunque espero que no.

– Ojala hubiera sido yo capaz de edificar una nueva relacion con Harald. Ahora es demasiado tarde y tendre que cargar con ello.

A ?ora aquello le parecio frialdad, quiza el conjuro de venganza habia tenido su efecto a fin de cuentas.

– No me agrada en absoluto aumentar su desgracia, pero me veo obligada a indicarle que este asunto afecta a otras personas mas. Por ejemplo, hay un joven en la carcel, un estudiante de Medicina, que era amigo de Harald. No creo que vaya a recibir ningun premio por lo que hizo por el.

La mujer miro por la ventana.

– ?Que sera de el?

?ora se encogio de hombros.

– Con toda probabilidad, le juzgaran por no haber informado del hallazgo del cadaver y por la profanacion del cuerpo, y le condenaran a un tiempo de carcel. Seguramente no podra volver a la Facultad de Medicina. Imagino que salvara a sus otros amigos de que se les acuse de complicidad… aunque nunca se sabe. Sospecho, ademas, que Harald le menciona en su testamento. Eso sera una especie de compensacion, en cierto modo.

– En su opinion, ?demostro ser buen amigo de Harald? -pregunto la mujer mirandola.

– Si, creo que si. Por lo menos cumplio la palabra que le habia dado… por muy repugnante y absurdo que nos parezca lo que hizo. Harald no eligio a sus amigos guiandose precisamente por que fueran como la gente normal.

– Yo me ocupare de el -dijo la mujer quedamente-. Es lo menos que puedo hacer. Puede matricularse en Medicina en otro pais. No tendremos problema en garantizar que asi sea, incluso si tiene que ir a juicio por lo que hizo. -Estiro los dedos y luego cerro la mano como si le doliesen las articulaciones-. Me sentire mejor si puedo hacer algo. Calmara un poco este horrible sabor de boca.

– Matthew puede encargarse de ello, si me lo esta diciendo usted en serio. -?ora se dispuso a levantarse-.

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