Yo no diria que la desdicen, mas bien la complementan. Por alguna razon, Gal hizo a mi madre depositaria de ciertos textos a los que el conferia gran importancia. Estan aqui, en esta caja. En realidad, todo pertenece a la novela y, por lo tanto, a usted. En cuanto a mi, lo que mas deseo es desprenderme de todo esto y olvidarlo. Supongo que inicialmente fue un capricho, pero me alegro de haber ido a Fenners Point. Ahora que ha pasado todo, no se que balance hacer de la lectura de ese libro. Cuando vi el titulo me dio un vuelco el corazon. Samantha y yo forzamos la cerradura, extrajimos la novela y la empezamos a hojear juntas. No tarde mucho en toparme con el nombre de Nadia Orlov. Viendo que me ponia muy seria, Samantha se hizo a un lado, aunque no segui leyendo alli. Volvimos inmediatamente a Nueva York, sin hablar apenas, y nada mas llegar a casa, me encerre en mi habitacion. Fue todo muy extrano, real e irreal a la vez, como los suenos que tenia desde que murio Nadia. Cuando termine el libro, comprendi la magnitud de mi transgresion. Aparte de todo lo relacionado con mi madre, me habia inmiscuido de manera mayuscula en otras vidas. Al cabo de unos meses comprendi lo que tenia que hacer: devolverle la novela a Frank Otero, si es que estaba vivo, si es que el Oakland seguia existiendo despues de tantos anos. Y si encontraba a Otero, tal vez a traves de el, tambien podria llegar hasta usted. Y si daba con usted, podria deshacerme de los papeles de mi madre sin necesidad de destruirlos.
EPILOGO
Y alla donde se inventan
los suenos no hubo suficientes
para nosotros.
Anna Ajmatova
Hasta aqui la cosa fue bien, pero entonces se interrumpio para pedirme que le hablara de mi.
Me quede mirandola.
?De mi? De mi no hay nada que contar.
Por favor, insistio.
Tenia un brillo malicioso en la mirada que me desconcerto.
Mi historia es irrelevante. Yo, yo no tenia nada que ver en todo aquello. Las circunstancias me arrastraron a un mundo que no me correspondia…
Deje de anadir excusas porque me desorientaba ver sus grandes ojos verdes clavados en los mios. ?Que habia en aquella mirada? ?Por que me hacia sentir vertigo con solo estar expuesto a ella?
Con voz muy dulce dijo:
Estamos en la situacion contraria a cuando nos comunicabamos por e-mail. Ahora es usted quien lo sabe todo acerca de mi, mientras que yo no se practicamente nada de su historia.
?Que es lo que falta?
Me gustaria saber mas de usted, como hombre. Antes y despues de
Nunca nos volveremos a ver, por eso me atrevo a insistir.
El timbre de su voz, la manera que tenia de decir las cosas, su forma de sonreir, los gestos que hacia al escucharme, como se llevaba el indice a los labios antes de empezar a hablar despues de haber hecho una pausa, el lenguaje de su cuerpo durante la larga conversacion que habiamos mantenido, todo aquello me permitio asomarme de manera muy sutil a ciertos rasgos de su caracter. Pero, sobre todo, lo que anulo mi voluntad fue su forma de mirarme.
?Antes y despues de
Asintio, apartandose el pelo de la cara.
Si quieres que te diga la verdad, Gal, creo que habria podido hacer conmigo lo que le hubiera dado la gana. Cuando me quise dar cuenta, le estaba contando cosas que jamas os habia dicho ni a Frank ni a ti. ?Sabias tu que mi madre, Christina, era de Seattle, y mi padre, Albert, catalan? ?O que yo naci en Trieste? Pues esas eran las cosas que
Le hable de los habitos bohemios de mis padres, de sus viajes incesantes por todo el continente europeo, de lo erratico de mi educacion, de los anos que pase estudiando en Summerhill, con el chiflado de Neil, y luego en la universidad de Madrid, de cuando Lynd, la amiga de mi madre, me ayudo con el master de Columbia. Le hable de mis comienzos como periodista, primero haciendo practicas en el
Lastima que no hayamos dado con la tumba del bisabuelo de Ralph Bates, dijo sonriendo. Hubiera sido una linda manera de decir adios a todo esto.
Lo intente, pero la pista resulto ser falsa, conteste. Quien sabe. A lo mejor lo vuelvo a intentar antes de irme. Estar, esta aqui, de eso no hay duda.
Siguio un silencio largo. Alce la vista hacia el cielo azul de Cadiz. El sol caia a plomo, dando de lleno en las tumbas, en las paredes encaladas donde estaban los nichos, en los mausoleos. Cuando pose la mirada en ella, se levanto y dijo:
Le agradezco de veras que haya aceptado quedarse con los papeles de mi madre. Apartandose el pelo de la cara, me dio la mano y anadio:
Ha sido todo muy extrano, Nestor, pero me alegro de haberle conocido.
Aguardo a que anadiera algo, pero al ver que no lo hacia, se dio la vuelta y se alejo.
No sabria explicar bien lo que sentia. Crei que no me habia sucedido lo que me acababa de suceder, o que le habia sucedido a otro, o que lo habia sonado, o que me habia transformado en ti. O que me habia vuelto loco, porque nada de aquello tenia sentido, o tal vez tenia demasiado sentido. Fue como si me viera a mi mismo dentro de una pelicula que para explicar las cosas recurre a las imagenes de un sueno, una pelicula extrana, muy antigua, en blanco y negro. Reproduje nuestra conversacion por escrito con una precision extraordinaria para poder leertela. No me costo ningun trabajo hacerlo. Recordaba lo que habiamos dicho los dos con una lucidez que rayaba en lo doloroso. Lo extrano es que, aunque ya no la tenia delante, seguia teniendo presentes su rostro, su figura, los rasgos de la cara y, sobre todo, sus ojos. Me senti asediado por presagios que me arrastraban en las dos direcciones del tiempo.
Por fin, la sensacion que me oprimia adquirio una forma definida.
Con la mirada fija en los papeles que me habia dejado pronuncie su nombre en voz alta y lo repeti. Brooklyn, Brooklyn, dije. Senti una punzada en el costado, como si alguien me estuviera clavando un punal. Senti eso y senti sed, una sed atroz. Y de pronto entendi que me pasaba, me di cuenta de que era lo que sentia. Es el sentimiento mas primario y elemental que existe, la mas basica de las pasiones, lo que habia puesto en marcha la novela. Reconoci aquel sentimiento, o para ser mas exacto, lo recorde. Pero no podia ser. No podia ser que me estuviera pasando a mi. Era como si el tiempo hubiera encogido. Era… como si me hubiera enamorado de Nadia. Y cuando pense eso, cuando la idea cobro forma, cuando las palabras se alinearon en mi cabeza, senti alivio. No me habia enamorado de Nadia, porque la mujer que habia tenido delante de mi toda la manana no era ella.
Mientras todos aquellos pensamientos se arremolinaban en mi cabeza, yo tenia clavada la vista en su silueta. Brooklyn Gouvy avanzaba entre dos hileras de tumbas, cada vez mas lejos de mi. El sol espejeaba en las lapidas, en las flores, en las letras metalicas de los epitafios. Hacia mucho calor. La tierra
