comandante Regoyos? Se decia que una compania alemana habia quedado sitiada a veinte quilometros mas al sur, en un cenagal. ?Y que? ?No habian muerto en la guerra de Espana muchos alemanes que tenian tambien esposas, aunque ninguna se llamase Pilar?
– Alfonso… ?Quieres que recemos juntos el rosario?
– Me apunto… -dijo Cacerola.
Era una noche clara, fria, con muchas estrellas. Mateo, Estrada y Cacerola hicieron la senal de la cruz, mientras el Charlatan le recriminaba por enesima vez al cabo gallego que se hubiera puesto ropa de mujer entre la lana y la piel.
El rosario comenzo. Pero le fue imposible, a Mateo, 'pasearse a lo largo del pasillo' como, en el piso de la Rambla, lo hacia su suegro, Matias Alvear. La seccion se habia refugiado, excepto los centinelas, en una isba, sin apenas poder moverse: tanta era la promiscuidad. Calentandose las manos en un plato en el que ardia un poco de alcohol, cuya llama tenia un color violaceo que debia de parecerse mucho al que presentaba la piel de muchos ninos al nacer.
Mateo, al llegar a la letania, no dijo solamente… pro nobis. Por el contrario, cargo todo el acento precisamente sobre el ora… Si, que la Virgen, turris eburnea, domus aurea, foederis arca, rezara, y velara por el, y por Pilar, y por el diminuto Cesar, al que Mateo no sabia si Pilar ensenaria a amar o a odiar a su temerario padre, aquel falangista que una manana, en la plaza de San Agustin, de Gerona, se alisto bonitamente porque oyo gritar: '?Rusia es culpable!'. Y porque creyo que era su deber.
Rusia culpable… ?Y aquellos dociles prisioneros, pues? ?Y aquellas muchachas de admirable pudor, sensibles a una mirada de afecto, a un poco de miel y a unos caramelos? ?Y aquellos viejecitos, con sus iconos, que de pronto gritaban: '?Christus, Christus!'?
No, Rusia no era culpable. Los culpables eran la injusticia de los zares; el odio de los bolcheviques; los judios poderosos de que les habia hablado, a el y a Ignacio, el profesor Civil; y los partidos politicos; y Cosme Vila; y aquellos milicianos que mataron a Cesar, al Cesar seminarista, hermano de Pilar, cuyo recuerdo le servia siempre a Mateo de estimulo y de consuelo.
Rusia, la nacion rusa, las multiples razas rusas, el pueblo ruso que cuando se llamaba a la puerta decia da, da…, no era culpable de nada. Estaba acostumbrado a sufrir y a humillarse. Llevaba siglos siendo esclavo; y este sentimiento hizo posible el triunfo del comunismo en sus lagos y en sus tierras; el triunfo de Lenin, el hombre de la perilla ironica, aficionado al ajedrez y a los gatos.
El rosario termino. Se hizo un silencio en el interior de la isba. El Charlatan se habia dormido y Alfonso Estrada salio a orinar.
– ?Jugamos una partida, Cacerola?
– Si no es una orden, no…
– ?Por que? ?Que te pasa?
– Querria escribir una carta…
– ?A Gracia Andujar?
– No, a Hilda, la alemana…
Mateo saco su panuelo azul… ?y su mechero de yesca! Y encendio un pitillo marca Juno. Y dijo:
– Me has dado una idea. Yo voy a escribir tambien…
– Dale recuerdos.
– ?A quien?
– A Pilar.
– ?No! Te equivocas. Voy a escribir a mi hijo…
– ?Como? Estas chiflado…
– Que te crees tu eso. ?Es un fenomeno! Sabe ya leer…
CAPITULO LXVI
Las Ferias y Fiestas de Gerona se celebraron este ano normalmente, porque no hubo inundacion. Los autos de choque tuvieron un gran exito, como si la gente joven, aupada por los partes de guerra, gozara embistiendose de mentirijillas. Las tombolas se vieron muy concurridas, especialmente las que decian: 'Siempre toca'. El circo hizo las delicias de los pequenuelos. Sus temas eran eternos aunque los payasos se lamentaban de no poder inventar juegos de palabras que rozaran la politica. Echose de menos la presencia de Paz Alvear en la barraca de Perfumeria Diana. '?Jabon para todo el mundo! ?Jabon Diana, para los cutis mas finos!'. Tal vez la nota mas descollante la constituyera el faquir Campoy, aquel que anos atras se hacia enterrar en la Dehesa por unas horas y volvia luego a resucitar. En esa Feria de 1941 el mago Campoy se paseo descalzo, limpiamente, sobre brasas encendidas. Un endomingado campesino, que habia bajado de la comarca de Breda en busca de emociones fuertes, llego a la conclusion de que alli habia truco. Y para demostrarselo a sus companeros, tambien endomingados, se agacho y toco las brasas y se quemo la mano. El mago Campoy, entonces, en ademan elegante, con la izquierda se quito la chistera y con la diestra le indico el camino del Dispensario.
