Yrsa Sigur?ardottir
El Ultimo Ritual
© 2005, Yrsa Sigur?ardottir
Titulo original: ?ri?ja takni?
© 2006, de la traduccion Enrique Bernardez
Este libro esta dedicado a mi querido Oli.
Gracias especiales a Harald Schmitt,
que me presto su nombre…
y me dejo matarle.
Yrsa.
31 DE OCTUBRE
Introduccion
Tryggvi, el conserje, miro a su alrededor, alarmado. ?Que habia sido aquello? Por encima del murmullo de las limpiadoras oyo un sonido extrano. Al principio era muy bajo, pero se fue haciendo cada vez mas nitido. Siseo y las mujeres se pusieron a escuchar tambien. Se miraron unas a otras con los ojos muy abiertos, y dos de ellas se santiguaron. El conserje dejo la taza de cafe y se dirigio hacia el corredor.
Tryggvi estaba gozando de la soledad cuando llegaron las mujeres. Esperaba tranquilamente su cafe matutino, al lado de la cafetera. Las limpiadoras llegarian en cualquier momento. Llevaba mas de treinta anos como conserje del edificio de la Facultad de Historia, y en aquellos anos habia vivido transformaciones increibles.
Al principio, las mujeres eran todas islandesas y comprendian perfectamente lo que les decia. Ahora les tenia que indicar sus labores con gestos y ordenes sencillas. Eran todas inmigrantes, y si no fuese por los profesores y los estudiantes, habria creido estar en Bangkok o en Manila.
Cuando el cafe estuvo listo, Tryggvi se acerco a la ventana exterior del edificio con la taza humeante en la mano, echo un vistazo fuera y contemplo el campus universitario cubierto de nieve. Hacia un frio desacostumbrado y la humedad blanca resplandecia. El silencio era absoluto. Aquello le recordo la fiesta del nacimiento del Salvador, que estaba a la vuelta de la esquina, y sintio que el corazon se le llenaba de calor.
Siguio con la mirada un coche que entraba en el campus a bastante velocidad. Alla va Papa Noel, penso. Tryggvi observo al conductor salir del vehiculo, cerrar la portezuela y dirigirse hacia el edificio. Dejo caer la cortina y se aparto de la ventana.
Oyo el ruido que hacia el conductor al abrir la puerta del edificio. Catedraticos, adjuntos, asociados, ayudantes o lo que fuera, pero con aquella persona Tryggvi no queria tener trato alguno. Se llamaba Gunnar y estaba siempre complicandole el trabajo. Tryggvi no soportaba sus infulas y torcia el gesto cuando le tenia cerca. Para empezar, aquel catedratico de Historia habia acusado a las limpiadoras de robarle un viejo articulo, muy bien escrito, sobre los monjes irlandeses en Islandia. Al final, el articulo aparecio y el asunto se fue apagando.
Desde entonces, Tryggvi no solo le consideraba insoportable: le despreciaba. ?Para que iban a robarle unas limpiadoras asiaticas nada menos que un articulo sobre monjes irlandeses? Ni el mismo Tryggvi tenia el mas minimo interes por los escritos del catedratico. A sus ojos, aquello no habia sido sino una mezquina agresion a unas personas incapaces de defenderse por si solas.
A Tryggvi no le gusto nada que Gunnar fuera nombrado decano de la Facultad de Historia. El caso es que el nuevo decano enseguida se puso a discutir con el diversos cambios que consideraba imprescindibles. Entre otras cosas, queria que las limpiadoras no dijesen ni pio mientras trabajaban. Tryggvi intento sin exito convencer a aquel presuntuoso de que las charlas de las buenas mujeres no molestaban a nadie, pues mientras ellas estaban trabajando no habia ni un alma en el edificio. Excepcion hecha de Gunnar, naturalmente. ?Por que tenia que asomar el por alli cada manana antes de que empezaran incluso a circular los autobuses? ?Tanto tenia que hacer? No es que todo el mundo estuviera precisamente en ascuas a la espera de las ultimas noticias sobre los antiguos monjes.
Tryggvi no siguio las instrucciones de Gunnar, asi que no ordeno a las mujeres guardar silencio mientras trabajaban: no tenia ni idea de como comunicarles tal orden, y ademas no le apetecia hacerlo. Aunque en ocasiones le fastidiaba la complicacion que representaban sus lenguas, habia aprendido a valorar la alegria vital de aquellas mujeres, que trabajaban muy duro.
Aquella manana no era distinta de lo habitual. Las mujeres entraron juntas a la salita donde tomaban el cafe y le dieron los buenos dias a coro, con fuerte acento extranjero. Luego comenzo el intenso barullo habitual. Tryggvi no pudo evitar una sonrisa, como siempre. Las mujeres se despojaron de sus vistosos abrigos de colores, mientras el permanecia a cierta distancia, observandolas. Un dia de lo mas normal y corriente, que ahora parecia tomar un rumbo poco habitual.
Tryggvi se escurrio por entre el grupo de mujeres, en direccion al corredor. Sintio que el sonido se transformaba de gemido en alarido. Tryggvi no identificaba si provenia de un hombre o de una mujer, ni siquiera estaba seguro de que fuera humano. ?Podia ser que algun animal hubiera entrado en el edificio y se hubiera hecho dano? No tuvo tiempo de pensar aquella idea hasta el final, pues al chillido se anadieron unos crujidos, como de algo haciendose pedazos al caer. Tryggvi acelero el paso por el corredor. El ruido parecia proceder del piso superior, de modo que giro hacia la escalera y subio los escalones de dos en dos. Las mujeres corrieron tras el, habian empezado a gemir ellas tambien.
No cabia duda alguna de que el alarido procedia de los despachos del departamento de Historia. Tryggvi echo a correr y las mujeres le siguieron casi pisandole los talones. Abrio de un empellon la puerta a prueba de incendios que daba al pasillo de los despachos y se quedo inmovil como una estatua… las mujeres se detuvieron apelotonadas detras de el. Tryggvi miro fijamente al frente.
No fue la libreria caida en el suelo, ni el decano a cuatro patas encima del monton de libros desparramado por el pasillo lo que dejo a Tryggvi petrificado. A su lado yacia bien visible un cadaver medio metido en el cuarto de las impresoras. Tryggvi noto que se le revolvia el estomago. ?Que demonios eran aquellos trapos en los ojos? ?Habia una cosa dibujada en el pecho? Y la lengua… ?que le pasaba?
Las mujeres miraban por encima de los hombros de Tryggvi, que noto como le tiraban de la camisa. Intento soltarse sin exito. El decano de Historia extendia las manos pidiendo ayuda. El hombre parecia totalmente fuera de si por el terror y tenia una de sus manos sobre el corazon, con el rostro livido. Se derrumbo a un lado. Tryggvi sintio la tentacion de agarrar a las mujeres y salir corriendo. Dio una zancada hacia delante y las mujeres intentaron con mas afan todavia llevarselo de alli, pero el consiguio quitarselas de encima. Se aproximo a Gunnar, que parecia estar intentando decirle algo a Tryggvi.
Apenas podia comprender nada en los murmullos inconexos que surgian del hombre. Sin embargo, logro entender que el cadaver (tenia que ser un cadaver, una persona viva no tenia ese aspecto) se le habia venido encima a Gunnar al abrir la puerta del cuarto de impresoras. Los ojos de Tryggvi contemplaron sin querer aquel
