se presentaba alguna ocasion imprevista, como esta. El lapiz tenia el color adecuado y la llenaba de confianza en si misma. Estaba contenta de parecerse a su madre en vez de a su padre, al que una vez habian pedido que posara como doble de Winston Churchill. Desde luego, probablemente no se podia decir que fuera guapa o elegante, pero los pomulos altos y los ojos azules y almendrados hacian que siempre se la pudiese considerar atractiva. Ademas habia tenido la fortuna de heredar la complexion de la parte materna de la familia, de modo que siempre estaba mas bien delgada.
?ora le mando un saludo a su socio y Bragi le respondio con un «que te vaya muy bien». Le habia hablado de la conversacion con la senora Guntlieb y el posible encuentro con su hombre de confianza. A Bragi le habia parecido de lo mas emocionante, pensaba que el hecho de que un cliente extranjero se pusiera en contacto con ellos era senal evidente de que estaban en el camino adecuado. Incluso habia estado dandole vueltas a la posibilidad de anadir
El viento que soplaba en la calle acabo de despejarla. Hacia un frio poco habitual en noviembre, que anunciaba un invierno largo y duro. Claro que servia de compensacion para el verano increiblemente templado que habian dejado atras. ?ora estaba convencida de que el clima estaba cambiando, fuera a causa de variaciones climatologicas naturales o por el efecto invernadero. Por el bien de sus hijos, esperaba que se tratase de lo primero, pero en su fuero interno sabia que no era asi. Se protegio las mejillas con el cuello del jersey para no llegar a la reunion con las orejas congeladas. El Hotel Borg estaba demasiado cerca para que valiese la pena coger el coche del taller. Solo Dios sabia lo que pensaria el aleman si la viese con aquel cacharro. En ese caso, sus zapatos tendrian ya poco que decir, eso lo tenia bien claro.
No transcurrieron ni seis minutos desde que salio de la oficina hasta que atraveso la puerta giratoria del hotel.
?ora vio ante ella un elegante restaurante. Descubrio que junto a los grandes ventanales que daban hacia el Parlamento y Austurvollur habia ya poco que recordase a los anos en los que casi todos los sabados por la tarde se reunia en el Borg con sus amigos… todos felices y contentos. Por entonces no tenia preocupaciones, excepto, quiza, como le quedaba el trasero con la ropa que llevaba esa tarde. El «efecto invernadero» no habia captado aun su atencion, excepto como nombre de un grupo de rock.
El aleman parecia tener unos cuarenta anos. Estaba sentado pon las piernas cruzadas en uno de los sillones tapizados y los anchos hombros ocultaban el respaldo en un efecto bonito. Estaba empezando a encanecer, lo que le otorgaba una clara respetabilidad. parecia rigido y formal, vestido con un traje de chaqueta gris y una corbata que no encajaba del todo con el color. ?ora sonrio, esperando parecer simpatica e interesante, pero no tonta. El hombre se puso en pie.
– Frau Gu?mundsdottir -dijo con una pronunciacion dura y fria.
Se dieron la mano.
– Herr Reich -murmuro ?ora con la mejor pronunciacion alemana de la que era capaz-. Llameme ?ora simplemente -anadio-. Es mas facil de pronunciar y en Islandia todos nos tratamos por el nombre de pila.
– Sientese -dijo el hombre, sentandose a su vez-. Y llameme a mi Matthew.
Ella tomo asiento tambien con la espalda lo mas recta posible y se pregunto que pensarian los demas clientes de aquel duo tan envarado. Quiza que se estaba celebrando la reunion fundacional de una asociacion de personas con grapas metalicas en la columna.
– ?Puedo ofrecerle algo de beber? -le pregunto cortesmente el hombre en aleman. El camarero comprendio perfectamente lo que decia, porque se volvio hacia ?ora esperando su respuesta.
– Agua, por favor. Con gas. -Recordo de pronto lo aficionados que eran los alemanes al agua embotellada. Desde luego, su popularidad iba en aumento tambien en Islandia: diez anos atras a nadie en su sano juicio se le habria ocurrido pensar siquiera en pagar en un restaurante por un agua que corria permanentemente de los grifos. Por eso opto por el agua carbonatada.
– ?Hago bien en pensar que ya ha hablado del asunto con mis jefes, mas exactamente con Frau Guntlieb? - pregunto Matthew Reich cuando se hubo alejado el camarero.