Luego llego el mes de noviembre. Las especies minerales se violentaron; las vegetales empezaron a morir, como si dispararan contra ellas innumerables batallones de 'organillos de Stalin'.
Por supuesto, aquel noviembre se caracterizo por lo contrario de la monotonia. En algun lugar de la ciudad habia Alguien, no se sabia quien, que parecia dispuesto a amenizar la existencia. Podia ser Rufina, la medio bruja de los traperos. Podia ser algun gigante mitologico escondido en las Pedreras. Podia ser la propia existencia, que se resistia a ser tachada de vulgar, de falta de imaginacion.
Como fuere, se sucedieron las sorpresas. Sorpresas minusculas, como el hijo de Pilar y Mateo. Sorpresas regulares, de tamano normal, como la mayor parte de las amigdalas que extirpaban los otorrinos poco escrupulosos. Sorpresas mayusculas, que la gente comparaba con la Catedral. 'Una sorpresa como una Catedral', decian el senor Grote o el maestro Torrus, del Grupo Escolar, o el anestesista Carreras, o Leopoldo, el ladino secretario de los hermanos Costa.
Sorpresa minuscula: no hacia frio. Los abrigos y las bufandas continuaban llevandolos los maniquies de los escaparates; e incluso el aprensivo Marcos se permitia dosificar sin temor la racion de pastillas Andreu que habia previsto para su garganta. Seguia luciendo el sol. Un sol templado que rejuvenecia a los ancianos que se paseaban por la via del tren. No faltaba quien suponia que tambien alli habia truco, que aquello era insolito y que, por tanto, en el momento mas impensado, la naturaleza se vengaria, tal vez con una nevada que convertiria a Gerona en una parodia del 'sector septentrional' de Rusia. Pero mientras tanto, mientras eso no llegara, aquello era vivir.
Otra sorpresa minuscula fue el comienzo del idilio entre Gracia Andujar y el ex alferez Montero, nombrado director de la Biblioteca Municipal. A nadie podia extranar que comenzara otro amor. El amor era algo eterno como los numeros del Circo o como la elegancia de algunas aves. El amor se escondia durante miles de anos para, en un segundo predeterminado, tocar sincronizadamente a dos personas. Esas dos personas podian muy bien ser la hija de un psiquiatra catolico, enamorado del canto gregoriano, y un muchacho como Montero, hambriento de vida, despues de tanto rematar con su pistola a los condenados a muerte por el Tribunal Militar. Asi que hubo los comentarios de rigor, especialmente por parte de las mujeres: Maria del Mar, Esther, la guapetona Adela… Pero nadie se escandalizo por la noticia. Unicamente la madre de la muchacha, la insignificante esposa del doctor Andujar, al advertir que su hija inventaba mil excusas para ir a la Biblioteca Municipal, le dijo: '?No crees que eres demasiado joven, hija mia?'. ?Solemne estupidez! Precisamente 'La Voz de Alerta', en una de sus esplendidas 'Ventanas al mundo', habia hablado pocos dias antes de ciertas razas de Oceania en las que las muchachas eran madres a los catorce y a los quince anos. Asi que Montero podia estar tranquilo. Gracia Andujar tenia edad suficiente para empezar a amarlo, anadiendo de rebote otro leno a la soledad de Marta.
Otra sorpresa minuscula: se produjo el previsto relevo del Delegado Provincial de Sindicatos. El indolente camarada Arjona, casado y con tres hijos, cedio el puesto al activo camarada Jesus Revilla, casado y tambien con tres hijos. Al camarada Arjona se le agradecieron, de palabra y por escrito, los servicios prestados y partio para Madrid, 'donde tenia amigos que le explicarian el porque de aquella humillacion y le echarian una mano'. El camarada Jesus Revilla, de oficio profesor mercantil y pedanton de caracter, con treinta y seis anos sobre la camisa azul, que en la guerra habia perdido un ojo pero se habia ganado la amistad de varios consejeros
