– ?Nada mas?
– Dejeme acabar… Tanto gusto que algunos se me quedan dormidos por cuatro o cinco horas… o mas, y tengo que quitarmelos de en medio como sea, porque hubo dias que junte tres tios dormidos bajo la cama, o en el armariete que usted ha visto, que ya me preparan en todos sitios. Y, claro, con razon las duenas o las encargadas se cabrean mucho… En fin, «los dormidos», que segun se, usted ya ha visto varios…
– ?Y se te quedan dormidos nada mas acabar el acto?
– No
– ?Y dices que no es porque les hagas algo especial?
– Les hago lo que a todos poco mas o menos… No, no es cuestion de caricia alta o baja, larga o corta, es cuestion de como les pille el cuerpo o pillen el mio, que tambien pudiera ser… Que clientes tengo a pares que, haciendome o haciendoles lo mismo, unas veces duermen cinco minutos y otros toda una siesta.
– ?Quienes se duermen mas, los jovenes o los mayores?
– Ya jovenes vienen pocos a estos sitios. Casi siempre madurones y viejos ansiosos… Aunque yo no se nada de medicina, no se si consistira algo en la edad de la vejiga, de los chilindrines o de los capullos a punto de jubilacion… Por eso, jefe, cuando se despiertan por ahi, todos se callan, porque son casados, padres y hasta abuelos. Y nadie, por gilitortas que sea, va a contar por ahi que se ha dormido encima del vientre de una…, si es que lo ha hecho al estilo cartagines. Y que lo han tenido que dejar dormido en una era.
– Otra pregunta antes de seguir: ?y por que luego dejas a los dormidos en sitios tan llamativos?
– Eso, si es de noche, para que los encuentren en seguida y no se mueran al sereno de frio o atropellados por algun auto… Anoche, sin ir mas lejos, nos enteramos que en la iglesia habia un cura de cuerpo presente, pues dejandolo alli seguro que encontraban al pobre
– Otra pregunta.
– Venga, jefe.
– ?Y luego por que los peinas con bandolina?
– Sabia que me lo iba a preguntar usted -y empezo a reir culeando con mucho campaneo sobre el sofa, hasta el punto que
– ?Y por que con bandolina precisamente?
– Pues ?que quiere que le diga? Porque le tengo aficion. Mi madre y mi abuela siempre se la echaron y me parece que no puede haber peinado perfecto sin bandolina… Yo misma, aunque muy poquita, esa es la verdad, por no parecer carroza, siempre me echo unas gotillas, como le he dicho.
– ?Solo en el pelo de la cabeza? -pregunto el guardia con astucia de palpito.
– Claro. ?Donde quiere usted que me la eche tambien?, ?en las barbas del horcate, como dicen aqui en su pueblo?
– Pensaba -dijo Manuel un poco corrido- si podria ser la bandolina echada en cualquier parte la causante del sueno?
– Que imaginacion, Manuel. Con razon dicen que es usted el mas listo de la provincia. Mis machos -dijo ahora con orgullo- no se duermen por lamer, oler o tentar bandolina. Se duermen por el calambre real o fabricado de este cuerpo que Dios me dio.
Y se pego una manotada en la nalga lateral derecha, la que miraba al guardia, a la vez que le echo unos ojos aguanosos y tan brillantisimos, que eran mas pinzadores que sus nalgas de cielo.
Plinio, por fin, sacudiendo la cabeza, se deshizo de la mirada y del objetivo nalga y, como cabreado consigo mismo, de un tiron se saco el paquete de «caldos», relio y prendio el cigarro.
– ?Que hora es ya? -dijo mirandose al reloj- Mas de las ocho. ?Donde esta el telefono en este hotel de tantas estrellas?
– Ahi a la vuelta del pasillo, a la derecha. ?Alguna urgencia?
– Si, algo del servicio.
– ?No ira usted a detenerme por dormir a casados honrados?
Plinio, riendose, fue hacia el telefono al tiempo que le decia:
– Lo tuyo no es delito. Es gusto. Y esto todavia no se castiga.
Plinio llamo a don Lotario, que tardo muy poco en ponerse al telefono y le pidio por favor que viniese por el. Que tenia muchas cosas que contarle y ademas se encontraba en un gracioso peligro.
Cuando volvio al tresillo, la Reme, ya de pie y mirandose a un espejo de mano, se coloreaba la cara y meneaba el cuerpo al son de una cancioncilla.
– Yo me voy para Sevilla, Manuel, a dormir andaluces. Si quiere usted lo llevo hacia el centro.
– Muchas gracias. Marchate si quieres, si has ajustado las cuentas con el ama, que yo espero a alguien para otra cosa.
– Nada de ajuste. Todas las cuentas estan en orden. Aqui no hay fallo, senor que pasa, salario al bolsillo… Me ha sido usted siempre muy simpatico, por lo poco que le he visto y lo mucho que he oido decir de usted. Dejeme que me despida con un abrazo -dijo casi abalanzandose a
A
Cuando sono el timbrazo energico y sostenido de la puerta y abrio los ojos, le costo unos segundos darse cuenta que estaba tumbado sobre el sofa del tresillo, y la
Reacciono rapido. Se puso bien derecho. Se miro si habian desabrochado y se palpo el pelo rapido por si tenia bandolina debajo de la gorra… Pero no, estaban bien secos los aladares y no digamos la calva.
– Aqui tiene usted a su amigo don Lotario -dijo la Mora al entrar junto a don Lotario mal disimulando la risa.
– A tus ordenes, Manuel, ?pasa algo?
– No, que hiciese usted el favor de venir a por mi como le dije. No me encuentro con ganas de ir a pie hasta la plaza. Y al tiempo le cuento completa la historia de los dormidos.
– Que ahora ya la sabe como nadie… porque la Reme se la ha contado toda.
– Es verdad. ?Se marcho ya a su Sevilla?
– Si, hace lo menos una hora.
– ?Una hora?…
– Como lo oye.
– Muy bien,