– Si. Me dijo que usted me proporcionaria informacion mas detallada.
El asintio con la cabeza y se humedecio los labios con el liquido transparente de su vaso. Las burbujas indicaban que el tambien tenia agua con gas.
– He reunido la informacion y se la he puesto en una carpeta para que la pueda leer. Puede llevarsela y mirarla mas tarde, pero hay algunos pormenores que deseo repasar con usted ahora, si le viene bien.
– Faltaria mas -respondio ?ora inmediatamente. Antes de que tuviese ocasion de continuar, se apresuro a decir-: Bueno, lo cierto es que querria saber algo mas preciso sobre estas personas para las que voy a trabajar. A lo mejor para la investigacion carece de importancia, pero la posee para mi. Frau Guntlieb menciono una cantidad muy considerable como remuneracion. No tengo ningun interes en provocar mas problemas a la familia si carecen de medios suficientes.
– Tienen medios suficientes -dijo el con una media sonrisa-. Herr Guntlieb es banquero, el principal accionista del banco Anlagenbestand, en Baviera. El banco no es excesivamente grande, pero cuenta con fuertes ingresos y clientes con fortunas considerables. No se preocupe. La familia Guntlieb es muy, muy rica.
– Comprendo -respondio ?ora, pensando que eso explicaba que fuera una sirvienta quien atendia las llamadas en su casa.
– Por otro lado, la familia Guntlieb no ha tenido la misma suerte con sus hijos. Tuvieron cuatro, dos hijos y dos hijas. El hijo mayor perecio en un accidente de automovil hace unos diez anos y la hija mayor nacio totalmente invalida. Su enfermedad la llevo a la muerte hace unos anos. Y ahora su hijo Harald ha sido asesinado y la hija menor, Elisa, es la unica que queda. Todo esto ha sido una dura prueba para ellos, como podra imaginarse.
?ora asintio con la cabeza y pregunto con cierta vacilacion:
– ?Que hacia Harald en este pais? Yo pensaba que en Alemania habia suficientes universidades con buenos departamentos de Historia.
A juzgar por el rostro de Matthew, que el resto del tiempo no habia mostrado gesto alguno, aquella pregunta resultaba dificil de contestar.
– En realidad no lo se. Estaba interesado por el siglo XVII y me han dicho que realizaba ciertas investigaciones comparadas sobre Islandia y la Europa continental. Vino aqui con un programa de intercambio que existe entre la Universidad de Munich y la Universidad de Islandia.
– ?De que clase de investigacion comparada se trataba? ?Acaso sobre formas de gobierno o algo por el estilo?
– No, mas bien sobre algo en el terreno de la religion. -Bebio un sorbo de agua-. Quiza deberiamos pedir antes de continuar. -Le hizo una sena al camarero, que aparecio con dos cartas.
?ora tuvo la sensacion de que no debia de tratarse de un hambre repentina, que habia un motivo mas serio para aquellas prisas.
– Religion, dice usted -echo un vistazo a la carta-. ?Y que, exactamente?
El dejo sobre la mesa la carta abierta.
– No se habla de estos temas durante la comida, pero espero hacerlo enseguida. Aunque no estoy plenamente seguro de que el interes de Harald por ese tema tenga relacion con el crimen.
?ora fruncio las cejas.
– ?Era sobre la peste?-pregunto.
– No, nada de pestes. -La miro a los ojos al decirlo-: Brujeria. Torturas y ejecuciones. Nada especialmente atractivo. Desgraciadamente, Harald estaba muy interesado por esas cosas. Debe de ser cosa de familia.
?ora asintio.
– Comprendo -aunque en realidad no comprendia nada-. Quiza deberiamos olvidar el asunto hasta despues de la comida.
– En realidad no es necesario. Los pormenores mas importantes estan en la carpeta que podra usted llevarse. -Volvio a coger la carta-. Mas tarde le hare entrega tambien de unas cajas con objetos personales de Harald que devolvio la policia. Son cosas relacionadas con su tesis, y que podran proporcionarle una idea mas precisa. Tambien esperamos su ordenador y otros objetos que quiza podrian ofrecer algunas indicaciones.
Estudiaron las cartas en silencio.
– Pescado -dijo Matthew sin levantar la mirada-. Aqui comen mucho pescado.
