horrible despojo humano.

Dios mio santisimo.

Las franjas negras sobre los ojos no eran tiras de tela.

6 DE DICIEMBRE

Capitulo 1

?ora Gu?mundsdottir [1] saco a toda prisa un cheerio del bolsillo del pantalon y se arreglo un poco el pelo y la ropa antes de entrar en el bufete. No estaba tan mal. El esfuerzo mananero de llevar puntualmente al colegio a su hija de seis anos y a su hijo de dieciseis quedaba ya atras. Ahora la hija de ?ora se negaba a vestir de rosa, lo que no hubiera sido un grave inconveniente si no fuera porque toda su ropa era mas o menos de ese color. El hijo, en cambio, estaba encantado de ponerse la misma ropa rota y ajada durante todo el ano, a condicion de que en cada harapo quedara bien a la vista la marca del fabricante. Su gran hazana consistia en despertarle. ?ora suspiro al pensarlo. No era facil estar sola con dos hijos. Pero las cosas tampoco habian sido faciles mientras estaba casada. La diferencia era que entonces habia que anadir las peleas matrimoniales a la hora del desayuno. La sensacion de que aquel tiempo ya habia pasado la puso de mejor humor y una sonrisa se extendio por sus labios mientras abria la puerta.

– Buenos dias -dijo alegremente.

La secretaria no respondio al saludo, y se contento con una mueca. Ni siquiera aparto la mirada de la pantalla del ordenador ni dejo de manipular el raton. Siempre tan alegre, penso ?ora. En su interior maldecia algunas veces sus problemas con la secretaria. Sin lugar a dudas, le habia costado al bufete mas de un negocio. ?ora no podia recordar a nadie que no se hubiese quejado de la chica aquella. No solo era descortes, sino total y absolutamente repelente. Su caracteristica principal no era su obesidad, sino su total despreocupacion por su aspecto externo. Encima, solia estar siempre enfadada con alguien o por algo. Para empeorar las cosas aun mas, como por pura mala idea, los padres de la muchacha le habian puesto el nombre de Bella. Ojala se despidiese voluntariamente. Pero que va, y eso que parecia de todo menos feliz de trabajar para ellos. Claro que ?ora no era capaz de imaginar un trabajo que pudiera llegar a gustarle a aquella chica. No seria facil librarse de ella.

Cuando ?ora y su socio, Bragi, que ademas era mayor y con mas experiencia, juntaron sus fuerzas y abrieron el bufete, el casero les encasqueto habilmente, al establecer las condiciones de la renta, que emplearian a su hija como secretaria. Entonces no tenian forma de saber lo que les esperaba. La chica tenia magnificas recomendaciones de los inquilinos que les habian precedido en el local. Aunque ahora ?ora estaba convencida de que sus predecesores se habian mudado a Skolavoroustigur, mucho mas lejos del centro, solo por librarse de aquella peste de secretaria. Todavia debian de estar retorciendose de risa por las recomendaciones que habian regalado a ?ora y Bragi. ?ora estaba convencida incluso de que si llevaban el asunto a los tribunales podrian conseguir una sentencia favorable basandose en que la recomendacion habia sido, cuando menos, de sinceridad mas que dudosa. Pero con ello perderian la poca reputacion que habian conseguido crearse. ?Quien va a ir a un bufete de abogados que no se entera de la letra pequena de sus propios contratos? Pero incluso si conseguian quitarsela de encima, las buenas secretarias no abundaban precisamente.

– Llamo alguien -murmuro Bella pegada a la pantalla del ordenador.

?ora, que estaba colgando su jersey, miro extranada.

– ?Y? -pregunto, anadiendo con pocas esperanzas de respuesta-: ?Tienes alguna idea de quien podia ser?

– No. Hablaba aleman, creo. No le entendi ni una palabra.

– ?Crees que volvera a llamar?

– No lo se. Colgue sin mas.

– Pues si se diera el caso improbable de que esa persona volviese a llamar aunque le hayas colgado el telefono en las narices, ?te pareceria bien pasarmela a mi? Yo estudie en Alemania y se aleman.

– Pffua -rezongo Bella. Se encogio de hombros-. A lo mejor no era aleman. Tambien podia ser ruso. Y era una mujer. Me parece. O un hombre.

– Bella, sea quien sea el que llame, una mujer de Rusia o un hombre de Alemania, incluso un perro de Grecia que sepa idiomas, haz el favor de pasarmelo. ?Vale?

?ora no espero a la respuesta (no queria ninguna), sino que se marcho directamente a su silencioso despacho.

Se sento y encendio el ordenador. En la mesa no reinaba el desorden acostumbrado. El dia anterior habia dedicado una hora a ordenar los papeles que se le habian ido acumulando a lo largo del mes pasado. Tiro las cartas publicitarias y otras cosas parecidas enviadas por amigos y conocidos. Quedaron tres cartas: una de un cliente, otra de su amiga Laufey, que llevaba el titulo de A por el fin de semana y otra del banco. Maldita sea. Sin duda habia superado el limite de la tarjeta, y seguramente tambien el de los reintegros. Decidio no abrir el correo para conservar la tranquilidad.

Sono el telefono.

– Abogados Centro. ?ora.

– Guten Tag, Frau Gu?mundsdottir?

– Guten Tag. -?ora busco papel y lapiz. Aleman. Se recordo a si misma enseguida que siempre tenia que dirigirse a las senoras con Sie.

?ora cerro los ojos y confio en que le viniera a los labios el aleman que habia aprobado con tan buenas calificaciones cuando hizo el examen del master en Derecho en la Universidad de Berlin. Se esforzo cuanto pudo en la pronunciacion.

– ?En que puedo ayudarla?

– Me llamo Amelia Guntlieb. Me dio su nombre el profesor Anderheiss.

– Si, fue profesor mio en Berlin. -?ora confiaba haber utilizado la expresion adecuada. Noto que su pronunciacion habia perdido bastante. No habia muchas ocasiones de practicar el aleman en Islandia.

– Si -tras un penoso silencio, la mujer continuo-: Mi hijo ha sido asesinado. Mi esposo y yo necesitamos ayuda.

?ora intento pensar deprisa. ?Guntlieb? ?No se llamaba Guntlieb el estudiante aleman que habia aparecido muerto en la universidad?

– ?Hola? -La mujer parecia no estar segura de si ?ora seguia al aparato.

?ora se apresuro a responder.

– Si, perdone. Su hijo. ?Y eso sucedio aqui en Islandia?

– Si.

– Creo que se a que crimen se refiere usted, pero he de reconocer que solo se lo que he oido en los medios de comunicacion. ?Esta usted segura de que habla con la persona adecuada?

– Eso espero. No estamos satisfechos con la investigacion de la policia.

– ?No? -dijo ?ora extranada. Creia que la policia habia solucionado el caso brillantemente. El asesino habia sido capturado a las treinta y seis horas del horrible crimen-. Supongo que saben que la policia ha detenido a un hombre.

– Lo sabemos perfectamente. Pero no estamos convencidos de que sea el culpable.

– ?Por que no? -pregunto ?ora esceptica.

– Sencillamente, no estamos convencidos. Y no hay mas que decir -la mujer carraspeo-. Deseamos que se ocupe del caso alguien que no tenga ninguna relacion con el. Alguien que hable aleman. -Silencio-. Tiene que comprender lo dificil que nos resulta esto. -Nuevo silencio-. Harald era nuestro hijo.

?ora intento mostrar compasion bajando la voz y hablando mas despacio.

– Si, si, claro que lo entiendo. Yo tambien tengo un hijo. Me es imposible compartir plenamente el dolor de

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